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Latinos viven en zonas urbanas más contaminadas

Agencia EFE. Desde Denver, Colorado. | 10 de Julio de 2007 a las 00:00
Los latinos y otras minorías viven por lo general en las zonas más contaminadas de las principales ciudades del país, una suerte de "racismo ambiental" que no se explica sólo por diferencias socio-económicas, según un estudio. Un nuevo estudio preparado por el doctor Liam Downey, profesor de la Universidad de Colorado en Boulder, revela que en las 61 ciudades más grandes del país, los latinos o los afroamericanos viven en barrios más contaminados que los anglosajones, aunque el nivel de contaminación varía de ciudad en ciudad. Según Downey, no existe una "explicación simple" de esta situación, pero "la desigualdad existe y la explicación es más compleja de lo que la gente cree". Downey explicó que la expresión "racismo ambiental" comenzó a utilizarse en 1987 cuando se realizaron los primeros estudios para explicar por qué los grupos minoritarios viven en áreas más contaminadas que los anglosajones. En aquel momento y en numerosas ocasiones desde entonces, dijo Downey, los investigadores se concentraron en dos posibles explicaciones: desigualdades socio-económicas o segregación en las viviendas. Sin embargo, de acuerdo con Downey, una comparación de las desigualdades socio-económicas y de la discriminación en la viviendas en las 61 ciudades incluidas en su estudio no alcanza a explicar el nivel de contaminación ambiental en los barrios latinos y afroamericanos. "Por el contrario, parece que el papel que juegan esos factores en la creación de desigualdades ambientales depende en gran medida de las circunstancias de cada ciudad", agregó. Eso no significa, explicó el catedrático, que la segregación residencial "no tenga ningún papel en la creación del racismo ambiental, ya que, después de todo, no habría racismo ambiental si los latinos, los afroamericanos y los anglosajones estuviesen igualmente representados en todos los vecindarios". Lo que el estudio demuestra, subrayó Downey, es que "la segregación residencial no necesariamente lleva al racismo ambiental". En otras palabras, existe "poca correlación" entre el racismo ambiental y los dos factores tradicionalmente usados para explicarlo. Para su estudio presentado ayer, Downey usó datos y estadísticas provistos por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, en inglés) sobre el nivel de concentración de tóxicos y contaminación en el aire de cada uno de los barrios en las 61 ciudades incluidas en el análisis. Ese "índice de polución" se usó para determinar la "carga de contaminación de cada vecindario". Downey luego analizó la composición demográfica de cada vecindario, para determinar si era latino, afroamericano o anglosajón, y comparó el índice de polución y la composición demográfica de cada ciudad con reportes de discriminación y disparidad socio-económica. La hipótesis, dijo Downey, es que el racismo ambiental sería más fuerte en ciudades donde la discriminación es más frecuente, como Detroit, Milwaukee y Nueva York, o en ciudades donde la diferencia económica es más acentuada, como Minneapolis, Milwaukee o Memphis. Sin embargo, los niveles más altos de racismo ambiental se registraron en Orlando, Florida; Norfolk, Virginia; Louisville, Kentucky; y Portland, Oregon. A su vez, los niveles más bajos se detectaron en Baltimore, Las Vegas, Boston y en la zona de Nassau y Suffolk, en el estado de Nueva York. Para Manolo Gonzáles-Estay, antrópologo y activista comunitario de Denver dedicado a temas de justicia ambiental, el estudio realizado por Downey "es uno más en una larga lista de los estudios completados durante las últimas dos décadas que demuestra que el problema es real". "Ya es hora de dejar de hacer estudios para saber si el problema existe y de comenzar a buscar soluciones para los barrios afectados", indicó Gonzáles-Estay. Sin embargo existe un "importante obstáculo" para lograr soluciones: la falta de participación de los vecinos latinos en actividades de defensa de sus derechos. "Si no hay participación vecinal, las corporaciones se aprovechan de la situación y ubican sus fábricas contaminantes en los barrios en los que saben que no van a tener oposición", manifestó Gonzáles-Estay. Pero cuando la comunidad se organiza, se logran cambios. Gonzáles-Estay fundó Healthy Air for North Denver (Aire Limpio para el Norte de Denver, o HAND) para combatir la contaminación en los barrios latinos del norte de esta ciudad. "Porque los vecinos y los comerciantes se movilizaron en conjunto, obtuvimos un subsidio federal de 300.000 dólares para trabajar con EPA en programas de salud y de limpieza", concluyó.

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