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Los inmigrantes históricamente siguen a sus familias y/o a sus amigos

None | 26 de Julio de 2006 a las 00:00
Los latinos comparten información acerca de Fredericksburg, Virginia, de la misma manera que un viejo anuncio de televisión con la palabra divulga su producto. Una persona se lo dice a la otra, y "así sucesivamente, sucesivamente, sucesivamente". Así es como Santa Lucas de 19 años llegó a vivir a este área. Ella siguió a sus 7 parientes, quienes dejaron otros dos países antes de llegar a Estados Unidos. Primero, la familia Lucas dejó Guatemala por la guerra civil, después se fueron de México porque no podían sembrar en una tierra tan rocosa. Santa Lucas esperaba que las cosas fueran mejor aquí en Fredericksburg, especialmente para su hijo pequeño, quien nació a finales de mayo. "No le puedo dar lo que no tengo", dijo, a través de un intérprete. "Aquí puedo trabajar. Aquí hay mas posibilidades". Una conexión de información a través del boca-a-boca muy viva—demás de mucho trabajo y un costo bajo de vida—son las razones por las cuales la población latina local ha crecido más del doble en 6 años. Los inmigrantes "generalmente van a donde conocen a alguien", dijo Sue Smith, directora ejecutiva del LUCHA Ministries, que ayuda a los hispanos locales. Leni Gonzalez, coordinadora de divulgación para el estado de Virginia del departamento de vehículos a motor (DMV), ve eso todo el tiempo. Los grupos de trabajadores presentan sus documentos para obtener sus permisos para manejar, y "todos son de la misma ciudad", dijo ella. Ha pasado de esta manera desde que los primeros europeos cruzaron el océano, dijo Rena Cutlip, abogada en el Tahirih Justice Center en Falls Church. Los colonizadores vienen primero, luego llaman a sus familias cuando las comunidades están establecidas. "Es simplemente una continuación en la historia de la inmigración", expresó Cutlip. Los hispano parlantes podrán ser como otros inmigrantes con respecto a eso, pero son diferentes en otros aspectos, dice Samuel Huntington, un profesional en ciencias políticas de la Universidad de Harvard. Los inmigrantes mejicanos, especialmente, cruzan el desierto, no el océano, y vienen en grupos mas grandes que las olas de inmigrantes que han venido antes, el escribió en el año 2000. Vienen sin documentos legales y se acomodan en áreas donde hay grandes grupos de hispano parlantes, no necesitan aprender inglés o fundirse en la sociedad, Huntington añadió. "La inmigración mejicana es única, molesta y el reto que amenaza nuestro futuro como país", Huntington escribió en un reportaje para el Center for Inmigration Studies. En ese momento, los inmigrantes hispanos parlantes estaban comenzando a encontrar su camino hacia ciudades pequeñas en el sureste, como Fredericksburg. Las nuevas leyes trajeron los cambios en los esquemas de la inmigración, dijo Patricia Goerman, una mujer de Maryland quien obtuvo un doctorado en la Universidad de Virginia. Ella entrevistó hispanos en el centro de Virginia como parte de su disertación y luego publicó un libro acerca de eso este año. Desde principios del siglo 20, principalmente los mejicanos fueron contratados para trabajar en Estados Unidos, dijo Goerman. Son contratados para trabajar en las minas, ferrocarriles, y construcción en el centro este del país y para recolectar frutas y verduras en California y Texas. Eventualmente, también llagaron para trabajar en granjas y casas de mariscos en el norte, a 50 millas al sureste de Fredericksburg. Los trabajadores locales se quedan para la cosecha –a veces trabajando a lo largo de la costa este– y luego regresan a sus casas. Luego, las reglas de inmigración empezaron a cambiar. El Congreso empezó a preocuparse acerca del gran número de personas que estaban cruzando la frontera sin el permiso de trabajo que los trabajadores locales tenían. Más muros fueron construidos, y más policía fronteriza fue contratada. Entrar y salir del país ilegalmente se convirtió más peligroso y más caro. Los "coyotes" personas que ayudan a ilegales a cruzar ríos y desiertos para entrar al país, comenzaron a cobrar ,000 por sus servicios. Como consecuencia de esto, los hispanos comenzaron a quedarse en Estados Unidos y trabajar en trabajos a tiempo completo, especialmente en comunidades como en el área de Fredericksburg, donde había muchas oportunidades. La policía que se supone que debía disminuir el número de inmigrantes que venían a Estados Unidos lo que hacía era meramente mandarlos a diferentes destinos, dijo Goerman. Desde