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Un suplicio el sueño americano

Organización Editorial Mexicana | 10 de Septiembre de 2007 a las 00:00
Luego del paso del huracán "Stan" en octubre del 2005, que arrasó con los puentes y las vías del ferrocarril en la costa chiapaneca, las rutas de los miles de inmigrantes centroamericanos que a diario las utilizaban como medio de transporte han cambiado, pero no en su totalidad, ya que si antes usaban el tren para transportase, ahora lo hacen recorriendo a pie los 270 kilómetros, que van desde Suchiate, municipio fronterizo con Guatemala, hasta Arriaga, donde aún llega el "gusano de acero".

Por Rubén Zúñiga y Rosario González, desde Tapachula, Chiapas.

En su largo peregrinar los miles de centroamericanos que se aventuran en busca del sueño americano son presas fáciles de policías y agentes migratorios, quienes los despojan de lo poco que llevan para sobrevivir en su larga trayectoria, empezando su calvario desde que ponen un pie en territorio mexicano. Y es que al cruzar el río Suchiate pareciera que los agentes estuvieran a la caza y se habla de colusión con los mismos transportistas, quienes a fin de que les permitan traficar gente pagan la "cuotas" o, caso contrario, son entregados de lleno a las autoridades. Otros que están a la expectativa aún en la línea divisoria son los llamados "coyotes o polleros", quienes tienen otras "alternativas" para los inmigrantes y los hacen viajar en dobles fondos de camiones, exponiéndolos a la asfixia por el sofocante calor, soportando condiciones infrahumanas y viajando casi estibados uno encima de otro. En Suchiate las vías férreas actualmente están desérticas de personas indocumentadas, en la cabecera municipal de Ciudad Hidalgo y colonias de este municipios, donde antes pasaba el "gusano de acero", después de casi dos años del paso del huracán "Stan", hoy se sabe que los reyes del tráfico de humanos son los polleros, quienes desde la frontera guatemalteca hacen los contactos para llegar a los Estados Unidos. Las vías del tren, que en muchas partes han sido saqueadas por los vendedores de acero y donde los durmientes han desaparecido entre el monte por el paso del tiempo, antes del fenómeno meteorológico se veían concurridas por centenares de personas centroamericanas, que con impaciencia esperaban la llegada y salida del tren carguero para internarse a territorio mexicano. Las comunidades más concurridas por grupos centroamericanos donde antes se veían personas indocumentadas eran el ejido El Campito, Dorado Nuevo, 20 de Noviembre, Ciudad Hidalgo, donde hoy, de acuerdo con comentarios de las autoridades ejidales y a la misma gente que ahí habita, actualmente se respira con mayor tranquilidad, porque ya no se ven grupos de centroamericanos que esperaban los trenes cargueros. En estos pasos o estaciones, como les llamaban ya los indocumentados, hasta antes de "Stan" se podían ver ciudadanos de origen guatemalteco, salvadoreño y hondureño, aunque también en menor escala llegaban procedentes de otros países, como Nicaragua, así como de países de nacionalidades sudamericanas como ecuatorianos, colombianos e incluso algunos asiáticos y europeos. Fuentes fidedignas que piden la omisión de sus identidades señalan que actualmente los grupos de indocumentados pasan únicamente por las noches a través del río Suchiate, mediante cámaras o balsas, para luego ser concentrados en lugares estratégicos, donde son embarcados en camiones de carga en dobles fondos, tráfico que se ha incrementado y que se sabe de forma extraoficial que están inmiscuidas diferentes autoridades. El llamado tráfico hormiga aún se da a diario, siendo estos pequeños grupos de ilegales los que buscan llegar al municipio de Arriaga, para de ahí tomar el tren e internarse aún más a los estados centrales, para lo cual muchos de ellos caminarán por caminos de extravío, siguiendo los durmientes o lo que queda de las vías del gusano de acero, convirtiéndose en presas fáciles de bandas delictivas y padeciendo el asecho de agentes policiales y autoridades migratorias.

