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Inmigrantes encuentran trabajos temporales justos para ellos

LaVoz.com. Desde Tipton, Indiana. | 16 de Junio de 2007 a las 00:00
Durante toda su vida, Yolanda Santana intentó escapar a su pasado. Sin embargo, mientras plantaba otra fila de tomates bajo un sol ardiente, sabía que su estilo de vida de trabajadora nómada era parte de ella y que nunca podría dejarlo atrás. Santana, desde los 8 años de edad, acompañó a sus padres y a nueve hermanos y hermanas por diferentes estados de Estados Unidos para recolectar fruta, recoger maíz y plantar y cosechar tomates. Trabajó junto con cientos de otros trabajadores extranjeros, trasladándose según la temporada. "Algunas veces parecemos gitanos pues nos trasladamos de pueblo en pueblo", indicó Santana. Fue la única vida que conoció hasta que dio a luz a su primer hijo hace 23 años. "Cuando tuve a mi hijo, no quise esta vida para él ni para alguno de mis hijos", indicó Santana. Pero para poder ingresar a una fuerza de trabajo, tuvo que superar varios obstáculos. Uno de ellos es que necesitaba una educación. Como no terminó los estudios secundarios, Santana decidió obtener una certificación para adultos. Fue el impulso que necesitó para obtener una mejor paga y un trabajo más estable. Encontró trabajo en Texas como empleada del departamento de préstamos de la Farmers Home Admnistration, donde le encontraba vivienda a los trabajadores temporales. También tuvo otros empleos y finalmente pudo afincarse en un sitio. Si embargo, esto no duraría. El año pasado, se enteró que su padre tenía una enfermedad cardíaca severa, y le dijeron que no le quedaba mucho tiempo de vida y que él no pensaba dejar su casa. El padre vivía en Tripton, donde era empleado de tiempo completo de las granjas Sharpview y que ahora se conocen como Granjas Triple S Smith. Santana entonces regresó. Empacó sus pertenencias y con sus hijos a cuestas, dejó atrás la estabilidad que siempre deseó y regresó al estilo de vida que alguna vez llegó a detestar. "Siempre quise irme, pero el círculo viene a cerrarse donde comenzó", indicó Santana. El trabajo ha cambiado dramáticamente con los años, comentó Santana. "Creo que ahora lo tienen más fácil", expresó Santana con una sonrisa. Con la llegada de la tecnología, los trabajos para los inmigrantes se han vuelto menos pesados y ya existen varias leyes que impiden que niños pequeños trabajen en los campos. Asimismo, la nueva tecnología significa que se necesitan menos trabajadores. Sin embargo, los trabajadores temporales aún son necesarios, indicó Scott Smith, propietario de las granjas Triple S. "Ellos aportan algo a la comunidad. Ofrecen un servicio", indicó Smith. El propietario de la firma indicó que no podría sembrar y cosechar tomates sin el aporte de los inmigrantes, que llevan a cabo esa labor. Smith indicó que las tareas agrícolas dependen en gran medida del clima. "Es trabajo difícil y de muchas horas", agregó. Los inmigrantes parecen ser los únicos dispuestos a hacer este trabajo y los únicos que están acostumbrados a este tipo de labor. Al no poder contar con trabajadores de la zona, que no quieren hacer este tipo de tareas, Smith suele contratar a los empleados temporales disponibles. Mantiene registros y documentación de todos sus empleados y les paga siete dólares la hora, por encima del salario mínimo estatal. Asimismo, les brinda alojamiento gratuito, con servicios como gas y electricidad incluidos y les da un seguro de compensación y desempleo. Smith dice que les brinda esos beneficios para proteger a sus empleados, pese a que el estado no se lo exige. Esto lo hace en parte porque conoce a muchas de las familias desde hace años y les ha pedido que vuelvan cada año. "Son empleados buenos, trabajadores. Son personas leales", agregó Smith. Santana señaló que se siente más tranquila trabajando 12 horas en el campo que cuando tenía su trabajo de ocho horas en Texas. Asimismo, puede dejar de trabajar cuando lo necesita para cuidar a su padre o para poder hacer algo para sus hijos. "Ahora mismo, este tipo de trabajo me funciona", agregó. Asimismo, le ayuda estar rodeada por otros trabajadores nómades como ella que suelen comportarse como una gran familia. "Me siento como en casa con ellos", añadió. Una persona de este grupo es Brenda Hernández. Ella y su esposo vinieron a Estados Unidos en el 2001. Hernández dijo que aprendió a trabajar el campo por sus padres. Sabía que podía esperar y también sabía que podía ayudar a su familia de esta manera. Ellos se enteraron de oportunidades de trabajo a través de otros trabajadores o de programas para inmigrantes. Viajaron de un estado a otro y finalmente llegaron a Tripton el año pasado, pero se irán al final de la cosecha. Hernández quiere ir a Texas, donde su esposo tiene familiares. Hernández dijo que acostumbrarse a este tipo de vida no fue muy difícil para ella, pero sí fue un poco complicada para su esposo, quien no hablaba bien inglés. Sin embargo, tanto Hernández como Santana aseguran que la mayoría de los trabajadores inmigrantes hablan bien el idioma inglés. De hecho, las dos mujeres, que nacieron y crecieron en Estados Unidos, sólo hablan español como su segunda lengua. Sin embargo, hay personas como el esposo de Brenda Hernández y otros inmigrantes que llegan directamente de México y que experimentan barreras de lenguaje y de cultura. Hernández consideró que los inmigrantes deben aprender a adaptarse. Muchos de ellos, como su esposo, llegan a aprender suficiente inglés para poder trabajar. Aunque está contenta con su vida actual, Hernández dijo que quiere algo más para sus tres hijos pequeños. "Quiero que acaben la escuela", indicó y en algún momento "quiero terminar mi educación y obtener otro empleo", agregó Hernández. Por ahora, "eso es todo lo que tenemos y tenemos que aprovecharlo".

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