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Islamofobia y racismo marcan la agenta política alemana

Berlín. EFE. | 16 de Diciembre de 2014 a las 13:29

Las multitudinarias manifestaciones de los lunes de Pegida han marcado la agenda política en un país que creía haber arrinconado a los movimientos de ultraderecha, que apenas llegaban a convocar a unos centenares de personas cuando organizaban concentraciones contra la ley de asilo o la acogida de refugiados.

La participación de unas 15.000 personas en una marcha de tintes islamófobos en Dresde (este de Alemania) sorprendió a la clase política del país, que se debate entre la condena sin paliativos de los movimientos xenófobos y la comprensión hacia ciudadanos preocupados por la creciente inmigración.

En el origen del debate se encuentra el grupo Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida), que desde octubre convoca cada lunes una manifestación en Dresde.

Ayer lunes, después de que el Gobierno de Angela Merkel instara a los ciudadanos a no dejarse confundir y arrastrar por movimientos racistas y difamatorios, la marcha tuvo un récord de afluencia.

En un acto celebrado en Berlín, el ministro alemán de Interior, Thomas de Maizière, consideró legítimo que los ciudadanos se planteen dudas ante el creciente número de refugiados que recibe Alemania -se superarán las 200.000 solicitudes este año- y se conjuró para dar una respuesta a esas preocupaciones.

Pero dejó claro que no hay ningún riesgo de islamización del país y rechazó que el racismo o la xenofobia puedan tener un lugar en el debate público.

Junto a De Maizière, de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, se encontraba el ministro alemán de Justicia, el socialdemócrata Heiko Maas, más radical en su condena.

Maas tachó de “miserable y vergonzoso” que alguien pueda manifestarse contra los refugiados esgrimiendo los valores cristianos de Occidente y advirtió de que no comprende bajo ningún concepto a los instigadores de este movimiento, pero tampoco a “quienes se dejan seducir” por ellos.

Desde la oposición, Los Verdes, cuya cúpula encabezó ayer la contramanifestación que reunió a alrededor de 6.500 personas, y La Izquierda instaron al bloque conservador del Gobierno a abandonar toda ambigüedad y marcar claras distancias con los manifestantes, en vez de mostrarles su comprensión.

Sólo los euroescépticos de Alternativa para Alemania (AfD) -sin presencia en el Bundestag, pero con representación en varias cámaras regionales- volvieron a expresarse públicamente a favor de las reivindicaciones de Pegida.

La toma de rehenes en Sidney, perpetrada ayer por un radical iraní que dejó tres muertos y seis heridos, justifica a juicio de esa formación su exigencia de endurecer las restricciones en materia de inmigración y las manifestaciones de Dresde

Un líder regional de AfD marchó ayer junto a Pegida en Dresde y, según desvela hoy el rotativo “Die Zeit”, varios militantes de este partido se encuentran entre los organizadores del movimiento en el estado de Sajonia.

Las multitudinarias manifestaciones de los lunes de Pegida han marcado la agenda política en un país que creía haber arrinconado a los movimientos de ultraderecha, que apenas llegaban a convocar a unos centenares de personas cuando organizaban concentraciones contra la ley de asilo o la acogida de refugiados.

Pegida -como otros grupos existentes en otras ciudades alemanas- intenta desligarse de la estética de la ultraderecha tradicional, aunque comparte una de sus esencias, el rechazo al extranjero, y esgrime en sus actos la bandera alemana como símbolo frente a la creciente llegada de inmigrantes.

El movimiento asegura que no se opone a la acogida de refugiados perseguidos por motivos políticos o religiosos, pero apuesta por restringir la inmigración económica y por rechazar a los musulmanes que no se integren en el país.

“Pegida defiende el mantenimiento y la protección de nuestra cultura occidental judeo-cristiana”, subrayan en el manifiesto con el que se presentan en internet.

Frente a los 15.000 manifestantes que ayer respondieron al llamamiento de este movimiento en Dresde, alrededor de 6.500 ciudadanos se sumaron a la marcha convocada en su contra y en favor de una sociedad abierta y multicultural.

“No se puede dejar las calles en manos de racistas y xenófobos”, recalcó el ministro alemán de Justicia.

 


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