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Salen en libertad 26 inmigrantes cazados en Connecticut

LaVoz.com. Desde New Haven, Connecticut. | 9 de Julio de 2007 a las 00:00
Veintiséis de los 32 inmigrantes sin residencia legal que fueron arrestados en varias redadas el mes pasado en esta ciudad regresaron a sus casas después de que sus familias y la comunidad recaudaron suficiente dinero para pagar sus fianzas. Los indocumentados dijeron que no sólo extrañaron a sus familias y sufrieron humillaciones mientras estuvieron detenidos, sino que perdieron sus trabajos, informó el diario New Haven Register. Una de las personas que estuvieron detenidas, una mujer de 32 años que sólo se identificó al periódico como Teresa, dijo que quiere quedarse en New Haven porque necesita cuidar de su madre y de su padre enfermo, así como de una hija de 14 años. Ella perdió sus dos trabajos de restaurante después de su arresto, pero ya consiguió empleo en otro restaurante. "Cuando me detuvieron, mi mundo se cayó en pedazos, porque pensé que ya no podría apoyarlos", declaró la mujer citada por el diario. "Ellos nos trataron como delincuentes y no somos delincuentes", agregó. Las autoridades locales y los abogados de los inmigrantes han criticado a las autoridades de inmigración por la forma en que realizaron las redadas el 6 y 11 de junio, alegando que violaron varios derechos constitucionales y políticas del gobierno. También dijeron que las redadas parecían una acción de represalia por la decisión del gobierno local de haber lanzado un programa de tarjetas de identificación para los inmigrantes sin documentos. Las autoridades de inmigración rechazaron la acusación. Una de las seis personas que no recibieron derecho a fianza ya fue deportada y las otras cinco están en proceso de ser expulsadas del país. La mayoría de los detenidos el mes pasado no podía pagar las fianzas fijadas originalmente, que sumaron un total de 425.000 dólares. Tres jueces redujeron ese total después a 185.000 dólares. La mayoría del dinero de las fianzas fue recolectado por los familiares de los arrestados, pero también consiguieron ayuda de la Iglesia St. Rose of Lima, la Junta para Acción Progresiva, la Asociación Grand Avenue Village y negocios locales. Varios restaurantes de la ciudad también asignaron un porcentaje de sus ventas para ayudar a los inmigrantes. Según ciertos informes, algunas familias vendieron sus automóviles y otros artículos, o recurrieron a préstamos.

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