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Otto Pérez Molina y los migrantes

Ciudad Guatemala. Agencia EFE. | 1 de Junio de 2015 a las 16:53

Después que estalló la crisis política por corrupción gubernamental en Guatemala, en abril pasado, el presidente de Guatemala Otto Pérez Molina ha dado tamañas brazadas para intentar salir de las arenas movedizas. Tomó varias decisiones porque está contra la pared, y no tiene otra opción. Pero al menos hay una por la cual, independientemente de su motivación, miles de migrantes guatemaltecos se podrían beneficiar: el cambio de cónsul general en Miami, Florida. Sólo después de estar tres años en el cargo, y cuando faltan siete meses de gobierno, el mandatario decidió que el puesto lo debe ocupar “una persona con trayectoria diplomática”.

El nombramiento de ciertos cónsules para ciudades clave en Estados Unidos, donde reside el mayor número de guatemaltecos afuera de Guatemala, no decía mucho de cuanto el gobierno actual valora a los migrantes y de cuán importante considera que es brindarles atención de calidad.

Dos ejemplos son Gabriela Aparicio Urízar, cónsul de Guatemala en Miami, Florida, hasta el pasado 23 de mayo, y Francisco Cuevas, cónsul de Guatemala en Los Ángeles, California. Ninguno de los dos tiene preparación diplomática o consular, ni hablar de experiencia en tratar asuntos migratorios.

Según publicaciones de prensa, Aparicio fue maquillista y es cercana amiga de la ex vicepresidenta de Guatemala Roxana Baldetti (quien renunció el 8 de mayo pasado). Cuevas fue el encargado de la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia, entidad cuestionada por gastos dudosos (aunque Cuevas no ha sido acusado formalmente de delito alguno). Pero además, según su hoja de vida, su experiencia laboral se limita al periodismo, salvo porque fue viceministro de Gobernación administrativo en el gobierno pasado (también sin experiencia).

Cuevas tomó posesión del cargo hasta principios de 2015, pero Aparicio lo hizo desde 2012 (el primer año de la administración actual).

Considerando que Florida y California son, junto a Texas y Nueva York, los estados donde residen más guatemaltecos en relación con el resto de EE.UU., resulta inaudita su elección para esos cargos.

Pero no sólo eso. En junio de 2013, cuando el Congreso estadounidense anuncia la aprobación de la reforma migratoria, que el Senado nunca aprobó, los migrantes necesitaban más orientación que nunca respecto a cómo proceder. Lo mismo se replica con la crisis de los menores de edad migrantes en 2014 en la frontera sur de EE.UU. y, en 2015, cuando los republicanos frenaron varias medidas de alivio migratorio que impulsa el presidente estadounidense Barack Obama.

Se estima que entre 500 mil y 800 mil guatemaltecos residen en EE.UU. Se desconoce cuántos de ellos son indocumentados, pero las estimaciones se inclinan hacia un porcentaje significativo. De ellos, muchos viven en California y Florida. Ahora que una corte de apelaciones rechazó la apelación del Departamento de Justicia a la suspensión temporal de las medidas de alivio migratorio, quienes habían celebrado la medida vuelven a caer en el limbo (al menos por ahora).

Dada la recarga de casos en las cortes migratorias, se estima que cada solicitante de asilo deberá esperar cerca de dos años y medio para llegar a una audiencia ante un juez de migración, quizá cuando ya no tenga un caso tan fuerte. Por eso necesitan toda la ayuda que puedan conseguir. Necesitan personal comprometido en sus consulados para guiarles en momentos de incertidumbre.

Hace dos meses, el Canciller de Guatemala, Carlos Raúl Morales, anunció que no se toleraría a ningún funcionario consular “lucre” con los migrantes. Pero debió ocurrir una crisis por corrupción (el saqueo de millones de dólares del Estado guatemalteco), vinculada a Juan Carlos Monzón, ex secretario de Baldetti, para que el presidente Pérez Molina retirara el apoyo a Baldetti y sus allegados—como Aparicio.

Pero de igual manera la remoción de Aparicio del Consulado de Guatemala en Miami se aplaude. No sólo porque quien deja el puesto, según reportes de prensa, incurrió en actos de corrupción y se dedicó más a gozar de la vida nocturna en Miami que a servir a los migrantes guatemaltecos. El cambio ha sido para bien porque el 15 de junio llega en su lugar Rosa María Mérida de Mora, una diplomática de carrera, profesional y quien hizo la diferencia (para bien) en el Consulado de Guatemala en Nueva York, donde estuvo hasta el gobierno pasado. Mérida, de gran calidad humana, llega en un momento clave para los migrantes guatemaltecos en Florida. Lástima que un cambio similar no se puede replicar en los demás consulados.

No queda más que esperar que el próximo gobierno, que tomará posesión en enero de 2016, tenga más sentido común para elegir a los cónsules de las ciudades donde la demanda de ayuda es mayor. Y ojalá que no le haga falta un cisma político para ubicar en estos puestos a personal calificado. Esto es lo mínimo que el migrante se merece.


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