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Empresario latino no olvida su pasado obrero y ayuda a campesinos inmigrantes

Agencia EFE. Desde New York. | 2 de Agosto de 2007 a las 00:00
Martin Curiel, que cosechó y recogió frutas junto a sus padres en campos en EEUU, busca que, al igual que él, hijos de inmigrantes agrícolas puedan ir a una universidad con ayuda de la fundación que creó con ese fin. "Mi madre me enseñó la pasión por aprender y de mi padre aprendí la ética del trabajo", afirmó con orgullo Curiel, vicepresidente de mercadotecnia para una compañía de manejo de dinero e inversiones en San Diego, California, hijo de inmigrantes mexicanos de Jalisco. Sin embargo, su infancia y adolescencia estuvieron muy ajenas a la vida citadina que lleva hoy ya que estuvo ligada a campos agrícolas a través del país, en los que ayudaba a sus padres Francisco y María en la cosecha y recogida de frutas de mayo a diciembre. Incluso, iba poco a la escuela ya que el trasladarse entre California, Washington, Oregon y Atenquillo en Jalisco (México) donde vivían desde diciembre, con el inicio del invierno, hasta mayo, cuando retornaban a los campos en EEUU, le impedía asistir con regularidad. No obstante, recibió ayuda para su educación de la Oficina de Educación al Inmigrante (OME por siglas en inglés), del gobierno de EEUU, que le entregaba material para que estudiara en su casa. "Las diferentes cosechas que hice fueron las cerezas, ciruelas, el durazno y almendras. Crecí en ese mundo hasta los 19 años", comentó a Efe Curiel durante una entrevista telefónica. "No teníamos televisión, ni cable" recordó Curiel, de 32 años, quien nació en California y cuyos compañeros de juego fueron los hijos de otros trabajadores agrícolas. A los diez años -agregó- se percató de lo difícil que es trabajar en el campo y se fijó la meta de graduarse de escuela superior "y seguir estudiando algo, quizá chiquito" para dejar el campo. "Ese era mi objetivo", afirmó y aseguró que sus padres nunca lo motivaron a estudiar ya que la prioridad era el trabajo. "Nunca oí consejos. Ellos veían que en este país el que trabaja duro salía adelante, y ese es el consejo que nos dieron", comentó Curiel, quien no dominaba el inglés cuando terminó la escuela superior. Su padre apenas sabía leer y escribir y su madre asistió hasta tercer grado, por lo que "no me podían dar consejos". Sin embargo, un compañero de clases, a quien se refiere como su mentor, y sus padres le motivaron a estudiar. El cambio en su vida le llegó a los 18 años, cuando su padre falleció junto a otros cuatro trabajadores en un accidente donde Curiel estuvo presente. "Ese momento fue para muy importante. Definió mi vida y me motivó a seguir ayudando a la gente campesina. Me dije 'voy a dedicar mi vida y recursos a ayudar a esta gente'", señaló. Su madre se estableció entonces en Sacramento y Curiel acudió a la Universidad Politécncia de California donde se graduó de ingeniero de petróleo y comenzó a trabajar en una empresa radicada en los campos de Bakersfield, en ese estado, de gran concentración de campesinos. A su vez creó la Fundación de Profesionales por la Educación -con la ayuda de amigos ingenieros-, que llevaba profesionales a las escuelas para motivar a los jóvenes a estudiar, un gran número de ellos hijos de los trabajadores agrícolas. Sin embargo, pronto se dio cuenta que esa no era su carrera ideal. "Me gustaba más convivir con la gente, manejar proyectos, mas lejos de lo técnico. Al trabajar con los campesinos me di cuenta que todo lo que había hecho mi padre era mi destino", señaló. "También me di cuenta del poder de los negocios. Decidí que la mejor manera de ayudar a mi gente y con una carrera que me gustara eran los negocios", comentó Curiel, quien entonces hizo una maestría en negocios en la Universidad de Harvard. Tras finalizar en 2003, modificó su fundación para dedicarla exclusivamente a ayudar a los campesinos y sus hijos. Su organización sin ánimo de lucro "Rising Farmworker Dream Fund" motiva a los jóvenes a estudiar una carrera en negocios y ayudarlos a entrar a la universidad porque una de las metas de Curiel es que más miembros de esta comunidad progresen y se conviertan también en inversionistas, dueños de negocios o ejecutivos de importantes compañías. "Creemos que cuanta más gente de la comunidad pueda hacer eso, más recursos van a llegar a los campesinos. El mundo del capitalismo es mal visto en esta comunidad. Ellos creen que los ricos son malos, que la gente que tiene dinero no es noble. Que si quieres llegar a la comunidad tienes que ser maestro, trabajador social, abogado o doctor y queremos darle otra opción", indicó.

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