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Patrulla fronteriza texana sigue cacería de indocumentados

None | 21 de Julio de 2006 a las 00:00
Lynn Brezosky, Associated Press (AP) Falfurrias, Texas – El agente J. Kicklighter de la Patrulla Fronteriza admite que le estimulan los riesgos y quizás sea por eso que se dedica a capturar y expulsar inmigrantes ilegales extraviados en los inhóspitos desiertos del sur de Texas. Miembro de una unidad de elite dedicada a las capturas, es capaz de rastrear a alguien con la fotografía de una huella plantar o localizar a quien llama al número de emergencia 911 mediante la yuxtaposición de molinos de viento y plantas de mesquite que tiene grabados en su memoria. "No es un juego de damas", comentó Kicklighter; "es un ajedrez". La Patrulla Fronteriza informa regularmente sobre las capturas, que define como "todo incidente en el que la falta de intervención de la Patrulla Fronteriza pueda derivar en muerte o grave daño corporal". Desde el 1 de octubre ha habido más de 400 capturas en el sector del Valle de Río Grande –uno de cinco sectores en Texas– en comparación con 159 en todo el año anterior. Para toda la frontera de Estados Unidos con México se han hecho más de 2.350 capturas en lo que va del año, y 2.577 en el año anterior. Los defensores de los inmigrantes consideran paradójica la idea de los agentes fronterizos como salvadores, especialmente –dicen– en momentos en que el mayor número de detenciones practicadas por la Patrulla Fronteriza ha llevado a los inmigrantes a usar rutas por terrenos más peligrosos. "Están empujando a sabiendas el flujo de inmigrantes indocumentados hacia el peligro", dijo Nathan Selzer, del Movimiento del Valle por los Derechos Humanos. "Parece un poco ingenuo decir 'Miren a todos los que salvamos'". El equipo de Búsqueda, Trauma y Captura de la Patrulla Fronteriza, conocido como Borstar, se formó en 1998 a medida que los indocumentados apresados revelaban a los agentes las personas que se habían quedado extraviadas en el desierto. Hoy la unidad tiene 194 agentes, incluyendo dos mujeres. Su régimen de entrenamiento incluye marchas por el desierto, privación del sueño y entrenamiento médico, requisitos indispensables, según los mismos agentes. "Realmente no hay nadie más que lo haga", dijo el agente Isaac David. "Alguien está perdido en el desierto y ¿a quién va a llamar? No tiene a quién acudir". En mayo se halló el cadáver de un niñito de 3 años utilizando la fotografía de la huella plantar de su madre transmitida por fax. Incapaces de mantenerse a la par del resto del grupo, a madre e hijo los habían dejado atrás en el desierto de Arizona. La madre fue por ayuda y fue recogida por la Patrulla Fronteriza, que comunicó a Borstar que el niñito había quedado solo. Los agentes, provistos del fax con la huella plantar de la mujer, siguieron el rastro que había recorrido ésta durante siete horas, a la luz de una linterna, hasta que hallaron al niñito muerto. Los agentes de Borstar son parte de la Patrulla Fronteriza y, cuando no están capturando inmigrantes, los están persiguiendo. Un reciente día de junio, los agentes Kicklighter y Alex García recibieron un informe de una "carga" de unos 15 inmigrantes, o sea, un grupo que había sido divisado cuando salían corriendo de una camioneta hacia un matorral. Kicklighter los rastreó desde su vehículo, que tiene material de captura, incluyendo una camilla y un botiquín. No faltan los recipientes con agua helada. Las patrullas en el interior del sur de Texas requieren la cooperación de los rancheros. La mayoría lo hace, a veces a regañadientes. Kicklighter observa un cartel recientemente colocado en el portón de una finca: "La patrulla Fronteriza no debe entrar sin permiso". En una persecución de ilegales en otra finca, Kicklighter divisa huellas frescas que conducen a un sector de una cerca donde convergen las pisadas de muchos pares de zapatillas. El y García concluyen que el grupo está en los matorrales entre dos cercas. Los agentes se separan, y García dirige su vehículo a la carretera para reingresar en la finca no lejos de la cerca que da al sur. Con la ayuda de un perro entrenado patrulla 8 kilómetros a pie bajo un calor abrasador. Cuando García emerge finalmente de entre los arbustos, está empapado de sudor y al borde del agotamiento. Kicklighter le inyecta un compuesto para tratar la insolación. Los expertos en inmigración ven una correlación directa entre las redadas en las zonas urbanas y un aumento en las muertes de inmigrantes en los desiertos, matorrales y colinas del sudoeste. "Básicamente han desplazado el flujo de California y El Paso hacia Arizona, Nuevo México y las partes más remotas del Valle de Río Grande", dijo Doug Massey, un sociólogo de la Universidad de Princeton. "Eso disminuye la posibilidad de atrapar gente, pero también aumenta la tasa de mortalidad". Mario Villarreal, subjefe de la Patrulla Fronteriza en el sector del Valle de Río Grande, dijo que la culpa por las muertes de los inmigrantes indocumentados recaía sobre los "coyotes", o contrabandistas de personas. "Mucha de la gente que encontramos ha quedado en apuros porque el coyote abandonó al grupo", explicó. "Muchas veces los que hacen el trayecto no están preparados, no tienen agua suficiente, no usan la ropa ni los zapatos adecuados". Otro día, David y Joe Puebla se unieron a un grupo de agentes que perseguían a un grupo de inmigrantes indocumentados que al parecer se había dividido. Se divisa un destello de color entre los arbustos y de pronto emergen un hombre y dos mujeres. Una de ellas tiene 18 años y dice que viaja sola desde Honduras. El hombre, de 28 años, y la otra mujer, de 26, son de Guatemala. Ruegan que los dejen ir diciendo que sólo están a un día de camino de Houston. "No", les dice David enérgicamente. "Los coyotes mienten. Houston está de cuatro a cinco horas... de automóvil". Las dos mujeres lloran y el hombre mira desconcertado. "¿Cuándo comieron por última vez?", les pregunta David. "¿Tienen sed?" Dicen que se mueren de sed y que no comen desde hace dos días. "No lloren, no lloren", las consuela David. "Tienen suerte. Esta semana ya han muerto seis personas". De regreso en su vehículo, David admite que a veces una vocecita interior le sugiere 'Déjalos ir'. "Todos pueden sentir compasión por otros si piensan, digamos, '¿qué mal puede hacer esta persona?'", comentó. "Pero la realidad es que, aunque les dijésemos 'Sigan adelante', ¿adónde irían? Están perdidos".

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