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Guatemalteca da a luz en la estación del INM en Matamoros

México D.F. La Jornada. | 15 de Julio de 2014 a las 09:46

A sus 21 días de nacido, Kelvin Moisés es el migrante más joven en el refugio del Centro de Atención al Menor Fronterizo de Matamoros (Camef). Sus padres son guatemaltecos; él nació en la frontera tamaulipeca, por lo que es mexicano y es la única esperanza de la familia para permanecer en el país.

Gloria tiene 33 años, pero posee la mirada de una mujer de 50. Salió con su hija Kenia y un embarazo de 8 meses, desde el municipio de Morales del departamento de Izabal, en Guatemala, para recorrer México con 7 mil pesos en la bolsa.

No había coyotes de por medio, pero sí la necesidad de llegar hasta la frontera norte y de ahí cruzar ilegalmente a Estados Unidos, donde la esperaban Celia –su hermana–, un trabajo y la oportunidad de comenzar de nuevo.

"Mi hermana me había mandado 500 dólares; llegando a Chiapas los cambié, fueron como 7 mil pesos. Con eso me aventé, yo y la Kenia; alcancé a llegar hasta aquí sin ayuda de nadie, viajando en camión. Nada más pisé Matamoros nos agarró Migración y para dentro".

Fue dentro de una estación temporal del Instituto Nacional de Migración (INM) que empezó con dolores de parto. Kelvin nació hace tres lunes: el 23 de junio, en el Hospital Civil Doctor Alfredo Pumarejo de Matamoros. Pesó menos de 3 kilogramos. Tiene ojos grandes y vivarachos, así como la costumbre de arañarse la cara, con las uñas largas que Gloria no le ha podido cortar.

“La verdad es que aquí nos han dado de todo, a mí y a Kenia y al niño, pero no tengo cortaúñas, por eso le pongo los calcetincitos para que no se rasguñe la cara o se pique los ojos; está muy tiernito m’ijo, me da miedo que se lastime”.

A diferencia de los refugios en el sur de Texas, atestados de niños migrantes que enfrentan hacinamiento y maltrato en una crisis humana reconocida por el vecino país y que elevó el reclamo internacional, en Matamoros el Camef funciona a 50 por ciento de su capacidad. La semana comienza con 14 menores, incluyendo a los hermanos Kelvin y Kenia, que junto a su madre duermen en una habitación de 10 literas; sólo dos están ocupadas.

Desde el refugio, Gloria pudo comunicarse vía telefónica con José –el marido que se quedó en Guatemala al cuidado de otro hijo– para informarle que había sido detenida por Migración mexicana y que el bebé ya había nacido.

"Lo primero que me preguntó es si estábamos bien; ahora dice que va venir por los tres, pero yo le pedí que se espere, porque si viene capaz que nos deportan a los cuatro, porque Kelvin ya es nacido acá. Yo pido la oportunidad de quedarme con mi familia aquí en Matamoros, porque en mi país hay mucha miseria, mucha pobreza, no tenemos a qué regresar y, si acaso me avientan, otra vez hago el viaje de vuelta con los niños, porque yo no quiero que crezcan allá".

Para Ismael Duque Sierra, administrador del Camef, es necesario garantizar la estabilidad de la familia guatemalteca, pero no puede prometer su permanencia en el refugio: "Eso es competencia del INM; nuestro papel es brindar asistencia a los niños, en esta ocasión por tratarse de una situación excepcional, pues es un recién nacido; cuando Migración venga por ellos se tendrán que ir".

El proceso puede durar entre 60 y 90 días, afirma el funcionario municipal.


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