En condiciones infrahumanas

De forma extraoficial se sabe que ahora los embarques de gente ilegal son más comunes, pues al desaparecer el tren carguero, éstos se han constituido en la ruta más factible para buscar llegar al territorio estadounidense, en búsqueda de los billetes verdes. Es así como, tras cruzar el río divisorio entre México y Guatemala, decenas de ilegales son embarcados en camiones o vehículos con dobles fondos, donde en condiciones infrahumanas hacinadas, en espacios donde apenas caben, recorren el territorio mexicano para buscar llegar hasta la Unión Americana. Los tratos con los "coyotes, enganchadores o polleros" se hacen desde el territorio guatemalteco, siendo ahí donde los ilegales, que se han desprendido en su mayoría de las ocasiones de todas sus pertenencias, pagan sumas superiores a los diez mil pesos por persona para buscar llegar a Estados Unidos. Con la única esperanza de llegar a suelo americano, inmigrantes centroamericanos deciden dejar a su familia, poniendo en peligro su vida para poder cruzar México y llegar hasta la frontera norte del país. No obstante, al comenzar su éxodo desde Suchiate, municipio en el que inicia tierra azteca en la frontera sur, han tenido que lidiar con el abuso de policías federales y caminar por caminos de extravío por más de dos horas para poder llegar a Tapachula.

Samuel y David: dos nicaragüenses

Sufrimiento, dolor y desesperación se escucha en las voces de un grupo de centroamericanos, se trata de Samuel y David, quienes caminaron desde Nicaragua hasta Guatemala para de ahí internarse a México. Los acompañan Miguel, Joel y Hernán, estos últimos oriundos de Honduras. El grupo de inmigrantes, en un principio temerosos por la presencia de los enviados de Diario del Sur, sólo observan con detenimiento la ropa que vestimos. Sin embargo, es Samuel, inmigrante nicaragüense, quien accede a charlar a las afueras del Albergue para Migrantes Belem, ubicado en la colonia San Antonio Cahoacán, en Tapachula. Samuel viste una camisa azul marino tipo polo, pantalón de mezclilla azul y zapatos color café. Se sienta sobre una gran roca, y entre balbuceos declara: "Me robó la policía. El lunes venía de Tecumán, Guatemala, para acá pasó la combi que está de este lado del río aquí en México y me subí, pero adelantito nos paró una patrulla mexicana que nos quitó todo", dijo. Mientras sus compañeros de viaje se arremolinan hasta el sitio en donde el entrevistado y el heraldo de Organización Editorial Mexicana dialogaban. Y abundó: "Con lo poquito que ganaba en mi trabajo, con eso fui ahorrando para poder brincar para acá, pero ya nos robaron todo, ya no tenemos nada". Acusó que el responsable del delito fue un elemento de la Policía Federal de Caminos, al tiempo de asegurar que la unidad policíaca era blanca con negro, cuyo oficial les dijo que no tenía ningún problema con ellos, sin embargo, les pidió más de 200 pesos por cada inmigrante. "Nos dijo, miren, voy a soltarlos, pero déjeme el dinero, y nosotros como no teníamos otro remedio se los dimos, nos dejó venir para acá y habló con el de la combi. Cuando veníamos en la combi, el chofer le prendió las luces y las bajo varias veces y luego paró, por eso creemos que todos están coludidos". Samuel, quien es nacido en Managua, dijo que su travesía la inició en autobuses que lo llevaron desde su país natal hasta Guatemala y la frontera con México. Tuvo que ahorrar por varios meses parte del sueldo que ganaba, y con sólo 200 dólares decidió salir de su hogar para conseguir el sueño americano. Dejó a su esposa Maritza y su hijo Oswaldo, de 7 años de edad, porque "al ver la situación económica, uno agarra valor para salir del país y buscar una mejor oportunidad". Al conversar con el reportero, Samuel, con lágrimas en los ojos, aprovechó para enviar un mensaje a su familia: "Estoy bien, que no se preocupen por mí, gracias a Dios estoy bien y voy buscando una mejor vida para ellos y para mí". Al cuestionarlo sobre si continuará su viaje, a pesar de que el tren ya no encuentra en funciones, y que hay que trasladarse hasta el estado de Oaxaca para poder abordar el gusano de acero, su rostro se llena de esperanza y declara "vamos a hacer la lucha, ojalá que Dios nos ayude". Dijo que por reglamento, el Albergue Belem les impide quedarse más de tres días, por lo que al cumplirse el tercer día tienen que comenzar de nuevo su viaje. Dentro del grupo de inmigrantes, nos encontramos con Miguel, joven de escasos 18 años, de origen hondureño, quien estudia con gran esfuerzo la licenciatura de Computación, a pesar de ganar entre 5 hasta 15 dólares al trabajar como obrero. Reveló que para el grupo de seis inmigrantes era la primera vez que inician el viaje para llegar a Estados Unidos, y replicó "por eso, por ser la primera vez que cruzamos, nos han hecho leña". El joven hondureño sostuvo que no le importa tener que caminar para poder conseguir transporte, al preguntarle si la falta de un medio de transporte lo haría desistir, indicó "No, vamos pa'delante, hasta que encontremos el tren y ojalá no nos hallemos con la migra, porque de todos modos no tenemos ya que darles". Sin embargo, este grupo de extranjeros aseguraron que continuarán su viaje hasta Arriaga, de ahí a Oaxaca y de ahí a México o a Veracruz, hasta encontrar el tren para que puedan llegar más rápido a la frontera norte, sin importar que tengan que caminar por caminos de extravío y poner en riesgo la vida.

