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La costa turca, escenario del último paso de los inmigrantes para llegar a Grecia

Atenas. Agencias. | 14 de Agosto de 2015 a las 14:03

La noche cae sobre la costa turca y los turistas invaden los bares mientras decenas de personas se lanzan al mar Egeo en un último reducto de esperanza: grupos de inmigrantes, adultos y niños intentan desesperadamente llegar a Grecia.

En la oscuridad de esta noche de verano, varias personas surgen del bosque en Bodrum (en el este de Turquía) con unos míseros botes y remos bajo los brazos en dirección al mar, antes de empezar a amontonarse con sus chalecos salvavidas para subir a las embarcaciones. Lo que les espera al otro lado es o una nueva vida o una nueva decepción.

Diez minutos después de la primera embarcación, parte una segunda con un grupo de inmigrantes a bordo y después una tercera. Es un baile minuciosamente orquestado por los traficantes de personas, que guían con sus antorchas a las almas que vagan por el mar.

Desde principios de año, numerosos refugiados que huyeron de la guerra de Siria o del caos de Afganistán intentan hacer esta travesía nocturna entre Turquía y las islas griegas.

Bodrum, hasta ahora conocido por sus movidas noches y los bares y hoteles que los turistas extranjeros asaltan cada verano, es testigo desde hace un año del incesante tráfico de estas paupérrimas embarcaciones.

A apenas cinco kilómetros de las playas turcas se encuentra la isla griega de Kos, la primera puerta para entrar a Europa.

A pesar de los riesgos y de la fragilidad de los botes neumáticos, los traficantes empezaron a usarlos para llegar a las islas griegas cuando Turquía comenzó a multiplicar los controles a los buques de cargo que solían usar los traficantes para llevar a los inmigrantes hacia las costas italianas, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

En siete meses, unas 124.000 personas llegaron así a Grecia, lo que supone un 75% más que en 2014, según la ONU.

Dos hombres que no han tenido la oportunidad de probar suerte en esta ocasión observan desde la playa la ciudad de Kos, que se vislumbra a los lejos.

"Si Dios quiere" será la próxima vez, quiere creer uno de ellos, que como sus compañeros de infortunio habla bajo condición de anonimato.

"Queremos vivir una vida normal", suspira a su lado un hombre de 38 años procedente de Siria. "Yo sé qué quiere decir 'vivir', pero este niño no", dice señalando a un pequeño, que solo ha tenido tiempo para conocer la guerra siria y la huida.

Al preguntarle a este refugiado, que ya transitó por Líbano, cómo imagina su futuro, contesta: "No lo sé, solo Dios lo sabe". Harto de esperar desde el anochecer a los ausentes traficantes de personas, empieza a gritarles en árabe: "¿No os da vergüenza? Los niños duermen en la calle ¿Por qué no venís?"

Dos taxis llegan más tarde a petición de los traficantes para buscar al grupo y llevarlo a otra playa.

Según los responsables turcos, existen al menos ocho puntos de partida desde Bodrum en dirección a las islas griegas. "Cuando las condiciones meteorológicas son buenas y no hay niebla", una media de 200 personas hacen la travesía, dice uno de ellos bajo condición de anonimato.

A medida que sale el sol y que los corredores llegan a entrenar a la playa, los inmigrantes se van retirando, armados de paciencia hasta que puedan probar suerte otra noche.


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