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Los latinos no olvidan la redada de hace dos años en Arkansas

LaVoz.com. Desde Arkansas City, Arkansas. | 28 de Julio de 2007 a las 00:00
El turno de la mañana en la planta avícola Petit Jean Inc. comenzó como cualquiera de los turnos que Servanda Jacinto trabajó a lo largo de sus 13 años con la empresa. Arrancó a las 6 de la mañana con una temperatura de 60 grados Farenheit (15 centígrados). Los trabajadores, muchos de ellos mexicanos, comenzaron a separar la carne de los huesos y a hacer la selección de piezas. Sólo que ese día, el 27 de julio del 2005, agentes del servicio de inmigración estaban listos para hacer una redada. Cuando la arrestaron junto con otros 118 trabajadores, Jacinta supo enseguida que sería deportada y pensó en sus siete hijos. "Soy cristiana. Pienso en la promesa de Dios de que si una tiene fe en él, las cosas le saldrán bien", expresó Jacinto. "Deposito mi fe en él. Si piensa que lo mejor es que salga del país y deje a mis hijos, no puedo hacer nada al respecto". La redada causó profundo impacto en una ciudad con una creciente población hispana que desempeña numerosas tareas en los dos turnos dedicados a trabajar con las aves y también en la limpieza. Al cumplirse el segundo aniversario de la redada, la planta opera al mismo nivel que antes, aunque persisten el malestar y los interrogantes acerca de si la redada sirvió para algo. Inmigrantes hispanos siguen trabajando de a montones en plantas avícolas del sur del país, apropiándose de plazas que alguna vez llenaron nativos de las zonas rurales y la gente pobre de la zona. A comienzos de la década de 1980, inmigrantes recién llegados se sintieron atraídos por esta industria que ofrecía trabajo estable y sueldos más altos que los que ganaban en sus países, según Carl Weinberg, profesor de historia de la Universidad DePauw de Indiana. Los salarios son bajos en comparación con otras industrias. Un empleado de la planta de Arkadelphia gana entre 9 y 10 dólares la hora al comienzo. "El trabajo en sí no es duro. Es la típica tarea de una planta de ensamblaje. En cierto sentido, lo que se hace es desarmar, más que ensamblar", señaló Ronnie Farnam, un ejecutivo de la planta de Arkadelphia. "Uno contrata diez personas y dos se quedan". Para Jacinto, la planta representaba un trabajo estable que le permitía sostener a sus hijos tras cruzar la frontera ilegalmente con cuatro niños en septiembre de 1992. Pasó dos meses en Texas y luego vino a Arkadelphia, que parecía apenas otro sitio en el mapa para una mujer que se había ido de su casa a temprana edad en México para buscar trabajo. Consiguió trabajo usando una identidad falsa. La redada comenzó a tomar forma cuando una mujer de la zona admitió haber usado documentos de identidad y tarjetas de seguridad social falsos. Ese día de julio, los agentes colocaron a Jacinto y los demás en autobuses que los llevaron a una celda en Texarkana. Algunos trabajadores del turno de la tarde no fueron a trabajar. Petit Jean no sólo se quedó sin muchos empleados sino que enfrentó una situación incómoda. Su presidente Rick Millsap dijo que "los periodistas y el gobierno" querían hacer pasar a la empresa como "el malo de la película" por contratar indocumentados. Millsap aseguró que eso no era cierto. La empresa seleccionó cada uno de sus empleados a través de un servicio de datos del gobierno nacional que examina la ciudadanía y el estatus laboral. No se explica cómo puede haber fallado esa red de datos. "Si el gobierno puede decir éste es legal, éste no, ¿por qué no pueden compartir esa información con la industria?", se preguntó el ejecutivo. "Es algo ridículo. Es como hablar con una pared". Casi todos los arrestados fueron deportados rápidamente, tras presentarse ante un juez de inmigración. La redada dejó a más de 30 niños sin sus padres, incluyendo algunos de los hijos de Jacinto. Ella y varios otros acudieron a los tribunales para tratar de impedir su deportación. Jacinto regresó a Arkadelphia para cuidar de sus hijos mientras se resolvía su caso. Al no poder trabajar, el único ingreso de la familia era el sueldo de su hijo de 24 años, además de donaciones de la comunidad. En la planta, según Farnam, contrataron nuevo personal, con la esperanza de encontrar gente que se quedase. Dos años después de la redada, la empresa cuenta con suficiente personal como para tener en funcionamiento ocho de sus diez secciones productoras, cumple sus metas de producción y trata de darle una nueva imagen a la ciudad. La compañía sigue investigando los antecedentes de sus empleados, usando el mismo banco de datos que Millsap criticó. Tanto Farnam como Millsap declinaron permitir que un periodista visitase la planta de Arkadelphia, aduciendo cuestiones de seguridad. Jacinto lidió con los tribunales durante varios meses hasta que a fines del 2006 recibió un permiso de residencia. Ahora puede trabajar legalmente en el país donde vive desde hace más de una década. Jacinto trabaja en la limpieza de los dormitorios de la Universidad Bautista de Ouachita. Dice que no habló con otros ex compañeros de trabajo que tratan de evitar ser deportados y que piensa que probablemente fue la única que obtuvo la residencia. Sabe que tuvo suerte. "Dios le tocó el corazón al juez", expresó.

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