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¿Una vida mejor? Para muchos Latinos, Estados Unidos es la tierra de las oportunidades

None | 26 de Julio de 2006 a las 00:00
Una mujer de pelo oscuro procedente de Nicaragua ilustra perfectamente la razón por la cual muchos hispano parlantes vienen a los Estados Unidos. Su cara se ilumina cuando cuenta las historias que ella ha oído desde su niñez. Sus parientes alardean sobre el tipo de vida que la gente puede hacer por sí misma en la tierra de las oportunidades. "Nosotros crecimos queriendo venir a Estados Unidos porque es aquí donde todos nuestros sueños están", dice Patricia, quien no quiso darnos su apellido. "Aquí la gente respeta la ley. Es un sistema maravilloso". Irónicamente, esta mujer de 40 años está quebrantando la ley que tanto admira. Ella llegó aquí con visa de turista hace 4 años, pero la visa caducó y ella decidió quedarse. Patricia preferiría estar aquí legalmente, pero dice a través de un intérprete, que la vida en Fredericksburg, Virginia, merece la pena los riesgos. Hay muchos trabajos, sus dos hijos son bilingües, y su hija fue "estudiante del mes" este año. La madre se sonríe al recordarlo. Ella está emocionada por estar en un país donde los niños inmigrantes tienen las mismas oportunidades que el resto y sus padres pueden trabajar en cocinas de restaurantes y comprar en tiendas de ropa usada, como ella hace. Ella sabe que muchos americanos no pueden entender su felicidad. Puesto que, ellos no soñaron con el día en que pudieran comprar jeans o perfumes hechos en Estados Unidos, como ella hizo. "Nosotros estamos viendo la oportunidad, que hemos estado soñando nuestra vida entera" añadió. "No es perfecto, pero tienes un tesoro, y tu ni siquiera lo sabes". Si los estadounidenses no reconocen su propia tierra como un tesoro, la gente al sur de la frontera sí. A lo largo de todo el país, inmigrantes de países hispano parlantes vienen a Estados Unidos en números record. Casi 8 millones de inmigrantes se instalaron en Estados Unidos entre el año 2000 y el 2005, más que en ningún otro periodo de cinco años en la historia, según el Centro de Inmigración de Washington. En el área de Fredericksburg, se calcula que la población hispana ha crecido más del doble en 6 años. El U. S. Census Bureau registró 9,186 hispanos en la ciudad y los alrededores en 2000. La predicción para el 2006 es de cerca de 22,000 personas. Algunos creen que esas predicciones son muy bajas. William Botts III, director ejecutivo de Rappahannock Legal Services en Fredericksburg pidió ayuda a las autoridades locales para contratar a un abogado bilingüe el año pasado. El mostró un esquema demostrando como la población hispana se triplico en 6 años. Botts basa su predicción en el aumento de los estudiantes que hablan español como primer idioma. El cree que esto refleja el número de hispanos que se ven a diario "A no ser que vivas en una cueva" añade. Es muy difícil dar con números exactos porque las predicciones que tenemos son basadas en el censo del año 2000 y muchos oficiales locales piensan que muchos hispanos no fueron contados entonces. "Cuando alguien que parece ser del gobierno llama a su puerta, ellos no contestan", dice Christine Pacheco-Koveleski, la abogada bilingüe que contrataron el otoño pasado, quien ahora tiene casi 100 casos. "Ellos vienen de países donde no hay respeto por la ley, o ni siquiera existe la ley". El dinero es mejor aquí Los hispanos vienen al área de Fredericksburg por la misma razón que otros se mudan aquí desde los estados del norte o del Norte de Virginia. Casas mas baratas. Vecindarios más seguros. Más trabajos. "Es la economía que está en alza", dice Leni Gonzalez, una hispana que trabaja para el Departamento de Vehículos a Motor (DMV). "Este área es atractiva para todo el mundo". Gonzalez recorre el estado, explicando que documentos el estado exige para conseguir la licencia de conducir y la registración de un vehículo. Ella habla con regularidad en eventos comunitarios, como por ejemplo "La Fiesta Latina" el pasado mes de junio en Fredericksburg. Fue también invitada por la iglesia Evergreen, al otro lado del recinto ferial de Fredericksburg. Un hispano, que lleva viviendo en Fredericksburg 4 años, estaba contento de ver una fiesta local celebrando su cultura. Raúl Rodríguez y dos de sus amigos escuchaban la banda de los mariachis y el sermón, dado en español y en inglés, sobre como Dios es más grande que sus problemas. Comen tacos gratis, pollo y pudín de arroz. Estos hombres hispanos trabajan para la misma compañía en Spotsylvania y tienen sus familias viviendo en la misma área en México. Vinieron a Fredericksburg porque unos familiares les dijeron que aquí había mucho trabajo. "El dinero es mejor", dice Rodríguez, a través del interprete. "Puedes hacer aquí cosas que nunca podrías hacer en México, por ejemplo ir a McDonald’s". Estos hombres hacen cada uno alrededor de $12 por hora. En México, tendrían suerte si hicieran $10 o $12 al día—eso si encontraran trabajo. "Tu puedes trabajar un día aquí y hacer lo mismo que si trabajaras 6 días en México", dice Rodríguez. Si los trabajos son un atractivo, la región de Fredericksburg los tiene. Desde 1990, todos los tipos de industria han crecido más rápido que en el norte del estado o en todo Virginia, según la Alianza Regional de Fredericksburg. Casi 103,000 casas han