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La heroína de los ilegales

Por ilber Martos, diario La Raza. Desde Chicago, Illinois. | 11 de Agosto de 2007 a las 00:00
El 15 de agosto, Elvira Arellano cumple un año desafiando al gobierno refugiada en una iglesia metodista y dice que aprovechará la fecha para anunciar su nueva estrategia de lucha que llevará "hasta las últimas consecuencias". Vive como cualquier latina pobre y madre soltera. En un pequeño y viejo apartamento de tres habitaciones, que casi se cae a pedazos, en el segundo piso de la Iglesia Metodista ubicada en el Paseo Boricua de la Calle División. Cada día cocina, limpia, lava la ropa, atiende a su hijo, al mismo tiempo que dedica unas horas a enviar y responder e-mails, y a dar declaraciones a la prensa. La encontramos relajada y cargando a su inquieta perra Daisy, mientras su también inquieto hijo Saúl jugaba en la computadora. Al hablar con ella notamos que su discurso ha cambiado desde que la vimos por primera vez hablando tímidamente con los periodistas hace dos años. Hoy es una mujer de verbo radical, de frases afiladas y de mensajes ideológicos. "Estoy comprometida con la lucha por los derechos de millones de indocumentados que trabajan duro en este país, y por mujeres como yo que tienen hijos nacidos aquí, pero que las quieren echar de regreso", nos dijo al empezar nuestra conversación. Para esta joven madre de 32 años y nacida en Maravatío, Michoacán, lo importante en su vida es luchar por la causa de los inmigrantes aunque ella sepa que quizás no logre dar marcha atrás la orden de deportación en su contra. No piensa inmolarse tampoco, pero le gusta lo que hace. Ella se mueve con autoridad por el apartamento que tiene una salita de conferencias, además de un pequeño baño, otra en la que apenas cabe una mesita, el televisor y un sofá. La cocina esta separada con una estufa, una mesa y cuatro sillas. Luego está su dormitorio —el único lugar privado para ella— y otro donde duerme Jacobita, una líder laica que la ayuda con las tareas domésticas y es la que sale a hacer las compras y lleva a Sául al colegio. Vestida con una blusa a lo Frida Kahlo, que ella misma confeccionó recordando las clases de costura que tomó en México, y unos jeans que cortó para convertirlos en shorts, Arellano hablaba con naturalidad y autoridad. ¿Te vas a ir? ¿Eso es lo que vas a anunciar el 15 de agosto? No voy a abandonar esta lucha, que tanto me ha costado en lo personal, con las manos vacías. No puedo adelantar el anuncio, porque depende de la reunión que voy a tener el 14 de agosto en mi casa con líderes religiosos y políticos de California, Texas, Missouri, Indiana y otros. Pero voy a seguir en la lucha. Qué pasos vamos seguir en el futuro, es lo primordial. Esa es en parte una gran decisión que tomaré. ¿Hasta cuándo piensas quedarte refugiada? No lo sé, solamente confío en Dios. Siempre he sido una persona que ha luchado con fe, pero como sé que esa fe tiene que venir con obras si no de nada sirve, es que hago mi obra permaneciendo en el santuario. Sé que en determinado momento me tengo que ir porque esto no va a ser para toda la vida... Si no salgo de aquí no es por temor a que me vayan a arrestar, porque inmigración ya dijo que me van a arrestar en el momento que ellos quieran y en donde sea que me encuentre. ¿Tienes miedo? En parte sí por la manera como podría venir inmigración a arrestarme. Y también porque estoy recibiendo cartas de odio. La última la recibimos en febrero y nos dijeron que iban a quemar la iglesia y atentar contra el congresista Luis Gutiérrez. ¿Y cuál es el segundo paso? Hasta ahora no he pensado cuál será. Por ahora sólo estar refugiada y seguir luchando. Yo tengo una orden que no acaté porque mi deportación no va a servir para que cambien la ley. Esa ley sólo se va a cambiar siempre y cuando no nos quedemos callados. Y yo no me pienso quedar callada. Quiero hacerme escuchar, y a través de mí, hacer que se escuchen millones de personas. Se ha dicho que estás siendo manipulada por líderes religiosos y políticos que te han convertido en un símbolo de la lucha migratoria... Si alguien me estuviera manipulando, ya no hubiera sobrevivido en el santuario porque no podrían confiar en mí. Nadie escribe lo que hablo. Los consejos legales me los da mi abogado. Tampoco he recibido clases intensivas de activismo político, lo que he aprendido ha sido en la lucha, haciendo cabildeo en Washington y aquí con ustedes los periodistas. ¿Y la notoriedad que ahora tienes? Yo no sé cuando me convertí en activista. Podría ser después de mi arresto en 2002 cuando me amenazaron con quitarme a mi hijo. En esa oportunidad la prensa me acosaba y me decía que si hablaba, alguien me podía ayudar y así ayudar a otros, entonces decidí hablar y allí comencé mi vida pública. Desde entonces no hay marcha atrás. Si fuera posible, ¿buscarías un cargo público en el futuro? No creo, lo que tengo no lo busqué, fue producto de las circunstancias y tampoco me han hecho propuestas políticas. Y ni creo que me guste. Yo sólo quiero quedarme con mi hijo. Eres una figura que empujan otros que sacan provecho político y económico, ¿por qué no lo sacas tú que eres la que arriesga todo? No lo necesito. Yo no miro eso, yo solamente me enfoqué en lo que puedo hacer, porque me di cuenta que como inmigrantes indocumentados tenemos miedo a luchar. Pero debemos dejar el miedo a un lado. ¿El papá del niño no la ayuda? El no forma parte de nuestras vidas, yo soy madre soltera y punto. ¿Después que se resuelva tu situación a qué te dedicarás? Si me quedo aquí, es importante para mí el cuidado de los niños y me gustaría ser parte de un servicio de esa naturaleza. Y si me deportan a México me voy a criar gallinas, puercos, vacas y, donde pueda, poner un negocio, pero no creo que vaya a hacer política, aunque quién sabe. Con una pareja, por supuesto, porque ya estás bastante tiempo sola... (Risas) Quién sabe. Por ahora no tengo a nadie, así que ponga en su periódico que ando buscando (más risas). He recibido muchas cartas que me hacen proposiciones, algunos que son ciudadanos y me dicen que si nos casamos se arregla todo, pero no saben que la ley no lo permite. También he recibido ramos de flores, pero no tengo pretendientes. La verdad no necesito una pareja, aunque si me gustaría alguien que me cante pajaritos. Pero eso sí, si me regreso a México busco uno que nunca haya venido a los Estados Unidos... y que tampoco quiera venir.

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