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Migrantes acuden a otras personas para poder reunirse con sus hijos al cruzar la frontera

LaVoz.com. Desde Phoenix. | 4 de Junio de 2007 a las 00:00
Numerosos indocumentados que dejaron sus hijos en sus países están contratando personas desconocidas para que los hagan cruzar la frontera. Generalmente, la persona se hace pasar por la madre o algún otro familiar al cruzar la frontera en auto. A veces les dan a los niños jarabes para la tos para sedarlos y asegurarse de que no dicen ni hacen nada que pueda llamar la atención de los inspectores fronterizos. Funcionarios estadounidenses dicen que cada vez hay más casos de este tipo porque el cruce a pie de la frontera a través del desierto es más peligroso desde que reforzaron las medidas de seguridad. "La gente tiene miedo, piensa que es demasiado peligroso hacer cruzar el desierto a un niño con 120 grados (Fahrenheit, 49 centígrados) y creen que es mejor ponerlo en manos de un total extraño", expresó Roger Maier, portavoz del servicio de Protección de Aduanas y Fronteras (Customs and Border Protection, CBP) en Texas. Las autoridades afirman que confiarle un niño a un extraño es también una locura. "No hay garantías de que uno se va a reunir con su hijo. No hay garantías de que van a cuidar del muchacho", expresó otro vocero del CBP en Arizona, Brian Levin. Los funcionarios, no obstante, no pudieron citar un solo caso en el que un niño haya sido robado o lastimado al cruzar la frontera con un desconocido. Decenas de mujeres que son ciudadanas o residentes han sido enjuiciadas por traer niños ilegalmente al país en los últimos años. Las autoridades fronterizas no disponen de datos estadísticos, pero creen que los casos de este tipo van en aumento. Las mujeres que se prestan a estas maniobras son generalmente pobres y reciben entre 100 y 500 dólares de los polleros que las contratan. A menudo tienen hijos propios y usan sus certificados de nacimiento para realizar el cruce. "Son una clase de gente vulnerable que es convencida de prestarse a esta maniobra", expresó Joel Parris, defensor de oficio de un juzgado de Tucson que ha asistido a muchas mujeres acusadas de traer niños ilegalmente. "Lo único que les preocupa es sobrevivir y cuidar de sus hijos, y cuando alguien viene y les pide que los ayuden, se solidarizan y no pueden resistirse". Ana Meza Montaño, madre soltera de 36 años de Agua Prieta, localidad mexicana ubicada justo frente a Douglas, Arizona, tenía una tarjeta que le permitía ingresar a Estados Unidos por períodos cortos y fue sorprendida tratando de traer a una niña de un año, haciéndola pasar por su hija. Parris, quien la representó en los tribunales, dijo que la mujer aceptó participar en la maniobra porque un pollero se comprometió a comprarle la su hijo una bicicleta de 100 dólares. Meza está cumpliendo una sentencia a 15 meses de prisión. Sandra Ramírez, madre soltera de cuatro niños, de 24 años, fue detenida al tratar de traer el país a un chico de 11 años a través de Nogales, Arizona. Ramírez dijo que una compañera de trabajo le había ofrecido 1.000 dólares para que lo hiciese. Ramírez fue condenada también a 15 meses de prisión y será deportada a México cuando quede en libertad. "Este de uno de los casos más tristes", dijo la abogada de Ramírez, Stephanie Meade. "No tenía idea de las consecuencias, ni en qué se estaba metiendo". Las autoridades dicen que en el pasado los indocumentados regresaban a sus países periódicamente para visitar a sus familiares, pero que ahora optan por traer a sus familias al país.

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