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Emigran más españoles pese a que dicen que baja el paro

Madrid. ElMundo.es | 10 de Diciembre de 2014 a las 15:33

EL ANÁLISIS del último cuadro de población del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma que cada vez más jóvenes españoles se ven obligados a salir del país en busca de una oportunidad, lo que pone en duda que la salida de la crisis que desde hace un año anticipan las cifras macroeconómicas esté siendo percibida del mismo modo por los ciudadanos. Este fenómeno contrasta con el optimismo del Gobierno sobre el ritmo de la recuperación y agrava la incertidumbre sobre el principal reto de España: la creación de empleo y la reducción del paro que, aunque está disminuyendo de forma paulatina, todavía afecta al 53% de los más jóvenes.

En términos brutos, la inmigración apenas repuntó un 2% y la emigración se redujo un 21% respecto de los seis meses anteriores. Este drástico descenso de las salidas obedece exclusivamente a que el número de inmigrantes que decide regresar a su país ha disminuido en los últimos meses porque la mayoría de los extranjeros ya se marcharon durante los peores tiempos de la crisis. Los datos del INE demuestran ahora que el nuevo rostro de la emigración es, de forma cada vez más nítida, el de un español hijo de españoles con una edad comprendida entre los 20 y los 39 años. Entre enero y junio salieron del país un total de 42.685 españoles, pero de éstos, 15.658 son inmigrantes nacionalizados que volvieron a sus países de origen. Un total de 27.026 de los emigrantes son españoles nacidos en España.

Esta cifra permite comprobar que la progresión de españoles abocados a buscarse la vida fuera ha sido ascendente en los últimos cinco años. De hecho, hoy emigra un 15% más de nativos: seis de cada 10 personas que abandonan el país son españoles de origen. Los principales destinos son, por este orden, Reino Unido, Francia, Ecuador y Alemania. Mientras los viajes al país sudamericano decrecen, los que tienen como destino países de nuestro entorno han aumentado exponencialmente. Es evidente que los jóvenes españoles que optan por marcharse ven con pesimismo su futuro laboral y consideran que la oferta de trabajo para ellos aquí es de empleos temporales y mal pagados, y que en el resto de la UE es mejor. Que este aumento del número de jóvenes que decide irse se produzca en un momento en el que el desempleo entre menores de 25 años está cayendo en un 8% es sólo explicable por la precariedad de nuestro mercado laboral. Se trata en definitiva de un fenómeno íntimamente ligado a la falta de confianza en el futuro, pese a los esfuerzos del Gobierno por invertir esa apreciación.

Los datos sobre emigración de españoles nativos no son alarmantes, pero sí deberían preocupar porque ratifican una tendencia progresiva desde que estalló la crisis. No existen datos sobre el nivel de cualificación de los jóvenes españoles que deciden emigrar, pero basta comprobar las ofertas de trabajo en los países vecinos para advertir que, en buena medida, se trata de trabajadores cualificados o incluso con formación universitaria.

Por pequeño que sea, de momento, este flujo migratorio, resulta un auténtico drama que un país dedique recursos financieros y humanos en formar a sus ciudadanos para que luego se vean obligados a emigrar. El Gobierno debe preparar políticas concretas encaminadas no sólo a promover un empleo de calidad entre los jóvenes, sino a facilitar el regreso de los que ya se han ido.


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