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Inmigrante moviliza latinos en apoyo a Clinton

Nueva York. El País. | 27 de Noviembre de 2015 a las 12:22

Cuando Lorella Praeli tenía dos años, en Perú, un coche la atropelló. Los médicos le amputaron la pierna. Le costaba caminar. Intentaba levantarse, sin éxito. Su padre no permitía que nadie le ayudase.

 “Yo me caía y él me cantaba: ‘Cuando me caigo me levanto, cuando me levanto me vuelvo a caer’. Era un mensaje que tenía un valor: ‘Te vas a caer en la vida. Te vas a tener que levantar’. Él me quería asegurar que yo podía hacerlo sola, que no era el fin del mundo si me caía”.

Y así fue. Praeli se levantó, aprendió a caminar, emigró a Estados Unidos, estudió, y se convirtió en una destacada activista en favor de los dreamers, o soñadores, los inmigrantes indocumentados que, como ella, llegaron a este país siendo menores de edad.

Ahora es la jefa de la campaña de la candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, para los votantes latinos. Supervisa, desde el cuartel general de la campaña en el distrito neoyorquino de Brooklyn, los esfuerzos para movilizar a este segmento de la población clave para la elección del presidente Barack Obama en 2008 y su reelección en 2012. Clinton necesita a los latinos si quiere asegurarse la victoria en los caucus (asambleas electivas) y primarias, que decidirán la nominación demócrata y arrancan en febrero, y en las generales en noviembre de 2016.

“A veces me tengo que pellizcar”, dice Praeli, de 27 años, en la sede de campaña. “Te dices: ‘Se supone que yo no tendría que estar aquí’”.

Praeli, casada con un estadounidense, es residente legal, pero aún no es ciudadana.

Es la máxima responsable de la movilización de los hispanos, pero nunca ha votado en este país. Espera hacerlo en 2016 cuando haya obtenido la ciudadanía.

Trabaja en la sala de máquinas de la campaña de una candidata con posibilidades de ser la primera mujer presidenta, pero mantiene el espíritu de activista.

El mundo de los indocumentados no es una abstracción para ella. Su padre se quedó en Perú, pero su madre, Chela, vive en Estados Unidos y no tiene papeles. Chela es una ilegal, por usar la palabra denigratoria para referirse a los indocumentados. Es la palabra que usan, entre otros, candidatos republicanos como el magnate Donald Trump, que ha subido en los sondeos con una retórica agresiva contra los inmigrantes sin papeles, o Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos pero contrario a la regularización masiva de los indocumentados. La propia Clinton usó hace unos días el término ilegal, aunque ha dicho que fue por error y no volverá a hacerlo.

En Estados Unidos viven unos 55 millones de personas de origen latinoamericano, el 17.5% de la población. De estas, unas 28.5 millones podrán votar en las elecciones del año próximo. No todas lo harán.

En las últimas presidenciales, en 2012, de los más de 23 millones de latinos que entonces podían votar acabaron emitiendo el voto menos de 12 millones. Un 71% de latinos votaron al demócrata Obama. Un 27%, al republicano Mitt Romney. Para que el voto latino vuelva a ser decisivo, Clinton debe lograr que los latinos acudan a las urnas.


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