Sólo los recuerdos

Para los ciudadanos tapachultecos, como Armando Hernández Paniagua, desde el paso del huracán "Stan", que se devoró parte de las vías férreas del tren, los grupos de inmigrantes que abarrotan la 16 poniente ya no se encuentran ahí. El ciudadano expresó que después del fenómeno meteorológico, los inmigrantes que esperaban el tren en esa avenida de Tapachula ya no regresaron. "Ahora de repente pasan algunos inmigrantes por aquí pidiendo comida, creo yo que son los que están perdidos, que no saben cómo está la situación, porque desde hace dos años todo está más tranquilo". Añora el vecino de la colonia Belisario Domínguez, ubicada al margen de las vías férreas, dijo "aquí se ponían en grupo en toda la banqueta, como tiene la marquesina se defendían del Sol, del agua, por eso se sentaban ahí, aunque siempre fueron muy respetuosos, nunca me quisieron robar o algo parecido". Sin embargo, dejó entrever que existía temor por la presencia de los extranjeros; "siempre había un poco de desconfianza, no porque fueran malas personas, porque nunca sufrí de algún problema, ni nos quisieron asaltar, nada de eso, lo que sí es que pedían de comer, les dábamos agua o una tortilla, lo que hubiera para comer". Y es que en ese sitio el tren cobraba 'peaje' a los inmigrantes al cercenar las extremidades de quienes se atrevían a montar al también nombrado gusano de acero. Hernández Paniagua recordó, como si fuera ayer, los gritos de dolor de los inmigrantes, que al no poder subir a la bestia de acero, cayeron entre las ruedas del tren y perdieron las piernas. "Por allá, donde está aquel árbol, le quitó el tren las piernas a un inmigrante y se oían los lastimeros llantos, y sí se miraba aquí donde caían los inmigrantes y todos asustados estábamos los vecinos, veíamos pues que a algunos les iba mal, pero otros, pues, lograban subirse al tren de nuevo e irse". Otros de los problemas que observó don Armando es que los extranjeros no sólo tenía que lidiar con los operativos que hacia Migración en las vías férreas, sino que también tenían que enfrentar a delincuentes comunes y organizados. "Venían las bandas, como estaba el puente, habían bandas, asaltaban y les quitaban la paguita a los inmigrantes, su dinerito, quién sabe quién. "Todavía pasan, pasan algunos, ya no muchos, y hace como dos años habían bastantes inmigrantes, eran como unos 250 inmigrantes diarios que veíamos esperando el tren". Precisó que observó como en dos ocasiones el tren "le trozaba las piernas completamente a la gente, se las volaba, era muy feo, porque son humanos y se siente feo. Yo miraba como le chorreaba la sangre, es muy feo, es horrible". Sostuvo que los vándalos como los "Barrios 18" o la "Mara Salvatrucha 13" (MS 13), "los mareros aquí se subían con los inmigrantes y los robaban, pero ahora, gracias a Dios, ya no pasa el tren acá".

