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Para los latinos, New Haven y Hazleton son los polos opuestos

LaVoz.com. Desde Hazleton, Pennsylvania. | 25 de Julio de 2007 a las 00:00
New Haven y Hazleton, dos ciudades nororientales cuyos alcaldes son descendientes de inmigrantes italianos, distan mutuamente 320 kilómetros (200 millas) en el mapa. Pero las separa un año luz en cuanto a la política frente a la inmigración ilegal. El alcalde de Hazleton, el republicano Lou Barletta, dice que la inmigración ilegal está "destruyendo" su ciudad de 30.000 habitantes, en su mayoría trabajadores, y provocando un aumento de la delincuencia. Barletta logró la aprobación en su ciudad del estado de Pennsylvania una ordenanza, imitada por municipios grandes y pequeños de todo el país, que aplicaría penas a los arrendatarios que alquilen a indocumentados y a las empresas que les dan trabajo. Un juez federal debe pronunciarse sobre la constitucionalidad de la norma. El demócrata John DeStefano considera que los inmigrantes ilegales son parte importante de la trama económica y social de New Haven, que gobierna. Esta ciudad de 125.000 habitantes prohíbe a la policía preguntar a los extranjeros sobre su estatus inmigratorio. El martes, DeStefano inició un programa para proveer de documentos de identidad a los ilegales para que puedan abrir cuentas bancarias y acceder a muchos servicios municipales. ¿Cómo se explican semejantes diferencias? Una de las razones esgrimidas es que New Haven, donde se encuentra la Universidad de Yale, tiene una larga historia de políticas progresistas, en tanto Hazleton es una ciudad conservadora. New Haven "tiene una tradición de impulsar las causas de forasteros", dijo Scott McLean, un profesor de ciencias políticas en la Universidad Quinnipiac que vive en New Haven. La ciudad "se considera líder en la materia". Ray Sánchez, jornalero de 36 años, fue una de las 250 personas que solicitaron el documento de identidad en New Haven. Su intención es abrir una cuenta bancaria para no tener que esconder su dinero en los rincones, obtener una tarjeta para retirar libros de la biblioteca y aprender inglés. "Necesitamos enviar dinero a los lugares de donde venimos. Yo me siento mejor. Si la policía me atrapa, tengo un documento", dijo Sánchez. En esta ciudad portuaria, la población está dividida en tercios entre blancos, negros e latinos, y hay entre 10.000 y 12.000 inmigrantes ilegales, según las autoridades. New Haven, con sus fábricas de armas, máquinas-herramienta y caucho, atrae a los inmigrantes desde hace muchos años. Hazleton es un municipio obrero en una región que floreció y luego decayó junto con la industria de la antracita, que antes empleaba a muchos de sus habitantes, inmigrantes de Italia, Irlanda y Europa oriental. Cuando cerraron las minas, hace medio siglo, la economía enfrentó problemas. Hacia el 2000, el ingreso familiar era un tercio menos que el promedio nacional, los negocios cerraban y la población se redujo a 23.000, comparada con 48.000 en 1940. Entonces empezaron a llegar los inmigrantes latinos desde Nueva York y Nueva Jersey: primero por decenas, luego de a miles. Atraídos por la vivienda barata y el trabajo en fábricas y campos de la zona, los dominicanos y mexicanos rejuvenecieron una ciudad moribunda. Para 2006, había unos 10.000 latinos en Hazleton, el 30% de la población. Se abrieron decenas de negocios latinos. En una audiencia judicial reciente, un especialista que declaró a favor de la ciudad dijo que había entre 1.500 y 3.400 indocumentados en Hazleton. Semejante flujo causó problemas, sobre todo en las escuelas y los servicios públicos. Crecieron las tensiones entre latinos y blancos. Los antiguos vecinos se quejaban del ruido, el vandalismo, los grafitti y de los conductores sin licencia ni seguro. Barletta anunció las medidas represivas después de un asesinato que fue atribuido a dos inmigrantes ilegales. El alcalde de 51 años, conocido por un carácter intransigente, se ha convertido en una fuerza política importante en el último año, y se lo menciona con frecuencia como candidato para un puesto más elevado. Aunque la ordenanza de Hazleton no ha entrado en vigencia debido a la impugnación legal, muchos latinos, ilegales o no, se han ido, y el distrito comercial de la ciudad sufre las consecuencias. Barletta dijo que era una desgracia, pero a la vez una prueba de que los negocios de latinos obtenían sus ganancias de los inmigrantes ilegales. El agente inmobiliario Rudy Espinal, uno de los demandantes contra la ordenanza, dijo que Barletta culpaba a los inmigrantes ilegales de todos los males de la ciudad, sin respaldar sus dichos con hechos. "La ciudad necesita una estrategia nueva. Si se trataba de eliminar la delincuencia, la tarea no se cumplió", dijo Espinal. "Hay tanta delincuencia como antes. No funcionó".

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