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Migrantes, desplazados y refugiados

Lima. Agencias. | 3 de Octubre de 2015 a las 13:59

Siempre es bueno hacer una reflexión en el marco de un enfoque integral de los derechos humanos a esta especial coyuntura que, sin lugar a dudas, pone a prueba la solidaridad internacional y la sensibilidad de los gobiernos. En este caso, la reflexión nace como parte de acostumbradas conversaciones y análisis que en la materia acostumbro a realizar con quien quizá es el especialista más capacitado que tiene nuestra Cancillería en el área del análisis y estudio del fenómeno migratorio.

Lo atestiguan las publicaciones de excelente calidad que produce, su iniciativa que llevó a la creación de la elogiada Mesa Intersectorial para la Gestión Migratoria que preside la Cancillería en el ámbito intersectorial, así como también el hecho de ser miembro (reelegido recientemente) del Comité de Expertos de Naciones Unidas en el marco de la Convención de la Convención de Trabajadores Migratorios y sus familias.

En efecto, reflexionando e intercambiando opiniones e información al respecto con el embajador Marco Núñez-Melgar Maguiña dimos vida a este somero artículo.

Pareciera que la invisibilidad de las migraciones en la agenda internacional, a la fuerza de su impacto debido a su multicausalidad y efectos en la sociedad global, se ha visibilizado de manera sostenida e impactante en las últimas décadas, y hoy en día de manera dramática a raíz de la reciente crisis del éxodo de millones de personas especialmente en la zona de África y Asia (Turquía, Pakistán, Líbano, Irán, Jordania, Etiopía), donde se sitúa el 45% de los refugiados que vagan por el mundo. Y estos son países que, dadas sus características de naciones pobres, han visto transformadas sus realidades socioculturales en un verdadero caos.

Por otro lado, tenemos a países de la Unión Europea que, hasta hace poco para ellos, eran solamente lejanas realidades y no los impactaban tanto. Hoy en día viven parte de esta dramática realidad producto de los desequilibrios en su desarrollo, las políticas xenófobas y de persecución de algunos regímenes dictatoriales, y las consecuencias de la violencia estructural y las guerras internas que, de alguna forma, han tenido de manera indirecta origen a través de cierta injerencia foránea de algunas de las grandes potencias desde un enfoque geopolítico y mercantilista.

Por las puertas de Italia y Grecia se han producido masivos desplazamientos que han generado movimientos de solidaridad en toda Europa, claro está, a la par de algunos movimientos de grupos xenófobos. Pero lo importante es que los gobiernos de la Unión Europea han enfatizado que apoyarán a estos migrantes forzados con planes y programas que en el marco de la política de la UE y las Naciones Unidas, vía el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), comenzaron a implementarse. En especial, la actitud decidida de la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, motivaron el desbloqueo de una primera aparente inacción, lo que ratificaron otros presidentes de la UE e inclusive del extracomunitario Gobierno inglés.

Las cifras son dramáticas en realidad. La UE ha recibido unos 380,000 refugiados por la vía marítima, pero si se suman a los que llegan por tierra, alcanzarían a 500,000 personas. Ello frente a los 500 millones de habitantes de la UE no significaría el trastrocamiento socioeconómico en este espacio europeo, siempre y cuando el apoyo financiero, el manejo de cuotas, la planificación para la adecuada inserción de tales migrantes en sus sociedades y la administración del fenómeno con las agencias encargadas en Naciones Unidas se haga con la debida planificación. Y digo esto por cuanto aún se espera mayores incrementos frente a la continuación de la guerra en Siria e Irak, que seguirá expulsando grandes masas de refugiados. Acnur estima que tal cifra de cerca de 500,000 podría aumentar a 900,000 aproximadamente a fines de este año.

El caso de los refugiados de los países de África y Asia tiene realidades kafkianas, pues muestra una realidad que se sitúa en el tiempo. Por ejemplo, Kenia acoge en los últimos 20 años a refugiados somalíes en el campo más grande de refugiados del mundo (cerca de 500,000, casi similar cantidad a todos los que están en Europa). A esto se suman países como Jordania, Tanzania, India, Turquía, Uganda, Pakistán, Etiopía y Chad, lo cual hace un aproximado de 600,000 refugiados.

El Acnur ha declarado que el nivel de desplazamientos (migraciones internas de sus lugares de origen) registrado es de alrededor de 6 millones de habitantes, debido, sobre todo, a la intensificación de la guerra en Siria, a los conflictos en Sudán del Sur y la República Centroafricana.


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