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Las dos caras de la migración

México D.F. La Jornada. | 14 de Noviembre de 2013 a las 11:09

En los últimos tiempos hemos podido constatar que los flujos migratorios en el mundo se han incrementado en forma extraordinaria, al tiempo que los refuerzos fronterizos lo han hecho en la misma medida y el sufrimiento de los migrantes se ha recrudecido también. Débiles embarcaciones con un número extraordinario de ocupantes, con muchos más de los que deberían llevar, que intentan llegar a las costas de cualquier país desarrollado sin lograrlo, pues algunos mueren en el intento y los que alcanzan tierra viven el rechazo de las autoridades, se enfrentan a vallas, a muros afilados que producen cortes profundos a los migrantes que intentan pasarlos, que sólo logran más desaliento de éstos.

Migrantes centroamericanos que buscan a toda costa llegar a la frontera con Estados Unidos y para ello tienen que transitar por México sufren violaciones, extorsiones tanto del crimen organizado como de algunos funcionarios del Instituto Nacional de Migración, muchos de ellos coludidos con los propios grupos de seguridad pública. Y de ahí subir a la terrible Bestia, el tren que supuestamente los llevará a la frontera, si no se duermen y caen o son detenidos por otros grupos de la delincuencia organizada. Y si logran llegar a Estados Unidos, la odisea sigue: desiertos, Patrulla Fronteriza, etcé­tera. Tampoco los mexicanos escapan a los sinsabores de la migración. Todo esto, ¿para qué? Para alcanzar no el llamado sueño americano, sino simplemente un empleo que les permita vivir bajo condiciones dignas. ¿Qué ha pasado en este mundo que los migrantes están dispuestos a lo que sea, hasta morir, por alcanzar un nuevo horizonte de vida? ¿Qué quieren dejar atrás los migrantes?

Se podrá argumentar que los flujos migratorios se han producido siempre a lo largo de la historia, lo cual es innegable, pero bajo estas terribles condiciones, me parece que no. La globalización ha profundizado las asimetrías y ha concentrado la riqueza y el bienestar en unos pocos países, los desarrollados, y la pobreza en el resto, los llamados subdesarrollados. De acuerdo con el Banco Mundial, para 2010 cerca de mil 220 millones de personas vivían con menos de 1.25 dólares al día y cerca de 2 mil 400 millones con menos de dos dólares al día. En tanto que 0.7 por ciento de la población mundial concentra 41 por ciento de la riqueza, mientras que 68.7 por ciento de la humanidad posee sólo 3 por ciento, cifra que señala el reporte de 2013 del Credit Suisse sobre la riqueza mundial. Además, Unicef indica que cada 3.6 segundos muere una persona de hambre en el mundo, 19 mil niños menores de cinco años mueren diariamente por causas que se pueden curar o evitar, 768 millones de personas no tienen acceso al agua potable, ni 2 mil 500 millones a saneamientos adecuados. Mientras que la FAO reconoce en su reporte titulado Poverty, growth, and inequality over the next 50 years que a partir de 1980, en la mayoría de países del África subsahariana, otros de Iberoamérica, Asia central y meridional, y en la Europa del este, han aumentado las desigualdades internas y los ingresos medios han descendido. Todo ello indica que lejos de acortar sus distancias con los países ricos se ha abierto una brecha difícil de cerrar. La migración actual es producto de estas graves condiciones mundiales.

Sin embargo, los países desarrollados enfrentan problemas estructurales importantes, demográficos y educativos y, curiosamente, son los migrantes calificados quienes resuelven estos conflictos. De acuerdo con la OCDE se ha visto un importante incremento de migrantes calificados en la última década. Desde inicios del milenio hasta ahora, el número de migrantes calificados que se han movido a los países de la OCDE pasaron de 12 millones a 20 millones, y la mayoría de ellos son de países subdesarrollados. Países como Australia, Reino Unido, Japón, Estados Unidos y Canadá, entre otros, están cambiando sus políticas migratorias permitiendo que estos migrantes calificados obtengan con mayor simplicidad visas permanentes, además ofrecen a los estudiantes talentosos que se encuentran en sus universidades facilidades para evitar que vuelvan a sus países de origen y "se conviertan en sus competidores". No es extraño que el ministro de Migración de Canadá, Jason Kenney, haya señalado que "hay que atraer a diferentes talentos si los países desarrollados quieren competir a escala global, por eso Canadá quiere alentar a que la gente talentosa venga, pues es la mejor manera de preparar la salida de la crisis".

Esto quiere decir que la migración actual es completamente selectiva y que es difícil aceptar que no se trata de un brain drain. Como señala Botero, especialista del Banco Mundial en educación, si los países quieren guardar sus talentos, necesitan proveer de los salarios y los incentivos a sus ciudadanos altamente educados para que se queden en sus países. Y crear los empleos necesarios para satisfacer la demanda de una población altamente educada. Habría que añadir que no sólo para los altamente educados, sino para todos sus pobladores, los que se merecen una vida mejor, y así se evitarían más tragedias.

La lógica del capitalismo expoliador de recursos humanos y naturales a favor de un pequeño grupo de países debe terminar y la migración debe ser un derecho humano, y una opción para todos los seres humanos y no una necesidad.


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