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Fuerza de extrema derecha hizo fracasar propuesta de inmigración

LaVoz.com. Desde Washington. | 29 de Junio de 2007 a las 00:00
Auspiciada por el presidente George W. Bush y miembros influyentes de ambos partidos, la propuesta de ley de inmigración fue, sin embargo, huérfana desde el inicio. Incluso sus más ardientes partidarios la consideraron lo suficientemente buena, pero lejos del ideal. Esa posición centrista perdió al final ante las constantes aseveraciones de la base conservativa republicana de que la medida equivalía a una amnistía para personas que violaron la ley _ un rabioso desacuerdo que se vio amplificado por comentaristas radiales y televisivos así como por percepciones por escrito en bitácoras electrónicas. "La propuesta fue derrotada por una revuelta anti inmigración que intimidó a los legisladores republicanos, y ellos se rindieron. Cedieron bajo presiones", dijo Frank Sharry, director ejecutivo del Foro Nacional de Inmigración, uno de varios grupos liberales que apoyaron la medida pese a dudas sobre algunos de los elementos claves. "El argumento de que se trataba de una amnistía fue más fuerte", dijo Brian Darling, de la conservadora Heritage Foundation. "Uno no puede mostrarse realmente apasionado en favor de una ley sobre la que los principales patrocinadores dicen: 'Esta ley no es excelente, pero es lo mejor que podemos hacer' ". La medida que fracasó en el Senado esta semana mezclaba las prioridades de la derecha y la izquierda, ofreciendo estatus legal a hasta 12 millones de inmigrantes ilegales que viven en Estados Unidos, al tiempo que fortalece la frontera contra futuros ilegales. Elaborada por un grupo heterogéneo encabezado por el senador demócrata Edward Kennedy y el republicano Jon Kyl para satisfacer intereses divergentes en los dos costados del espectro político, la propuesta terminó por no complacer a nadie. Los principales sindicatos estaban en contra de un programa de trabajadores temporales, al temer que estos inunden el mercado laboral con mano de obra barata, lo que haría bajar los salarios y normas de trabajo. Sus preocupaciones fueron reflejadas en los esfuerzos demócratas por moderar drásticamente el programa. Incluso los gremios del sector de servicios, muchos de cuyos miembros son inmigrantes, estaban molestos de que el programa no daba a los trabajadores invitados garantías para que puedan quedarse permanentemente en Estados Unidos. Además, otros grupos liberales criticaron el nuevo sistema de puntos para basar inmigración futura en criterios de empleo, en lugar de lazos familiares. Asimismo, los republicanos estaban profundamente en desacuerdo con dar a personas que entran ilegalmente al país la posibilidad de legalizarse, mientras que los demócratas sentían que los obstáculos que esos inmigrantes iban a enfrentar –multas, largas esperas y regreso a sus países– eran injustos.

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