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Congreso estadounidense con más tareas pendientes que cumplidas, entre ellas la inmigración

La Habana. Agencia PL. | 19 de Diciembre de 2014 a las 09:06

Con un bajo nivel de popularidad y más tareas pendientes que cumplidas, el Congreso estadounidense culminó sus sesiones en 2014 sin satisfacer expectativas claves para los electores en temas tales como inmigración, control de armas de fuego y presupuesto.

Ante la inacción de los legisladores, en particular de los republicanos, sobre el tema migratorio, el presidente Barack Obama anunció el 9 de noviembre un grupo de medidas ejecutivas, como acciones paliativas para limpiar la imagen que tiene como "deportador en jefe" por su récord de más de dos millones de expulsiones de extranjeros.

Las medidas del gobernante favorecen a alrededor de seis millones de indocumentados que están en peligro de ser devueltos por la fuerza hacia sus países de origen, y prevén además reforzar las actividades de los órganos de control migratorio dentro del Departamento de Seguridad Interior.

Los republicanos rechazaron de plano estas iniciativas, calificadas de "amnistía ejecutiva" por el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, quien prometió luchar con las uñas y los dientes para hacer fracasar tales provisiones.

La revancha no tardó en llegar y se materializó en acciones de bloqueo de fondos y maniobras dilatorias en el proceso de aprobación del presupuesto federal para lo que queda del año fiscal 2015, que comenzó el 1 de octubre y terminará el 30 de septiembre del próximo año.

En general, los asuntos presupuestarios y tributarios golpearon durante todo el año a los ciudadanos estadounidenses, porque republicanos y demócratas en más de una ocasión amenazaron con el cierre de agencias federales o eliminaron algunos de los magros beneficios sociales que perduran en Estados Unidos.

El caso más evidente fue durante las últimas sesiones del Senado para el análisis del presupuesto del año fiscal 2015, aprobado tras fuertes debates a altas horas de la noche del 13 de diciembre en la Cámara alta.

En cuanto al control de las armas de fuego, la parálisis legislativa fue similar durante el año que culmina, a pesar de la sucesión de acciones violentas en el país en los últimos años, en particular la masacre de diciembre de 2012 en una escuela de Newtown, Connecticut, en la que murieron 20 niños y seis adultos.

Los grupos de presión que representan a los fabricantes y vendedores de armamentos, como la Asociación Nacional del Rifle (NRA), desplegaron en el Capitolio a sus más sagaces lobistas, amenazaron a algunos legisladores, ofrecieron prebendas a otros y finalmente lograron paralizar estas iniciativas.

Algunos especialistas achacan la inacción de este Congreso a la intensa campaña comenzada varios meses antes, con vista a las elecciones del 4 de noviembre pasado.

En esos comicios, los del partido rojo recuperaron la mayoría en el Senado y consolidaron el control que tenían sobre la Cámara baja, lo que augura que Obama tendrá una situación mucho más difícil en los últimos dos años de su mandato.

Cualquiera sea la causa, los incumplimientos de los congresistas hicieron que esta Legislatura 113 sea calificada como la más improductiva en la historia de Estados Unidos, según un estudio publicado recientemente por el diario The Washington Post.

El Capitolio aprobó menos de 60 leyes públicas este año, para un total de 121 desde comienzos de 2013, la mayoría de poca importancia, como una de las más recientes, cuyo fin es "especificar el tamaño del metal precioso que será utilizado en la producción de las medallas conmemorativas del Salón Nacional de la Fama".

Según una encuesta reciente de la empresa Gallup, apenas 12 por ciento de los estadounidenses aprueban la labor que realiza el Congreso federal, el índice más bajo desde 1974 para un año de elecciones de medio término.

El sondeo mostró un descenso de ese parámetro en relación con 2010, en el cual la tasa de aceptación del trabajo del Capitolio llegó a 21 por ciento, mientras que en 2002 fue del 50 por ciento.

A pesar de esta "baja productividad", los congresistas estadounidenses reciben tres veces más dinero en salarios que el promedio que perciben los trabajadores a tiempo completo en Estados Unidos.

Según la organización privada Alianza para la Protección de los Contribuyentes (APC), cada legislador gana alrededor de 286 mil dólares al año entre beneficios y compensaciones, incluyendo unos 174 mil dólares en salarios, en comparación con los 55 mil que reciben de sueldo los empleados con un puesto de trabajo fijo en igual período.

"Las entradas financieras de los miembros del Capitolio los colocan entre los empleados mejor pagados del país, por lo que ellos mismos deben reducir su presupuesto", dijo el presidente de la APC, David Williams.

El activista por los derechos de los consumidores, Ralph Nader, envió una carta el 22 de noviembre pasado al presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, en la que se queja del exceso de tiempo que él y sus colegas pasan fuera de sus oficinas en Washington D.C.

En la misiva, Nader argumenta que desde agosto hasta mediados de noviembre del presente año -un período de 103 días aproximadamente- el Congreso apenas sesionó durante ocho jornadas y en realidad cada uno de sus integrantes recibió, como promedio, 614 dólares por hora.

El experto señala que mientras los estadounidenses trabajan más y más, cada vez por menos y menos, los integrantes de la Cámara baja "no tienen problemas con trabajar menos y menos por más y más dinero"

De acuerdo con un artículo reciente del periódico Stars and Stripes, este Congreso 113, que recién culminó sus sesiones, valoró alrededor de mil 600 proyectos relacionados de una forma u otra con las fuerzas armadas, pero solo 48 llegaron a convertirse en leyes.

Algunas de esas propuestas fueron enviadas a los comités respectivos que las atienden, donde languidecieron sin penas ni glorias, mientras que otras quedaban pendientes entre uno y otro receso legislativo.

Según el diario The Hill, históricamente solo el cinco por ciento de los proyectos que llegan al Capitolio se convierten en ley, lo que daría un promedio de unas 600 nuevas provisiones legales por cada Legislatura, señala Josh Huder, experto en Asuntos Gubernamentales de la Universidad Georgetown, en Washington D.C.

Pero las contradicciones por intereses partidarios y las maniobras dilatorias redujeron a 185 el número de propuestas que llegaron a someterse a votación en este período y se convirtieron en leyes, afirma Huder.

En fin, como señalan algunos expertos, los peligros sobre crisis fiscales y amenazas de cierres de agencias federales que se repiten una y otra vez, así como la inacción en aspectos claves para los estadounidenses, hacen que estos sientan más temor que respeto cuando del Congreso se trata.

* Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.


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