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No todos los inmigrantes quieren quedarse en EEUU

LaVoz.com. Desde Yuma, Arizona. | 23 de Julio de 2007 a las 00:00
Algunos inmigrantes mexicanos que viven en Estados Unidos sin papeles de residencia legal dicen que hay un concepto muy erróneo entre el público norteamericano: el de que todos quieren quedarse aquí definitivamente. Algunos indocumentados entrevistados por el diario The Arizona Republic dicen que sus planes son muy diferentes: ganar suficiente dinero en Estados Unidos para enviar parte a sus familias y ahorrar un capital para establecer un negocio en su patria. "Los estadounidenses no entienden que muchos de nosotros no queremos vivir en Estados Unidos", afirmó Manuel Faustino, de 35 años, durante una reunión de bienvenida en San José Buenavista. "Lo que nosotros queremos realmente es ganar algún dinero y entonces regresar a casa con nuestras familias", agregó. Faustino dijo que él y un primo cruzaron ilegalmente la frontera en 2002. Ambos vivieron en un apartamento de tres alcobas con otros 18 inmigrantes en la ciudad de Nueva York y posteriormente consiguieron empleo como cocineros en restaurantes. Faustino y otros consiguieron ahorrar 35.000 dólares cada uno, mientras enviaban dinero a sus familias en México. Los dos hombres se asociaron con otros inversionistas y juntaron el dinero con una donación del estado mexicano de Puebla para construir un complejo de invernaderos de tomate a 200 kilómetros al noreste de la ciudad de México. La primera cosecha será el mes próximo. Los expertos dicen que es dificil determinar cuántos de los alrededor de seis millones de mexicanos que viven sin documentos en Estados Unidos piensan regresar a su patria, pero un estudio de la organización Pew Hispanic Center en 2004 y 2005 mostró que el 27% de los trabajadores migratorios mexicanos dijeron que pensaban quedarse en Estados Unidos cinco años o menos. Algunos de los entrevistados por el diario dijeron que prefieren regresar a México porque extrañan a sus familias, como el plomero Antonio Salazar, quien cruzó el desierto de Arizona en 2004. Dejó a su esposa y tres hijos en Chimalhuacán, cerca de la Ciudad de México. Salazar trabajó en labores de construcción durante un año antes de regresar. "No pude aguantar estar lejos de mi esposa y mis hijos", afirmó. Salazar ahora pasa sus días esperando trabajo de plomería en una esquina de la Ciudad de México. Dice que gana aproximadamente 120 dólares por semana, una tercera parte de lo que recibía en Nueva York. "Usted gana más allí, pero no vale la pena", explicó.

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