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Los latinos que residen cerca de Disneyland están entre los más pobres

Los Ángeles, EEUU. La Opinión. | 13 de Marzo de 2014 a las 16:34

Latinos viven en extrema pobreza a pocas millas de 'El lugar más feliz del mundo' en Anaheim, California.

Ada Tamayo, una dirigente comunitaria, equipara estos barrios con las desigualdades en América Latina. 'Hay familias que viven en situaciones terribles', señala.

El apartamento de María Suárez es un inventario de daños: el techo del sanitario se cae a pedazos, urge pintura, el foco del cuarto no sirve, un acrílico de la cocina está roto y al gabinete le falta un cajón. "Dijeron que el fin de semana lo iban a poner, ya pasó año y medio y nada", dice.

No hace mucho los inquilinos de este humilde complejo en la ciudad de Anaheim, todos de origen latino, se unieron para correr a las cucarachas a punta de insecticida.

Suárez pagó la fumigación casi de milagro. En su hogar el dinero es algo que llega a cuentagotas —del sueldo de un jardinero y una telefonista de medio tiempo— y se esfuma más rápido de lo que quisieran. Tienen cinco hijos y un alquiler mensual de $1,260.

Si no compartieran la vivienda con otra familia no podrían pagarla, dice la mujer de 30 años, que todos los días se topa con los contrastes de uno de los destinos más visitados de California. La oficina donde trabaja está en Anaheim Hills, hogar de ricos.

"Hasta siente uno que no debe estar ahí", menciona como si hablara de dos países distintos. "Ves que en Anaheim Hills está una familia en una casa grande, cómoda, feliz; aquí se rentan los cuartos, la sala, con tal de sobrevivir, de tener qué comer", compara la hija de tapatíos.

Pero más cerca de su apartamento —a 1.2 millas para ser precisos— se encuentra lo que ella considera la diferencia más notable entre acaudalados y marginados en el condado de Orange, el famoso parque de diversiones Disneyland, autonombrado 'El lugar más feliz del mundo'.

Sus tres hijos más pequeños jamás lo han visitado. "Aquí lo tenemos cerquita, aquí está, pero sólo podemos pasear alrededor, no saben lo que es divertirse adentro", lamenta.

No son los únicos ajenos al mundo de Mickey Mouse. Se calcula que el 85% de los alumnos de escuelas públicas en esta localidad (la mayoría hispanos) sobrevive apenas con lo básico. "Uno de cada cuatro niños viven en la mera pobreza", subraya José Moreno, activista y funcionario escolar.

Ada Tamayo, una dirigente comunitaria, lo equipara con las desigualdades en América Latina. "Hay familias que viven en situaciones terribles", señala.

La vieja percepción de que los adinerados de Anaheim Hills, más del 60% de raza blanca, reciben más que los de abajo, la ratifica un reporte del grupo OCCORD de 2013.

Según el análisis, el Gobierno local asignó $170 por cada habitante en las colinas y destinó $156 por persona en el resto de la ciudad. Arriba hay más acres de parques, librerías y centros comunitarios.

"La pobreza y la desigualdad en Anaheim es resultado del desarrollo turístico que genera empleos mal pagados y sin prestaciones", expone la organización OCCORD.

Los gobernantes locales niegan que se dé preferencia a los ricos. Insisten que la pobreza propicia que cientos de niños se integren a las casi 30 pandillas de ese lugar. "El problema es que la gente carece de esperanza", declaró el alcalde Tom Tait.

Esas calles donde aún duele la muerte de Manuel Díaz en 2012 por policías, que recién fueron absueltos por un tribunal, son recorridas por Gregorio Romero, un vendedor de frutas y abarrotes quien se pasa la mayor parte del día trabajando. "Esta ciudad es cara", señala.

María Ceja, de 55 años, vende nopales de puerta en puerta y tiene los ojos rojos de tanto picar tallos. "Si no le hace la lucha uno no come", cuenta la michoacana.


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