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La frontera sur: México tiene sus propios problemas migratorios

None | 24 de Julio de 2006 a las 00:00
Aún cuando no se habla de ello en los círculos políticos, México tiene su propio conjunto de problemas migratorios, por lo que ha comenzado a reexaminar sus propias políticas y prejuicios. Aquí, en el propio extremo sur de México, los guatemaltecos cruzan legal e ilegalmente para hacer los trabajos que los mexicanos que se van al norte ya no quieren hacer. Y cientos de miles de inmigrantes ilegales de casi dos docenas de otros países, incluidos China, Ecuador, Cuba y Somalia, atraviesan con rumbo a Estados Unidos. La selva densa hace imposible establecer una presencia efectiva de las fuerzas del orden en la línea. Cruzar la frontera con frecuencia es tan fácil como brincar una barda o remar una balsa durante 10 minutos. Sin embargo, bajo la presión de Estados Unidos, México ha aumentado constantemente los retenes en las carreteras cercanas a la frontera, incluidos varios con fuerzas militares. Las autoridades mexicanas informan que han aumentado las detenciones y deportaciones en los últimos cuatro años en aproximadamente 74 por ciento, a 240,000 mil, casi la mitad de ellas a lo largo de la frontera sur. Sin embargo, reconocieron que también ha habido un auge en el contrabando de inmigrantes, así como un incremento en los incidentes de abuso y ataques perpetrados por oficiales corruptos de las fuerzas del orden, de vigilantes y de bandidos. Entre tanto, siguen creciendo las oleadas de migrantes. Pocos políticos se han pronunciado públicamente sobre estos asuntos. Sin embargo, el subsecretario de relaciones exteriores Gerónimo Gutiérrez reconoció hace poco que las leyes migratorias mexicanas son "más estrictas que las que se están considerando en Estados Unidos", donde las autoridades atraparon 1.5 millones de personas cruzando ilegalmente la frontera mexicana el año pasado. En una entrevista, Gutiérrez dijo que México necesita "revisar sus leyes para poder tener mayor legitimidad cuando presentemos nuestros puntos de vista en Estados Unidos". Un viaje a Chiapas plantea preguntas sobre si México practica internamente lo que predica en el extranjero. Si se pudiera capturar en un colaje a los principales personajes del drama migratorio que se está desarrollando en Chiapas, incluiría a un agricultor fornido, de pelo blanco, llamado Eusebio Ortega Contreras, quien no ocultó que la mayoría de los jornaleros que recogen mangos en sus campos por seis dólares diarios es guatemalteca, menor de edad e indocumentada. Los indígenas de Chiapas solían hacer este trabajo, dijo Ortega. Pero en los últimos cinco años, han estado emigrando a Estados Unidos. Y, a últimas fechas, dijo, le preocupa que también vaya a perder a los guatemaltecos. "Sabemos que las condiciones que proporcionamos a nuestros trabajadores no son adecuadas", dijo Ortega, presidente de la asociación local de fruticultores, quien mostró a un reportero el refugio precario que puede ofrecer: un cobertizo de paja con un toldo destartalado como techo y cajas de madera para empacar leche, colocadas a manera de camas. "Pero están subiendo los costos. La producción está bajando. Apenas ganamos dinero suficiente para mantener nuestros propios huertos, mucho menos para mejorar las condiciones de los trabajadores". En el colaje, Joaquín Aguilar Vásquez, de 22 años y padre de dos hijos, estaría parado con su mochila frente a un autobús de pasajeros rumbo a la frontera norte porque los trabajos aquí en su tierra natal apenas si dan para alimentar a su familia. Al inicio de su presidencia hace ya seis años, Fox se comprometió a que, como parte de las negociaciones con Estados Unidos en torno a la situación legal de los inmigrantes ilegales mexicanos, México tomaría medidas enérgicas para detener el flujo de inmigrantes ilegales que cruzan desde Guatemala. Habló de un así llamado Plan del Sur que sería un "esfuerzo sin precedentes", y Estados Unidos ofreció aproximadamente dos millones de dólares al año para ayudarlo a deportar inmigrantes ilegales centroamericanos. George Grayson, un experto en México del College of William and Mary y quien ha hecho varios viajes de investigación a la frontera sur de México, dijo que son pocos los resultados obtenidos. Describió esta frontera como "un ábrete sésamo para los inmigrantes ilegales, narcotraficantes, traficantes de animales exóticos y de objetos mayas". Fuente: Por Ginger Thompson, The New York Times. Tapachula, Chiapas, México.

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