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Los emigrantes pasan una odisea por sus hijos

Diario El Comercio, de Quito, Ecuador. | 28 de Mayo de 2007 a las 00:00
Acariciando sueños y ahorrando cada centavo. En eso se resume la vida de muchos padres ecuatorianos, inmigrantes que aspiran traer a sus hijos a EEUU a como dé lugar. ¿Cuántos están en camino? ¿cuántos ya han llegado? ¿cuántos están detenidos en la frontera, en Costa Rica, Guatemala o México? Nadie tiene respuesta a esas preguntas, porque es un drama sin rostro que se vive en silencio.

Por Olga Imbaquingo, corresponsal en Nueva York.

La crisis financiera del año 2000 en Ecuador obligó a muchos emigrantes a replantearse su estancia en EEUU Muchos con sus ahorros perdidos por la caída de los bancos encontraron que lo mejor era sentar raíces en este país y desechar la idea de volver. Dos ideas pusieron en mente: comprarse una casa en EEUU y traer a sus hijos. Pero traerlos por la vía legal, es decir con pasaporte auténtico y sin la intervención de un coyotero, significa una espera que puede prolongarse varios años, hasta que uno de los padres logre la residencia y en otros casos la ciudadanía. En este tiempo la impaciencia y desesperación han dado más negocio a los coyoteros que, vía Lima, Panamá o Costa Rica, intentan filtrar niños con distinto nombre y apellido. El año pasado se emitieron 420 salvoconductos desde el Consulado ecuatoriano en Houston, pero cifras exactas no existen, dice la cónsul Verónica Peña. "El número de deportaciones ha aumentado por los controles más rigurosos en la frontera entre México, Texas, Nuevo México y Oklahoma, donde están los centros de concentración de inmigrantes listos para ser deportados". La experiencia y los muchos casos que ella debe atender hacen afirmar a Peña que la inmensa mayoría de los que son deportados o intentan llegar son adultos. De cada 10, uno es menor de edad, asegura. "Recién tuve un caso en Laredo. Los padres se quedaron con los brazos abiertos, el niño tuvo que volver al Ecuador", dice José Elías Rodríguez, quien cuando representaba legalmente a la Defensoría del Pueblo era el que daba la cara para reclamar a los menores de edad y regresarlos a Ecuador. Los padres nunca se acercaban a reclamar a sus hijos por temor a ser detenidos y deportados. Hubo momentos en el 2004 que se reportaban ocho o 10 casos mensuales de niños detenidos en cualquier punto de la larga frontera entre México y Estados Unidos o en los aeropuertos. Incluso en febrero de ese año, 25 niños estaban detenidos en centros de la frontera y en países como Costa Rica. ¿Y ahora?, hubo ocho en México, que ya regresaron a Ecuador. La Defensoría del Pueblo ha devuelto unos 60 niños desde el 2004, dice Freddy Sánchez, representante de esa organización en Nueva York. Los que están detenidos correrán la misma suerte que Álex y Óscar R., Julio P., Jennifer L., Diana B. o Henry A., quienes nunca lograron reencontrarse con sus padres en Estados Unidos. Por ese sueño sus padres pagaron entre 13 000 y 15 000 dólares por cada uno, pero todo se convirtió en una pesadilla de la que les gustaría despertar. La historia de Juan Carlos O. fue peor. Logró cruzar la frontera. Su padre y su hermana Alexandra lo esperaban con ansias en Danbury. Un auto lo mató en una carretera de Laredo. Él volvió a Ecuador, pero en un ataúd. Algunos, no se sabe cuántos, sí han logrado entrar con sus padres con visa de turistas. Ese fue el caso de Andrés, Camila y José (de 13, 10 y 5 años, respectivamente), ellos viajaron a EEUU junto a sus padres en el 2003. Al principio la idea de ir a otro país les emocionó, pero las cosas cambiaron cuando tenían que quedarse solos en su casa, mientras sus papás trabajaban. Andrés, que en ese entonces tenía 9 años, cuenta que se quedaba a cargo del cuarto donde vivían los cinco. Él cuidaba a sus hermanos y cada vez que alguien golpeaba la puerta, los escondía en unas tinas con tapas dentro del armario. "Si la Policía nos encontraba y veía que estábamos solos, nos separaban de mis papis y no les volvíamos a ver, eso nos dijo la tía con la que vivíamos al principio". Estos pequeños vivieron cerca de 3 años allí, fueron los mejores alumnos de sus clases, aprendieron el idioma, pero nunca se adaptaron. "No quiero regresar allá ni loca, yo me llevaba bien con mis compañeros y todo, pero acá no tengo miedo de salir", dice Camila, quien hasta ahora recuerda cuando sus amigos les contaban que llegaron a Estados Unidos gracias a coyoteros o atravesando el desierto y "muertos de la sed". Su experiencia no fue mala, pero tampoco fue la mejor. Por eso los pequeños, quienes regresaron a Ecuador hace más de 2 años junto a sus padres, dicen: "Queremos que nos entierren aquí". Incluso, José demostró a sus padres que no quiere volver a salir del país. Cuando viajaron a Atacames, cerca de un año después de su regreso, él "salió corriendo como cuando los perritos pasan encerrados", según su hermano Andrés. José, que ya tenía tres años, empezó a revolcarse en la arena mientras gritaba "soy libre, soy libre, qué hermoso es mi país".