Instalación de ferrocarriles, cueva de malvivientes

Luego del paso del huracán "Stan" por la Costa de Chiapas, el tren, que fuera el medio de transporte para los migrantes, quedó sin funcionar, y ahora las instalaciones se han convertido en cueva de malvivientes. Sin embargo, las vías del ferrocarril Chiapas Mayab están vacías, ningún vagón se observa alrededor, ni inmigrantes que deseen subir al tren, pero años atrás era un punto de reunión para los indocumentados que buscan llegar a suelo americano al subir al tren que salía de Tapachula. Por el contrario, los inmigrantes que viven en los albergues Jesús El Buen Pastor, sitio en el que se refugian los indocumentados mutilados por la bestia de acero, recuerdan el dolor que les dejó. Y es que el precio que ellos pagaron por buscar el sueño americano al viajar en tren fueron sus piernas o brazos. El albergue de Jesús del Buen Pastor recibe a los inmigrantes enfermos, entre ellos a los mutilados por el gusano de acero. El buscar el sueño americano se convirtió en una trágica pesadilla para Donald, inmigrante hondureño, de 28 años, quien probó el sabor del metal por unos instantes, al caer en las ruedas del tren hace cuatros años. Horrible fue el sueño, ya que sólo recuerda que cayó fuerte al suelo, y luego sintió un fuerte dolor; horas más tarde Donald había despertado en el hospital de Arriaga. El joven hombre recuerda que hace ya cuatro largos años que había salido de su natal Honduras, para viajar luego a Guatemala e ingresar a México como indocumentado con el fin de llegar a los Estados Unidos, pero el plan no resultó bien. Donald perdió ambas piernas en 2004, para luego ser trasladado al albergue de Jesús el Buen Pastor, sitio en el que vive y apoya a todos sus hermanos inmigrantes. Con sus muletas bajo el brazo y apoyándose en las prótesis que ahora le sirve como piernas, camina, mientras en el rostro se le figura una sonrisa al observar a sus compañeros del albergue. Accede a dialogar con Diario del Sur y reconoce que aún los migrantes centroamericanos buscan el mismo sueño que él, pero que ahora la travesía está más "pisada". Y es que desde Ciudad Hidalgo hasta Ixtepec, Oaxaca, los inmigrantes caminan aproximadamente 459 kilómetros. No obstante, se logró saber que los inmigrantes también ingresan a Chiapas a través de Ciudad Cuauhtémoc, circulan por Comitán, Catazaja y luego llegan a Villahermosa, Tabasco. Al mismo tiempo que Tenozique de Pino Suárez, localidad que colinda con Guatemala, es otro de lo puntos de acceso de inmigrantes centroamericanos. Respecto a la llegada de inmigrantes centroamericanos, Donald expresó que "a veces han llegado hasta unos cinco, seis, ocho, diez inmigrantes, muy de mañana se van; algunos están aquí dos, tres días, temporal y siguen". Donald reveló que la forma de viajar son los caminos de extravió o seguir las vías del tren; es la "línea directa de ellos -los inmigrantes-, es fácil irse por las meras vías del tren o se van preguntando. Momentos en combi, momentos a pie. Esa es la forma de irse del migrante a dar con el tren, esa es la búsqueda que hacen". El ciudadano hondureño reconoce que ahora es más terrible llegar a los Estados Unidos, ya que el tren "cobra muy caro el pasaje, muy duro, y decir que es una buena solución viajar por el tren no es cierto, aunque quien no ha sufrido nada lo puede ver así, pero aquellos que hemos sido víctimas del tren por ir ahí, sería egoísta de nuestra parte decir metan el tren hasta aquí otra vez". Donald aseguró que los polleros usaban el tren que salía de la Estación de Ferrocarriles de Tapachula para trasladar a los inmigrantes, y a diario se observa como ingresan 100 ó 300 indocumentados a las cajas del tren, en las que se trasladaba material para