mediados de los 90, los estados que tenían menos inmigrantes fueron los que mas han aumentado, según el Pew Hispanic Center of Washington. Virginia fue uno de ellos. Es el noveno estado de la nación donde la tasa de natalidad de inmigrantes se ha disparado entre el año 2000 y el 2005, según el Centro de Estudios de Inmigración. Han habido 719,000 inmigrantes el año pasado - un 30 % de aumento comparado con hace 5 años. Más de un tercio de los inmigrantes en Virginia son ilegales, según el Pew Center. Se calcula que hay 12 millones de inmigrantes ilegales en la nación. Cerca de la mitad son de México, reportó el Pew Center. El número de ilegales no sorprende a Gladys Brackett, una guatemalteca que vive en el condado de Spotsylvania. Ella dedica horas semanalmente a ser intérprete voluntaria para aquellos que necesitan ayuda médica y raramente ve algún documento válido. "Ni siquiera pregunto porque yo sé que todos son ilegales", dijo Brackett. Ella cree que los hispanos son utilizados para trabajos duros y pasar penurias y ellos se pueden adaptar a condiciones difíciles, incluyendo ser ilegales en este país. Ella no podría. "Si fuera yo", dijo Brackett "Me escondería debajo de la cama". "Hay más hispanos en Estados Unidos que canadienses en Canadá", declara un boletín de anuncios en una clase del condado de Essex. Los Estados Unidos alberga 38 millones de hispanos, mientras que Canadá cuenta con 33 millones de residentes. Esta cita es sacada del libro "Haciendo Negocios en la Nueva Latinoamérica". Esto fue puesto por Verónica Donahue, una mexicana que enseña español en Essex High School. Apostando por su tiempo A Jorge Torres le costó 3 años y mas de $5,000 convertirse en residente legal de los Estados Unidos. Y eso con ayuda. Su jefe, el dueño de la granja Battlefield en el condado de Orange, le dejó usar el abogado de la compañía. Torres gastó cerca de $4,000 en honorarios legales y $350 por solicitud. Además de pagar $1,000 de multa por haber estado en el país ilegalmente. Ahora Torres se quiere convertir en ciudadano americano. Pero como residente permanente, tiene que esperar 5 años y no tener ningún problema con la justicia antes de poder solicitarlo. Por lo tanto, Torres esperará hasta el año 2009. El está acostumbrado a jugar con el tiempo. Este residente del condado de Culpeper se ha pasado más de la mitad de su vida ayudando a otros y esperando conseguir lo que él quería. Este hombre de 32 años se sonríe fácilmente y bromea cuando le dicen que "parece que tiene 42 años" porque siempre ha trabajado duro. Por ser el mayor de 9 hermanos, el fue el primero en irse de México. Tenía 16 años cuando cruzó la frontera hacia California, solo. Eso fue en 1990. Tres años después, llegó al este después de que un amigo le hablara de Virginia. El era quizás uno de los 10 hispanos que vivían en Culpeper entonces, dijo, riendo otra vez. El encontró un trabajo de aprendiz en la granja Battlefield, que era una compañía pequeña en ese momento. Luego se convertiría en un masivo semillero con 30 acres de viveros, casi 200 empleados en las temporadas altas y con ventas anuales de casi $24 millones, dijo Anthony Van Hoven, director asistente. El 85% de la mano de obra es hispana. Torres obtuvo aumento de salario y promociones regularmente y en el presente él es el supervisor de envíos de la compañía. Él gana $18 a la hora. Conduce una camioneta que se mandó hacer especialmente y vive en una casa que construyó para él, su esposa y sus tres hijos. Desde el día que llegó a Estados Unidos, Torres ha estado mandando dinero a su casa en México. El envió a todos sus hermanos y hermanas a la escuela y se trajo a 2 hermanos, una hermana y a su padre a trabajar aquí con él. "No he venido aquí a divertirme. He venido aquí para ayudar a mi familia", dijo. En la granja Battlefield hay 14 empleados pasando por el mismo proceso que Torres pasó. Algunos de ellos han pagado a abogados más de $10,000 para conseguir sus documentos y poner su historial de trabajo en orden, Van Hoven dijo. Algunos de los trabajadores quieren ser legales para poder ir a ver a sus familias al sur de la frontera y poder volver seguros a Estados Unidos. Un hombre en la granja Battlefield no ha ido a su casa de México en 10 años y eso que le dijeron que tardaría un mes en gestionar sus papeles de residencia permanente. "Esto fue hace año y medio", dijo. "Es duro para muchos de ellos porque no hay un horario concreto. Solo tienes que esperar tu turno".

Fuente: Por Cathy Dyson, The Free Lance-Star


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