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¿Quién sale beneficiado con la crisis migratoria?

México, DF. Por Ana María Aragonés/La Jornada. | 12 de Diciembre de 2015 a las 09:59

Se ha señalado con insistencia que la crisis migratoria de estos últimos años ha sido la más profunda vivida desde la Segunda Guerra Mundial, y si bien los números pueden ser algo confusos, es posible hablar de millones de personas las que huyen de las condiciones inaceptables de violencia, guerras, torturas, explotación, pobreza, hambre, etcétera. Se han lanzado a un largo y peligroso camino en busca de nuevos horizontes de vida, pero la respuesta que los países están dando a esta situación no es la más adecuada, pues aluden a un incierto espíritu de solidaridad que depende de la buena voluntad de los gobiernos, y por tanto pueden o no otorgarla pretextando cualquier inconveniente, aun cuando hayan firmado acuerdos y tratados internacionales.

Una traba más que enfrentan estos seres humanos es que las autoridades quieren dividirlos entre aquellos que pueden ser considerados como refugiados, pero rechazan a los que consideran como "migrantes económicos" y por tanto no son sujetos de recepción. Lo cual es una aberración, pues todos ellos deben ser considerados "migrantes forzados", pues lo que los mueve son razones de sobrevivencia. Es inaceptable que se busque detenerlos con vallas metálicas, con gases lacrimógenos, haciéndolos sentir culpables de esa situación. Es claro observar que cuando de migrantes se trata lo que sale siempre a la superficie es el expediente de la criminalización, sin importar sus trágicas condiciones.

En la medida en que las soluciones que los gobiernos dan a la crisis migratoria son inadecuadas, pues no resuelven sus causas, la presión sobre las fronteras se incrementa, lo que está permitiendo que se hagan presentes posiciones políticas de ultraderecha que justamente enarbolan las banderas de lo antinmigrante y del antieuropeísmo. Por ejemplo, se sugiere que la Unión Europea podría reforzar las fronteras externas al espacio Schengen, por lo que países miembros como España han comenzado a enviar guardias fronterizos y funcionarios de inmigración para apoyar a Grecia y de paso a Italia. Es más, tal parece que la Unión Europea analiza suspender temporalmente la libre circulación de personas en el espacio Schengen, y que esta suspensión se mantenga por dos años.

En este ambiente de extremo conservadurismo, surge el caso paradigmático del partido ultraderechista y antinmigrante del Frente Nacional con Marine Le Pen, quien alcanzó este domingo 30 por ciento de los sufragios, muy por encima de los republicanos y de los socialistas franceses. Tendencia que se repite en otro conjunto de países europeos. Por ejemplo en Polonia se eligió a uno de los Parlamentos más derechistas de Europa, es decir, antinmigrante; en Austria el Partido de la Libertad de extrema derecha ocupó el segundo lugar, claramente antinmigrante; mientras que el partido neofascista griego Amanecer Dorado ganó el tercer mayor porcentaje de las votaciones parlamentarias este año.

En este sombrío panorama llama la atención de Suecia, país reconocido a lo largo de los años por su tradición de respeto a los derechos humanos y de compromiso con el bienestar social de los seres humanos. País que creó la figura del ombudsman y que fue el primero que lo incorporó a su constitución. Suecia cuenta con sólo 2 por ciento de la población de la Unión Europea, sin embargo, acepta alrededor de 15 por ciento de los refugiados que llegan a la Unión Europea. Entre 2004 y 2013 ha concedido la residencia permanente a unos 500 mil solicitantes de asilo con sus familiares (Actualidad Internacional Sociolaboral nº 185). No hay duda que en la crisis migratoria actual, es el país que en relación con el número de habitantes recibe a la mayor cantidad de solicitudes de asilo, lo que explica por qué los migrantes tienen a dos países en mente cuando piden el asilo: Alemania y Suecia. Sin embargo, a pesar de su innegable apoyo a los derechos humanos, los ultraderechistas del partido Demócratas de Suecia, intentan revertir esta política que ha sido considerada como "bastión del humanitarismo".

La verdad es que hay responsables de esta tragedia y son las grandes potencias que han devastado a estas regiones y tienen una deuda con ellas, pues no es extraño que sean justamente estas regiones de donde provienen los migrantes, es decir, África, Oriente próximo. Como diría Eduardo Galeano, "no son países subdesarrollados, son países arrollados".

No se puede dejar de lado que la desigualdad económica y social se ha profundizado hasta alcanzar niveles inaceptables para la mayoría de las poblaciones del mundo. Un ejemplo lacerante es el informe Bonanza multimillonaria: los 400 de Forbes y el resto de nosotros en el que se muestra que los 400 personas más ricas en Estados Unidos tienen una riqueza superior a la de 61 por ciento de la población más baja, o sea, es más que la riqueza combinada de 194 millones de personas (más que las poblaciones combinadas de México y Canadá) (La Jornada, 5 de diciembre).

La larga y triste noche del neoliberalismo tiene que terminar.

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