la construcción u otros productos. "Aquí cuando operaba el tren había un gran red de tráfico de gente, muchos iban respaldados por el maquinista, esos no van arriban, sino adentro de las góndolas, pero eso ya era un privilegio y había que pagarlo". Y explicó: "Si tú o tu familiar responden, vas respondiendo con el dinero, el arreglo es con el pollero, y éste es el que hace trato con el maquinista; nosotros denunciamos eso, pero nunca tuvimos respuesta". Sostuvo que efectivos de la Procuraduría General de la República (PGR) realizaron "una investigación especial, que decían que venían del DF, recogieron como 50 denuncias, de quienes habíamos sido víctimas y que habíamos visto diferentes casos y se denunció todo tipo de delitos y qué hicieron, pues alguna negociación llegaron, porque nunca se supo nada". Donald recordó que hasta los supuestos elementos de la PGR les prometieron que donarían varias prótesis a los inmigrantes por colaborar con las autoridades, promesa que nunca se cumplió. Sin embargo, relató que cuando aún estaba en funciones el tren de la empresa Chiapas Mayab, llegaban a diario hasta 50 amputados al albergue Jesús El Buen Pastor, que dirige Olga Sánchez, pero ahora eventualmente se reciben a inmigrantes mutilados. TRUNCANDO SUEÑOS Y SUS MIEMBROS Al respecto, Inés Sánchez Martínez es la encarga del albergue, mientras que su hermana Olga Sánchez es directora del refugio para inmigrantes Jesús El Buen Pastor, ubicado en el entronque al ejido Raymundo Enríquez. La señora Inés accede a entablar la conversación y revela que el albergue busca que el inmigrante recupere sus fuerzas, coma, beba, pueda tener acceso a la atención médica y medicamentos, así como ayuda moral. Reveló que la mayoría de inmigrantes que se encuentran en el albergue es de Honduras, y a pesar que el tren ya no opera en Tapachula y la Costa, no ha dejado de disminuir el arribo de inmigrantes amputados. "Por el momento, de aquí no hemos tenido inmigrantes amputados por el tren, pero sí nos van mandado personas de otras ciudades, como de Arriaga o de Veracruz, y es haya en donde, pues, continua circulando el tren, entonces allá ha ocurrido esos accidentes, pero ya es en menos cantidad". Manifestó que en lo que va del año se ha recibido alrededor de 150 inmigrantes, y tan sólo en el 2006 se recibieron aproximadamente 300 indocumentados de todas las edades. Sin embargo, las extorsiones, los robos y las violaciones son las vejaciones más comunes que sufren los inmigrantes, reconoció Inés Sánchez Martínez, pero "lo que es la Policía Municipal los han extorsionado, no sé si estén involucrados con polleros, pero sí los extorsionan". Declaró que los inmigrantes, no sólo padecen el frenesí de autoridades corruptas que violan sus derechos y los extorsionan, sino también que los indocumentados "los asaltan en el camino, los machetean, y a las mujeres las violan, y también se han recibido a esas mujeres violadas que han llegado al hospital." Sin embargo, reconoció que "hay inmigrantes que se quedan en el camino y son los que se dedican asaltar a los otros inmigrantes, porque ya nos ha tocado que nos cuenten algunas de las personas que han sido asaltados, y nos dicen que los mismos compatriotas los han asaltado y golpeado". Inés Sánchez agregó que "la mayoría de los inmigrantes es gente trabajadora que quiere cambiar el nivel de vida que tiene allá en su país, y la mayoría que viene aquí es gente trabajadora". Por lo que tanto su hermana Olga Sánchez como ella buscan apoyo de organización filantrópicas para ayudar a los inmigrantes, además que con una pequeña tienda de abarrotes obtiene algo de dinero para la manutención del albergue Jesús el Buen Pastor.

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