sido construidas en menos de 30 millas alrededor de Fredericksburg en los últimos 15 años, la Alianza reportó el pasado junio. Lo más probable, es que la mayoría de la mano de obra utilizada para esas nuevas casas –desde poner los cimientos hasta limpiar baños o desde poner paredes hasta plantar arbustos– fueron manos de color canela. "Ellos hacen el trabajo que nadie mas quiere hacer", dice Cynthia Lucero-Chávez, una administradora de las escuelas del condado de Stafford. "No los vas a ver venir a menos que haya trabajo". Lucero-Chávez y su marido, Darryl, un "marine" jubilado, y criado en Los Angeles en una familia de habla inglesa. Sus raíces se remontan a España y Chile, pero ante todo se consideran americanos. Sus dos hijos aprendieron español en la escuela. Lucero-Chávez vio la comunidad crecer y cambiar durante los 7 años que lleva viviendo en Stafford. Cuando el alza de la construcción mengüe, ella cree que los hispanos se mudarán y harán "nuevas oleadas" hacia otros lugares, como lo han venido haciendo a lo largo de la nación. Ella añade, "Ellos son el tipo de población vagabunda que nadie quiere pero que todos el mundo necesita". No ciudadanía para los ilegales Mark Ellis de Spotsylvania no está de acuerdo con que los inmigrantes ilegales son queridos o necesitados. Él pertenece a un grupo de estadounidenses que cree que los inmigrantes ilegales son invasores y quebrantadores de la ley, que toman de las escuelas y los servicios públicos tanto como aportan con su mano de obra barata. Ellis construye casas para una compañía local y admite que sería difícil terminar casas sin el grupo de mexicanos con el que trabaja diariamente. Pero él no los desacredita por ser ambiciosos. El opina que los americanos se han vuelto perezosos. Las raíces de Ellis se remontan a los Quakers quienes "estuvieron aquí antes de que este país fuera llamado América". Varias veces esta primavera, cuando el congreso estaba considerando dar permisos de trabajo temporales para aquellos que habían roto la ley viniendo aquí, Ellis llevó su opinión a la calle. Un sábado de mayo con 80 grados de calor, él se puso con un cartel en la hierba al lado de BJ's en la ruta 3 en Spotsylvania. El cartel era de madera y pintado a mano, se podía leer, "No a la amnistía, No a la ciudadanía para los ilegales". Algunos conductores le dieron su aprobación; otros ofrecieron diferentes gestos. Ellis no estaba sorprendido. "No es de la incumbencia de mi país proporcionarles trabajo", dijo. "Ellos son extranjeros a nuestra lengua, extranjeros a nuestra cultura, ellos son extranjeros a la democracia, y son extranjeros para los Estados Unidos". Invirtiendo en el futuro Nadie necesita recordarle a Irma Zepeda que ella está en un país extranjero. Ella y su marido, Francisco, han vivido en Estados Unidos por 17 años, pero todavía se siente más conectada con México. Francisco Zepeda desentierra árboles para un vivero local. Su cara y sus maños están curtidas por tantos años de trabajo duro. Irma Zepeda raramente deja su pequeña casa de alquiler en Colonial Beach, ni siquiera para ir al porche del frente de la casa. Ambos hablan muy poquito inglés. Su televisión está siempre en el canal de telenovelas, noticias o programas infantiles siempre en español. Ellos están aquí ilegalmente. Sus cinco hijos son ciudadanos porque nacieron aquí. Como otros mexicanos, los Zepeda pensaron que las cosas serían mejor en Estados Unidos, pero sus vidas son una constante lucha. Francisco Zepeda mantiene a su familia de 7 personas con un sueldo de $9 a la hora. Eso es como $1,560 al mes, antes de sacar los impuestos. Su alquiler cuesta $600 al mes. Facturas variadas, como tarjetas de crédito, seguro, electricidad, teléfono, cable, suman por lo menos $500 al mes. El resto -que normalmente no es mucho- lo invierten en su encantadora casa estilo rancho que tienen en México. Los Zepedas están esperando el día del retorno. Su propiedad tiene un huerto con variedad de árboles, manzanos, mangos y aguacates. "Lo único que tienes que comprar es un poco de verduras", dice Irma. "Siempre hay de todo". Excepto trabajo. Los Zepeda vinieron a Estados Unidos para que sus hijos tuvieran una educación y se convirtieran en trabajadores bilingües. Cuando la familia regrese a México, el padre reza para que sus tres hijos y dos hijas consigan trabajo en la industria del turismo. Su casa está ubicada a 2 horas y media de Guadalajara. Por ahora los Zepeda resisten. Los cuatro hijos mayores ocupan los dos dormitorios, mientras que los padres y la niña de 4 años duermen en el salón en un colchón. Lo colocan contra la pared durante el día, cerca de las sillas de plástico de jardín que la familia usa como muebles. Hay olor a humedad en la alfombra después de que las cañerías se rompieran la pasada primavera e inundara la casa. El fogón no funciona, con lo cual las comidas son cocinadas en una sartén eléctrica o en una sangüichera. "Como mexicanos, si no sufres de una cosa sufres de la otra", dijo la madre. Ninguno de los padres se arrepiente de haber venido a los Estados Unidos. Ambos están de acuerdo que volverían a tomar la misma decisión otra vez, porque están invirtiendo en el futuro de sus hijos. "No es que sea bueno para nosotros, como individuos", dice Irma, "pero es bueno para ellos".

Fuente: Cathy Dyson, The Free Lance-Star


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