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Saña carcelaria contra miles de inmigrantes

Phoenix, Arizona. Agencias. | 2 de Noviembre de 2015 a las 15:56

En el Centro de Detención Migratorio Eloy, ubicado en este pequeño poblado homónimo de Arizona, las autoridades estadounidenses dan a los inmigrantes indocumentados un trato inhumano, como si fueran los peores y más desalmados criminales.

Quien denuncia lo anterior es Juan Miguel Cornejo. “A mí me castigaron por denunciar el trato que nos dan. Me trataron como al peor criminal, cuando yo no he cometido más que el delito de trabajar para buscar un futuro mejor para mi familia”, relata mientras abraza a su hija.

Eloy, una pequeña población localizada entre Phoenix y Tucson –a 96 kilómetros de la primera y a 84 de la segunda–, alberga uno de los centros de detención migratoria más grandes y, según sus internos, más crueles de Estados Unidos.

Manejado por el Buró de Cumplimiento Migratorio y Aduanal (ICE, por sus siglas en inglés), el Centro de Detención Migratorio Eloy alberga actualmente a mil 550 inmigrantes indocumentados: mil 56 hombres y 494 mujeres.

“Es como un centro de desquicio”, resume Juan Miguel: “Nos tienen aquí en supuesta espera de que se nos resuelva nuestro proceso migratorio, pero la verdad es que pretenden dejarnos aquí por tiempo indefinido hasta que tronemos, hasta que pidamos que por piedad nos deporten”.

Como asesinos

El Centro Eloy, que antes de convertirse en una especie de cárcel migratoria era una prisión federal, se maneja bajo las más estrictas medidas de seguridad; como si en lugar de tener tras sus celdas a gente sin papeles tuviera a asesinos.

A Cornejo, de 39 años de edad y originario del Distrito Federal, lo metieron al “hoyo” (la celda de castigo) el pasado 17 de agosto y ahí permaneció bajo condiciones inhumanas todo un mes. Su delito fue denunciar a los medios de comunicación de Estados Unidos las condiciones en las que el ICE tiene a los indocumentados en el centro de detención, y realizar una huelga de hambre para demandar mejores condiciones y trato.

En la exprisión federal, que se transformó en centro de detención migratorio en 1994, presuntamente se “han suicidado” cinco inmigrantes en los últimos 10 años. El más reciente es José de Jesús Deniz Sahagún, mexicano de 31 años de edad. La muerte ocurrió el pasado 20 de mayo.

Deniz fue detenido por agentes del Buró de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) el 15 de mayo de este año, cuando intentó meterse ilegalmente a Estados Unidos por el puente fronterizo de Douglas, Arizona. Tres días después de su detención, Deniz fue transferido a Eloy. Un día antes de su muerte fue llevado a una celda de observación, porque presuntamente padecía problemas psicológicos y tenía tendencias suicidas. En la mañana del 20 de mayo de este año, los custodios del centro lo encontraron muerto.

…PERO FUE SUICIDIO

De acuerdo con el Reporte Forense del Condado de Pima, la autopsia reveló que en el estómago Deniz tenía una cinta de plástico y, en la garganta, un calcetín y la mitad de un cepillo dental. La causa oficial de la muerte del inmigrante indocumentado fue suicidio, pero entre la comunidad de inmigrantes indocumentados de Eloy prácticamente nadie acepta dicha versión.

Fue precisamente la sospechosa muerte de Deniz la que llevó a Juan Miguel Cornejo a denunciar con su huelga de hambre el trato inhumano en Eloy (donde está recluido desde el 6 de mayo de 2014), lo que a su vez propició que lo metieran al hoyo por un mes, de donde salió el pasado 17 de septiembre.

A Juan Miguel los agentes del ICE lo arrestaron el 18 de agosto del año pasado en el estacionamiento de su casa, en Phoenix, Arizona. En su casa se quedaron su esposa, Sandra Ojeda, y sus dos hijos menores de edad: Joel y Sandra. Ocho horas después de su detención, Juan Miguel ya había sido deportado a Nogales, Sonora, mientras su familia se quedaba en Phoenix.

LA LARGA ESPERA

Con la idea de volver a cruzar la frontera y reunirse con su esposa y sus dos hijos, Cornejo se quedó en la frontera, donde comenzó a trabajar como pintor. Pasó varios meses viviendo en Nogales y trabajando, hasta que fue secuestrado por miembros de una banda criminal. Con la ayuda de familiares y amigos pagó su rescate y, al quedar en libertad, cruzó la línea fronteriza y pidió asilo político en Estados Unidos. Fue entonces cuando el ICE lo trasladó a Eloy. Ahí permanece en la incertidumbre total, esperando una resolución respecto de su caso.

“Nos quieren desesperar, pero no a mí. Yo seguiré aquí hasta que me den el asilo, no pediré que me deporten”, sostiene Juan Miguel ante la mirada de su esposa y sus dos hijos.

La huelga de hambre que realizaron Cornejo y algunos de sus compañeros por la muerte de Deniz pronto trascendió los muros de la exprisión y llegó a los medios. Bajo la presión de los periodistas, el Departamento de Seguridad Interior (del que depende el ICE) abrió las puertas de Eloy a la prensa el pasado 28 de julio, “para que vieran que eran falsas las versiones del trato inhumano a los indocumentados ahí detenidos”.

LAS REVELACIONES

Cornejo sostiene que, antes de que entraran los periodistas, los custodios –en su mayoría de la empresa privada Corrections Corporation of America, subcontratados por el Departamento de Seguridad Interior– les advirtieron que se “portaran bien” y que hablaran bien de la situación de vida dentro del centro.

Al ser entrevistado, él no se calló y pese a las advertencias denunció la situación y el trato inhumano perpetrado por los custodios.

Las represalias por la desobediencia no fueron inmediatas. Llegaron apenas se había diluido el golpe de los reportes periodísticos sobre la situación en Eloy. Así, el 17 de agosto, a Juan Miguel lo metieron al hoyo: una celda de cuatro por cuatro metros, aislada.

Desde la visita de los reporteros, el ICE restringió la entrada de medios de comunicación y prohibió estrictamente las entrevistas a Cornejo. El corresponsal pudo charlar con este mexicano antes de que lo sacaran del hoyo; lo logró gracias a que ingresó al centro registrado como “amigo de la familia”, junto a la señora Sandra y sus dos hijos, un sábado de septiembre último durante la visita de 40 minutos permitida a los “presos castigados”.

“Si estás en el hoyo, tienes también que someterte a la porquería de comida que dan, que es pésima; pero no hay alternativa, te la tienes que comer las dos veces que te la dan”, explica el mexicano.


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