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El cielo de los inmigrantes

Por Gustavo Sierra, diario Clarín, de Argentina. | 5 de Agosto de 2007 a las 00:00
La semana pasada, Liliana fue a abrir la puerta de su casa en Los Angeles y tenía a cinco agentes de inmigraciones con una orden para arrestarla y deportarla. La mexicana Liliana permanece como inmigrante ilegal en Estados Unidos desde 1998, pero siempre trabajó como empleada doméstica o limpiando oficinas y recibió sus salario en forma legal. Tenía a su bebé Pablito de cuatro meses en brazos que se puso a llorar. Los agentes no podían llevársela. Le dejaron una orden para presentarse al día siguiente. Liliana no perdió tiempo. Tomó unas pocas cosas y fue a ver al diácono y su esposa de la iglesia episcopal St. Luke's de Long Beach. De inmediato le ofrecieron refugio. Nadie la podrá deportar si ella permanece dentro de la iglesia. Liliana es una de las centenares de indocumentados que consiguieron permanecer en Estados Unidos gracias al New Sanctuary Movement, un grupo de iglesias, sinagogas y templos que les dan refugio. "No podemos permitir que se separe de esta manera a las familias y se destroce la vida de esta gente que vive en nuestra ciudad desde hace muchos años. Es nuestro deber moral darles santuario", explica Richard Estrada, un sacerdote de la iglesia Nuestra Señora de Los Angeles. El secretario de Seguridad Interior, Michael Chertoff, que tiene a su cargo el Servicio de Migraciones, asegura que todo esto es ilegal y que va a imponer la ley "pero sin confrontación ni un circo mediático". Pero otros grupos antiinmigrantes como Federation for American Immigration Reform creen que el papel de las iglesias es "ridículo" y que "hay que actuar con todo el peso de la ley contra los ilegales y contra sus protectores". El movimiento de protección divina es un obstáculo muy molesto para la administración Bush que en las últimas semanas ordenó hacer redadas en busca de ilegales en las principales ciudades del país. Pero para Julia Wakelee-Linch, la presbítera de la iglesia St. Luke's, la puerta de los santuarios es un límite que los agentes no se atreverán a pasar. "No tienen el nivel moral para sacar gente de las iglesias", asegura.

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