La tenencia de un menor se disputa en Chicago

Cuando los padres no pueden traerlos, al menos que un hijo se salve temporalmente de la pobreza es bastante. A. S., de 9 años, salió de Ecuador en el 2005 con la promesa de venir por un tiempo a estudiar inglés y tener una mejor educación. Maira Díaz, nacida en Cuenca, supuestamente se ofreció a ayudar a la familia en esta misión que soñaba prometedora. A. S. llegó a Chicago en octubre de ese año. Hasta noviembre la comunicación telefónica con su familia fluía sin muchos contratiempos. En diciembre, la comunicación se cortó completamente entre los padres y el niño, bajo el argumento de que el pequeño se distraía mucho en las clases. Ellos le habían otorgado a Díaz un poder temporal para que lo inscriba en una escuela. Ella en Chicago, al parecer, logró obtener un estatus de guardianía judicial sobre el menor. Y sus padres denunciaron el caso en la Defensoría del Pueblo en Quito. En principio hubo un acuerdo para la devolución del menor: que los padres le paguen a Díaz 2 000 dólares. Ella aducía, según el representante de la Defensoría en Estados Unidos, Freddy Sánchez, que esos son los gastos que le había significado ponerlo en la escuela, pero los padres no tenían ese dinero. Pero Díaz habría cambiado de idea, el caso se complicó y entró a juicio bajo las leyes de la Corte de la Haya. Los padres consiguieron visas humanitarias y están en Chicago desde el 23 de marzo peleando la devolución del niño. La juez concedió que los padres del menor acudan tres días a la semana a retirar al niño de la escuela y permanezcan con ellos hasta la noche, pasado esa hora lo deben entregar en la casa de Díaz. Para las dos partes se destinaron abogados gratuitos. El juicio quizá demore un mes más.

Los niños llegan a España por la vía de la reagrupación

Por Gabriela Paz y Miño, corresponsal en España.

La inmigración infantil desde Ecuador a España ya no es un fenómeno masivo. La mayor parte de niños y niñas ecuatorianos que llega ahora a este país, lo hace por la vía de la reagrupación familiar, pero ahora en menores cantidades que en los últimos cinco años. Entre el 2004 y el 2006, 37 033 ecuatorianos (entre adultos y menores) se han reagrupado con sus familiares en este país. Pero ese tipo de emigración es bastante exigente. Para traer a un niño, sus progenitores deben tener sus papeles en regla y demostrar, además, que cuentan con las condiciones económicas suficientes para dar al menor una buena calidad de vida. "Deben demostrar, por ejemplo, que el niño tendrá su propia habitación y que en la vivienda no viven personas ajenas al núcleo familiar", dice Mónica Manrique, abogada de la Asociación Rumiñahui. Si uno de los progenitores está en Ecuador, el que está en España necesita una autorización legal y expresa. "Desde el 2005, cuando se dio el último proceso de regularización extraordinaria, han aumentado mucho las solicitudes para reagrupación de menores. No podría dar una cifra, pero casi todos los casos son así. Además, en Ecuador ya no se conceden casi visas de turismo, por lo cual ya no hay gente que venga por esa vía", asegura Manrique. José Manuel Laureiro, director de la Escuela Antonio Moreno Rosales, ubicada en Lavapiés, un barrio de inmigrantes, confirma que el número de niños ecuatorianos que llega a España ha disminuido, aunque tampoco se atreve a dar cifras de la población. Allí, casi el 90 por ciento de alumnos es inmigrante (un reflejo de la composición del barrio) y el 60 por ciento ha venido de Ecuador. En el patio, durante los juegos del recreo, y en las aulas, se nota su presencia: niños de Quito, Guayaquil, Otavalo… corretean por los patios o entran a los salones. La mayor parte ha llegado en los últimos cinco años. "La mayoría de chicos fueron traídos por sus madres, que emigraron primero. Después de trabajar y establecerse, los mandaron a traer". Andrés, un pequeño guayaquileño de 12 años, es uno de ellos. Lleva cinco años en España y dice ya sentirse adaptado. "Al principio era como un búho", bromea. "Me dormía de día y tenía los ojos abiertos en la noche. Ahora ya no", dice, aunque confiesa que todavía extraña "el encebollado, los patacones y algunos amigos". Él, como otros niños, ha tenido problemas en algunas materias. "Las restas son bien diferentes". Según Laureiro, los desniveles académicos y la gran movilidad de este colectivo (sus padres cambian de ciudad o comunidad de acuerdo con las condiciones de trabajo) son las dificultades que enfrentan con mayor frecuencia los niños ecuatorianos que han emigrado a España. El director asegura que hay muchos casos en su escuela de niños que nacieron en España, fueron enviados a Ecuador por sus padres que no tenían medios para atenderlos, y luego fueron traídos de regreso. "Ayer llegaron dos". Pero insiste en que ya no hay una ola masiva de pequeños ecuatorianos. "Ahora, los bolivianos les tomaron la posta", asegura.

Los regularizados

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de niños y niñas de hasta 14 años de edad que viven legalmente en España no ha tenido incrementos dramáticos en los últimos dos o tres años. En el 2001, 12 320 ecuatorianos menores de 14 años estaban regularizados en España. En el 2003, año en que impuso un visado para entrar a España, la cifra se disparó hasta los 61 648. Y en el 2006, alcanzó los 71 888 niños y adolescentes. Las cifras oficiales no detallan cuántos de esos niños llegaron a la Península por la figura de la reagrupación, ni cuántos obtuvieron la nacionalidad española por alguna otra vía legal. Los especialistas aseguran que cuando los padres contratan coyoteros para reencontrarse con sus hijos surgen problemas. Por ejemplo, los pequeños deben cambiar de nombre e identidad dependiendo del país de turno.

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