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Presentan juego para ver qué se siente cruzar de México a EEUU como indocumentado

Ciudad de México. Agencias. | 15 de Abril de 2015 a las 16:55

“Lo que van a vivir no es ni el 5% de lo que significa cruzar la frontera”, anuncia Simón, uno de los guías que llevará a los participantes de la travesía. La experiencia que van a tener es similar a la que vive un inmigrante al cruzar la frontera de México a Estados Unidos. Pero esto es un juego.

El pueblo mexicano de El Alberto, en el estado de Hidalgo, ha tomado una decisión diferente para enfrentar la deserción de sus pobladores y la fuerte emigración a Estados Unidos, en busca del “sueño americano”. Hace 11 años, según publica El Pais de Madrid, la localidad había llegado a la cifra de 800 pobladores. El Alberto era una comunidad vacía, de población prominentemente analfabeta, lo que llevó a casi 70% de sus pobladores a buscar mejores oportunidades en Estados Unidos. La gente que trataba de cruzar la frontera muchas veces iba sin papeles y la desgracia era lo que generalmente alcanzaba, si no la muerte.

“Queremos darle otro futuro a nuestros hijos para que no terminen como nosotros, que ni acabamos la primaria”, agregó Simón.

A raíz de ese creciente abandono es que El Alberto creó Ecoalberto, un parque ecológico donde se pueden realizar diversas actividades en interacción con la naturaleza. Kayak, paseo en lancha, rappel y tirolesa son algunas de las propuestas del sitio.

Al llegar la noche comienza la travesía. Según explica Ecoalberto en su página web, “el concepto de la Caminata Nocturna nace con el objetivo de hacer conciencia en nuestros jóvenes paisanos de la comunidad, mostrándoles que no intenten arriesgar sus vidas”, en referencia a la búsqueda de mejor vida en otras tierras. “Durante el recorrido se fomentan los valores de unidad, solidaridad y confianza reafirmando en creer en sí mismos y romper cualquier atajo que nos pueda obstruir en la carrera de la vida para poder lograr algún propósito u objetivo pendiente en la vida de cada participante”, agrega el portal.

A las ocho de la noche comienza la caminata. Los participantes son llevados en siete camionetas a la iglesia del pueblo, desde donde comenzará la aventura. La experiencia busca ser lo más fiel posible a cómo es en realidad, por lo que no se permite usar linternas ni llevar agua ni aceptar la guía de “coyotes”, como le dicen a personas que están en el camino para ayudar a llegar al final. Si son atrapados por la migra (la policía de Estados Unidos) o por los cholos (ladrones), el grupo debe proteger la identidad del guía y contestar que viajan solos y van hacia el norte, y escapar corriendo.

“Los cholos son mexicanos que están a la espera para robarle todo a los que quieren cruzar. Te apuntan con pistolas en la cabeza, violan a las mujeres en tus narices. Y si no obedeces te matan”, explica Simón sobre lo que sufren los inmigrantes en su travesía.

Al comenzar, los participantes, en su mayoría jóvenes, atraviesan carreteras y montes siguiendo las órdenes de los guías. El campo que atraviesan está lleno de obstáculos: barro, charcos, piedras, arena y hasta túneles que tienen que atravesar a lo largo de tres kilómetros. Por momentos aparecen los coyotes y tratan de disuadir a los participantes a seguir sus órdenes. Los cholos también desempeñan su papel, amenazando a las mujeres a los gritos. La migra hace su acto de presencia, rodeándolos y hablando en inglés, para hacer más real la simulación. Ni siquiera faltan los balazos simulados.

Encuentros con narcotraficantes, escapes de la policía y esperas largas son otros condimentos de este simulacro, tan realista que solo unos pocos atraviesan la “frontera”. Ahí los guías comparten anécdotas de hechos que ellos mismos vivieron. “Yo estuve dos semanas sin comer y cuando llegué al otro lado me traicionó la vendedora que me atendió en una tiendita de comida. Era una paisana ¿lo pueden creer?”, contó el Comander. Todos los guías de las caminatas nocturnas tienen alguna experiencia que contar.

El interés de generar conciencia está acompañado de la intención de hacer reflexionar a los participantes sobre la importancia de la solidaridad. Finalizando la aventura, los guías hacen a los participantes vendarse los ojos y caminen unos metros, para encontrarse sorpresivamente con la montaña completamente iluminada con antorchas. La bandera mexicana flamea, mientras el himno nacional es entonado por todos los que están ahí. Pero la intención no es fomentar el patriotismo, sino fortalecer los valores del trabajo conjunto. Ese trabajo que les permita hacer una vida productiva en el pueblo y no tener que emigrar a otras tierras.


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