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Desaparece de Colorado comunidad de hispanos

LaVoz.com. Desde Vollmar, Colorado. | 22 de Mayo de 2007 a las 00:00
Leonard Vargas recuerda un período muy especial de la época en que su familia pasó en Vollmar, una pequeña población de Colorado cerca del río South Platte, al este de Firestone, que casi desapareció en el último medio siglo. "Era el año 1934. Me acuerdo muy bien de la fecha. Fue cuando él falleció", dijo Vargas, sentado en su vivienda de Brighton. Vargas, que nació en 1940, mostró una vieja foto de su abuelo Félix Vargas que yacía en un ataúd, rodeado de su familia. Leo Vargas, el padre de Leonard Vargas, entonces de 16 años, es una de las pocas personas en la fotografía que mira directamente a la cámara. De alguna manera, la familia se las arregló para ahorrar dinero suficiente y adquirir una granja de 33 hectáreas (80 acres) en Vollmar a fines de la década del treinta, algo poco frecuente en esa época cuando la mayoría de los hispanos eran jornaleros, no dueños de granjas, dijo Leonard Vargas. Los Vargas figuraron entre un puñado de familias hispanas que en una época dieron aliento a una vibrante comunidad en Vollmar: los Gonzáles, los Bueno, los Chávez, los García y los Trujillo, para mencionar a algunos pocos. Pero apenas escasos descendientes de esas familias continúan en el lugar, que en determinado momento estuvo a punto de convertirse en una población establecida, con sus autoridades municipales, su policía y sus jueces. En su apogeo, Vollmar contaba con docenas de viviendas, una iglesia católica muy activa, campos de juego, un pabellón de danza y la escuela. La iglesia, en una época centro de la comunidad hispánica de la zona, se halla en ruinas, aunque los bancos y un altar siguen intactos. El cementerio de Vollmar se halla en una colina desde la que se domina la población, y tiene 50 ó 60 tumbas. Todas las lápidas muestran nombres hispanos. El cementerio ha sido también abandonado, aunque los residentes dicen que en ocasiones observan flores frescas en algunas tumbas. La escuela de Vollmar es ahora una residencia privada. En 1923, la existencia de la escuela atrajo a Félix y a Fortunata Vargas y a sus dos hijos desde Mead a Vollmar, donde otros hispanos habían encontrado un sitio para trabajar y vivir. La familia rentó una vivienda cerca de la escuela de Vollmar. "Ellos querían una escuela a la cual los niños pudieran llegar caminando", dijo Leonard Vargas. Félix también logró mantener un buen trabajo en una granja de Mead, donde trabajaba durante toda la semana, regresando al hogar los fines de semana. Once años más tarde murió a raíz de una enfermedad desconocida y dejó cuatro hijos –Leo, Rosie, Longina y Lucio– a cargo de Fortunata Vargas, una mujer de gran carácter. "Ella era la matriarca de la familia", dijo Félix Rojas, de 55 años, otro nieto de Fortunata e hijo de Longina. Su hijo mayor, Leo, fue a trabajar al campo, y posteriormente en la industria de la construcción para ayudar a mantener a la familia. Fortunata Vargas también adoptó cuatro bebés en Vollmar, y los crió como si hubieran sido sus propios vástagos. Todos trabajaban en la granja, que incluía un campo de remolachas, pepinos y maíz, y un jardín de vegetales. "Nos llevaba de la mañana hasta la noche concluir con nuestras tareas", recordó Rojas. Rojas, ahora residente de Loveland, también es dueño de parte de la granja familiar, incluida la vivienda de su abuela, que es tal vez la ruina más prominente de Vollmar. Su hogar también sirvió en una breve época como oficina de correos y almacén de ramos generales, dijo. "Hay muchos recuerdos aquí. Hubo buenas épocas, y también épocas muy malas", dijo Rojas. "Mi abuela, mi papá y mi mamá vivieron aquí y aquí murieron". Cuando Leonard Vargas se graduó de la escuela secundaria en 1957, tuvo que buscar trabajo y eventualmente debió mudarse y pasó a cortar carne en un frigorífico de Denver. Todavía añora el estilo de vida rural. "Mi niñez fue muy diferente", dijo Leonard Vargas. "Veo a mis nietos y creo que están perdiendo algo. Están sentados frente a computadoras y no salen a jugar. Ignoran lo que es la aventura". "Vollmar está muriendo", agregó. Cuando sus últimos residentes hispanos fallezcan, "todo habrá terminado".

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