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Los contratistas actúan como auténticos esclavistas de los inmigrantes

LaVoz.com. Desde Arcadian, Florida. | 7 de Junio de 2007 a las 00:00
Kenny Jesús Zavala oyó demasiadas historias de horror como para entrar ilegalmente en Estados Unidos. Pero cuando un contratista llegó a su ciudad natal en el centro de México y le ofreció una vía legal como trabajador temporal, le pareció una oportunidad demasiado brillante como para dejarla pasar. El reclutador le prometió que, con una visa H-2A de trabajador agrícola, podría ganar $8,56 la hora recogiendo naranjas sin temor a ser deportado. Zavala, de 21 años, empezó a ganar esa suma, pero en cuanto cobraba su cheque, el contratista le sacaba un tercio de su paga. "El contratista nos dijo que si lo denunciábamos, nadie nos iba a querer contratar más", dijo Zavala, que vino desde Moroleón, en el estado mexicano de Guanajuato. "Es peor que para los ilegales porque uno no tiene libertad de movimientos. Hay que quedarse con el contratista que te trajo", añadió. El programa de trabajadores agrícolas invitados fue diseñado como medio de suministrar una fuerza laboral estable y legal para la agricultura con condiciones seguras para los inmigrantes, sin afectar adversamente los salarios locales. Más de 37 mil de dichas visas fueron emitidas el año pasado, mayormente a mexicanos. Pero los defensores de los derechos de los trabajadores agrícolas dicen que la ley no ha cumplido sus objetivos: los trabajadores siguen siendo objeto de abusos y a menudo quedan a merced de intermediarios que se quedan con su dinero. Y agregan que protege a las empresas cultivadoras de demandas y sanciones por sueldos no devengados, dejando a los trabajadores sin nadie a quien acudir. Una revisión de la Associated Press sobre solicitudes de trabajadores agrícolas temporales en la Florida halló que casi dos tercios habían sido presentados por contratistas. Los defensores desean que el Congreso ataque dichos problemas a medida que estudia la autorización de miles de temporales más según el propuesto proyecto de ley sobre inmigración. Zavala fue uno de casi una docena de trabajadores inmigrantes en el centro de la Florida que dijeron a la AP haber sido obligados a pagar sobornos a los contratistas. La mayoría se negó a dar sus nombres por temor a retribución. Muchos temen presentar denuncias porque los contratistas deciden quiénes regresan al año siguiente. Los contratistas también suministran alojamiento a los trabajadores, ofician de intérpretes y a menudo son quienes los llevan hasta el almacén o hasta el médico. Contratistas inescrupulosos solían adulterar las horas trabajadas por los empleados para robarles. Pero a medida que los cultivadores empezaron a controlar los horarios electrónicamente, aquéllos buscan nuevos medios de esquilmar a los trabajadores, dijo Mary Bauer, coautora de un reciente estudio sobre el programa de trabajadores invitados para el Southern Poverty Law Center. "Esto parece una nueva variante de un viejo tema", comentó Bauer. "Los cultivadores crean este sistema en el que sostienen que los trabajadores no son empleados suyos como para quedar cubiertos. Se benefician con ello, al igual que los contratistas, pero no los trabajadores", apuntó. Su grupo desea que Estados Unidos requiera a los cultivadores -no a los contratistas- presentar las solicitudes de los trabajadores invitados ante el Departamento de Trabajo federal y cumplir con las leyes de protección a los trabajadores. Walter Kates, que dirige las relaciones laborales para la Asociación de Frutas y Vegetales de la Florida, dijo que los cultivadores dependen de los contratistas debido a que el actual sistema de visas es demasiado complicado: los empleadores deben conseguir aprobación de cuatro agencias federales y estatales diferentes. "Si hay problemas aquí, la mayoría de la industria los condena tanto como cualquier otro", afirmó Kates. Como los trabajadores se resisten a quejarse y arriesgarse a perder sus empleos, la mayoría se mantiene en silencio o regresa a su país. Un número creciente opta por pasarse a la clandestinidad para deshacerse de los contratistas. El mexicano Genaro Flores, de 26 años, decidió regresar a su país en marzo después de dos semanas de perder dinero ante el hombre que lo contrató. Desde entonces ha regresado a Estados Unidos ilegalmente y trabaja como jornalero en Atlanta. "Aquí es mucho mejor", afirmó. "Estoy ganando dinero y no tengo que dárselo al contratista". El sistema de contratistas, según el cual compañías cosechadoras independientes suministran trabajadores a empresas grandes de cultivos, se ha disparado en los últimos 20 años. Muchas de esas operaciones podrían desaparecer rápidamente si fuesen demandadas y carecieran de los fondos de los grandes conglomerados agrícolas. Una revisión de los pedidos de permisos para 4,700 trabajadores temporales en la Florida desde septiembre indica que un 75 por ciento fueron presentados por contratistas en vez de cultivadores, especialmente en la industria de los cítricos. Los tomateros, que necesitan más ayuda durante todo el año, tienden a depender menos de los intermediarios. La actual visa agrícola H2A permite a los trabajadores venir a Estados Unidos por períodos de tres a seis meses si no se consigue mano de obra local. Los trabajadores temporales deben cobrar por encima de la paga promedio, 8,56 dólares la hora en la Florida. Pero los recolectores de cítricos, el mayor porcentaje de los trabajadores invitados en la Florida, cobran habitualmente por el número de naranjas que recogen y no por hora. Tienen que recoger una fruta cada dos segundos para llegar a los $8,56 la hora. Muchos no lo logran, especialmente los que llegan atraídos por la promesa de un empleo legal pero que no tienen experiencia en tareas agrícolas.

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