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Hondureños indignados porque la policía de New York asesinó a compatriota

Agencia EFE. Desde New York. | 21 de Mayo de 2007 a las 00:00
La comunidad hondureña de Nueva York exigió este lunes indignada, mediante numerosas llamadas al consulado de su país, que se investigue la muerte de un compatriota el pasado viernes, tras recibir disparos de un policía fuera de servicio. Los inmigrantes hondureños que viven en Nueva York han hecho llegar sus peticiones de "justicia" a lo largo de todo el día al cónsul general de Honduras en la ciudad, Javier Hernández, quien aseguró su voluntad de que "el caso no pase desapercibido", señaló a Efe. Fermín Arzu, inmigrante hondureño residente en el condado del Bronx de Nueva York, murió el viernes después de que el agente de policía Raphael Lora, quien se encontraba fuera de servicio, tiroteó la furgoneta que conducía y lo hirió mortalmente en el corazón. "La comunidad está llamando al consulado porque el policía está suelto, sólo fue desarmado y está en la calle", aseguró a Efe Hernández, quien cuestionó por qué no se han presentado cargos contra el oficial, que ha sido destinado a tareas administrativas mientras se aclara el incidente. Hernández afirmó que el consulado ha tratado de averiguar lo ocurrido mediante la recopilación de las versiones de los testigos que presenciaron la muerte de Arzu, y según la información obtenida se trata de "una versión contraria a lo que dice el policía". Según la policía de Nueva York, el agente, que se encontraba fuera de servicio, intentó detener a Arzu al observar que éste se disponía a huir tras tener un accidente de tráfico. Lora, quien según la policía se identificó antes de intentar detener a Arzu, disparó en cinco ocasiones contra el vehículo que conducía el hondureño, que se hallaba desarmado. Según el cónsul, los testigos han asegurado que "el policía bajó de su casa con el arma en la mano, que nunca se identificó y que disparó a Arzú poco después de que su vehículo rozó a otro estacionado en la calle". "Sus derechos civiles han sido violados", dijo indignado Hernández, quien recordó que, por reglamento, un policía sólo debe disparar cuando su vida se ve amenazada. Antes de morir, Arzu, empleado de mantenimiento de varios edificios de la ciudad, acababa de recoger del hospital a su novia, enferma de cáncer, a quien le habían realizado una mastectomía. Según explicó la mujer, Thomasa Sabio, el hondureño decidió salir a la calle para despejarse después de haberla acomodado en el apartamento que ambos compartían. Desde el pasado fin de semana en el lugar donde murió Arzu se amontonan flores y velas que han depositado los numerosos vecinos del difunto del barrio de Longwood, donde residen muchos hondureños. El caso de Arzu, de raza negra, hizo recordar el reciente caso de Sean Bell, un afroamericano desarmado que falleció en noviembre pasado después de que la policía disparó en 46 ocasiones contra el automóvil que ocupaba. La muerte de Bell, que ocurrió pocas horas antes de que celebrara su boda, y las heridas de bala que sufrieron sus acompañantes, despertaron entonces numerosas protestas y críticas de abuso contra el Departamento de Policía de Nueva York, y de forma especial en las comunidades minoritarias. En aquella ocasión el reverendo neoyorquino Al Sharpton, comprometido con la causa afroamericana, saltó a la palestra para denunciar los abusos policiales. En esta ocasión, la familia de Arzu también ha recibido el apoyo del reverendo, cuyo asistente, Kirstein Foy, anunció que prestarán apoyo legal, económico y espiritual a los familiares.

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