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Inmigrantes desesperados por una reforma migratoria

LaVoz.com. Desde San Francisco, California. | 13 de Junio de 2007 a las 00:00
Mientras el presidente Bush instaba a los legisladores a retomar la reforma de inmigración, numerosos inmigrantes en todo el país marchaban, oraban, escribían cartas o se dirigían rumbo a Washington, en un intento desesperado por revivir el proyecto estancado. Antes de que la iniciativa fuera frenada la semana anterior en el Senado, la mayoría de los inmigrantes consideraba que fracasaría. Pero luego de ver casi perdida una oportunidad inusitada –y quizás irrepetible– para realizar un cambio, muchos insisten en que no se quedarán de brazos cruzados mientras el proyecto naufraga. El clamor de los inmigrantes hizo eco a las palabras pronunciadas por el presidente a los republicanos divididos: "La situación actual es inaceptable". "El momento ha llegado", dijo Jerry González, de la Asociación de Funcionarios Latinos Electos de Georgia, una organización que abarca todo el estado, cuyos 4.000 miembros exigen que los senadores busquen una reforma. "Ellos deben actuar". Una caravana partió el domingo de Los Angeles hacia Washington, y en el camino, fue recogiendo a inmigrantes deseosos de contar su historia a los legisladores. Una segunda caravana partiría el miércoles, tras escuchar un mensaje del cardenal Roger Mahoney. El primer grupo era encabezado por Eduardo "Piolín" Sotelo, locutor del programa radiofónico "Piolín por la Mañana", y fue ovacionado por cientos de simpatizantes cuando salía de una plaza histórica de la ciudad, que data de la época en que era territorio mexicano. A comienzos del 2006, Sotelo aprovechó su popularidad para concentrar a cientos de miles de personas, quienes marcharon en California y en el resto del país a fin de exigir una reforma. Ahora, el locutor recolecta cartas en las que se pide que los aproximadamente 12 millones de indocumentados en el país tengan un camino para obtener la ciudadanía. Sotelo ha transmitido esa petición desde las ciudades que va atravesando, y espera contar con un millón de misivas el jueves, cuando llegue a Washington. "Si alguien ha demostrado ya que trabaja duro por esta gran nación y por sus familias, y si ha probado que es un buen ser humano, ¿por qué no puede vivir legalmente en este país?", preguntó Sotelo. "Esperamos una respuesta positiva de nuestros senadores". Los inmigrantes cuyas familias fueron separadas durante una serie de redadas están depositando todas sus esperanzas en la posibilidad de una reforma amplia. Tony Wasilewski, un inmigrante polaco que vive en las afueras de Chicago, dijo que su esposa fue deportada a Polonia, el 8 de junio. Se llevó con ella a un niño de 6 años, hijo de la pareja y nacido en Estados Unidos, pues consideró que era demasiado pequeño para alejarlo de su madre. La separación hizo que una buena vida se convirtiera en una pesadilla, dijo Wasilewski, con la voz entrecortada por el llanto mientras relataba su historia. "Quiero traer a mi familia de regreso a Estados Unidos y proteger a las familias que están en el proceso de deportación", expresó. "Voy allá con el objetivo de hablar con nuestros líderes, nuestros representantes, nuestros senadores. Necesitamos un cambio". Wasilewski se unirá también a una caravana de un centenar de inmigrantes, clérigos y simpatizantes, durante una gira por 10 ciudades, que culminará con una protesta prevista para el 20 de junio en Washington. Después de escribir cartas y hacer llamadas telefónicas, muchos inmigrantes recurren a Dios. El domingo, las diócesis católicas de todo el país participaron en una jornada de oración por la reforma de inmigración. El obispo Oscar Solís ofició una misa en la Iglesia de Nuestra Señora de Los Angeles, en el centro de esa ciudad, con la presencia de 250 feligreses. En Atlanta, varios grupos de inmigrantes han convocado a un día de oración entre personas de varios credos, para el 21 de junio. Y en Miami, inmigrantes, grupos religiosos y organismos de derechos humanos realizan vigilias en las que rezan para que los legisladores hagan a un lado sus diferencias políticas. La familia de Romualdo González llegó a Estados Unidos, procedente de Honduras, pero abandonó el pequeño poblado de Alice, Texas, por el temor de ser capturados en las redadas. Dejaron atrás todo –su pequeña abastecedora de banquetes y sus muebles–, llevándose consigo sólo su ropa. Encontraron refugio con un grupo de inmigrantes hondureños en Miami, y viven en sus oficinas, donde por las noches, se unen en oración con otras decenas de personas. "Pedimos a Dios... que Bush pueda convencer a los senadores de aprobar una reforma amplia", dijo González. "No tenemos alternativa". A cientos de kilómetros (millas), en Chicago, Wasilewski, el conserje polaco, coincidió. "Espero un milagro", dijo.

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