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Ofrecen trabajo a inmigrantes para entregarlos a los Zetas

Washington. Agencias. | 14 de Diciembre de 2015 a las 17:26

Muchos son los migrantes hondureños que en busca de un “sueño” encuentran una pesadilla que les trunca sus deseos y en muchos casos hasta les lleva a la muerte.

Grupos criminales se están aprovechando de la necesidad de estos compatriotas para extorsionarlos y los obligan a pagar grandes sumas de dinero, a cambio de “perdonarles” la vida y dejarlos volver a casa.

LA TRIBUNA conoció una nueva forma de extorsión que está implementando desde unos meses un grupo de personas que dicen ser parte de la agrupación de “Los Zetas”.

De esa organización criminal han sido víctimas cientos de hondureños que solamente cuentan su odisea a sus parientes, y no a la Policía, por temor a que los pillos cumplan su amenaza de matarlos junto a sus familias.

La red usa como “anzuelo” la promesa de darles trabajo en Canadá a los migrantes. Lo único que deben hacer los interesados es trasladarse a Guatemala para sacar la visa y efectuar todos los trámites necesarios. Sin embargo, estando en ese país, son secuestrados para obligar a sus parientes en Honduras a pagar entre 3,000 y 4,000 dólares por concepto de su liberación. De lo contrario los matan y los tiran en zonas desoladas.

La “trampa” se basa en enviarlos a Guatemala, bajo la excusa de que en Honduras no hay activa una embajada de ese país.

CASO REAL

Carlos López –nombre ficticio que usaremos por razones obvias– es un joven hondureño, de oficio soldador, y padres de tres niños. El muchacho se contactó con LA TRIBUNA con el fin de alertar a los hondureños y evitar que caigan en las manos de esos criminales.

Durante varios meses buscó empleo para llevar el pan para su familia, búsqueda que resultó infructuosa y que lo tenía al borde de la desesperación. Un día llegó a sus oídos un rumor: “hay trabajo en Canadá”. Fue así que una nueva esperanza se abrió en su vida, ya que él soñaba con salir de la pobreza y lograr cambiar la vida de sus hijos.

A través de unos vecinos de su barrio, López logró contactarse con un “catracho” que conocía el caso. “Yo a él –al hondureño– no lo conocía, pero me dijo: mire compa, esto es trabajo para nosotros los pobres y pagan bien, no hay que perder la oportunidad. El muchacho, que solo me dijo se llamaba Marcos, me contactó con otra persona en Guatemala”.

En años anteriores, las estadísticas reflejaban que en promedio los hondureños enviaban desde Canadá 1,658 lempiras diarios.

En años anteriores, las estadísticas reflejaban que en promedio los hondureños enviaban desde Canadá 1,658 lempiras diarios.

En medio de la angustia y sus ansias por sacar adelante a su familia, López llamó al contacto, quien le informó que debía trasladarse a Guatemala y llevar toda su documentación para que le tramitaran la visa de trabajo para Canadá, donde trabajaría de soldador.

El incauto le dijo que no tenía dinero para sacar la visa, a lo que el supuesto contacto le indicó que no se preocupara, que cuando comenzara a trabajar le pagara todos los trámites realizados.

“Yo creí, y usted sabe, que en medio del hambre y ver que los cipotes no tienen nada para echarle al estómago, uno no piensa en otra cosa, como pudimos, logramos vender unas cositas y le dejé encargada mi familia a una hermana”.

Así fue que con 5,000 lempiras en mano, el humilde hondureño se trasladó por vía terrestre al país vecino, específicamente al departamento de Zacapa, donde lo recibió una persona de aspecto formal. El extraño se presentó y le dijo que era parte del personal de la embajada de Canadá establecida en ese país; juntos abordaron un vehículo que, según López, lo llevaría a su nueva vida.

Luego de al menos cinco horas de camino, cuando ya eran casi las 5:00 de la tarde, el conductor paró en una zona residencial que el hondureño no logró identificar. Allí ingresó a una casa donde había un grupo de personas –entre hombres y mujeres– con mochilas y maletines de mano. Todos estaban sentados en el piso y con sus rostros desencajados.

Un hombre con aspecto de maleante, portando un arma de grueso calibre, entró a la sala y le dijo: “Sentate allí, ya te vamos a decir para qué sos bueno”. Un fuerte escalofrío recorrió el cuerpo de Carlos, quien no pudo hacer más que obedecer.

Esa noche algunos durmieron sin dudas ni temor, asumiendo que por ser “peones” los trataban de esa manera. Pero Carlos tenía un presentimiento que no lo dejó dormir ni un segundo. Alrededor de las 3:00 de la mañana, el motor de un vehículo los asustó, el ruido de personas platicando los puso en alerta y de inmediato varios hombres armados ingresaron al lugar; les dijeron: “¡manos arriba!”, tiren todo al suelo y no se pongan al brinco”.

La víctima relata que uno de los hombres tomó las pertenencias y les ordenó que se dirigieran a un camión que estaba aparcado afuera. “Era un camión como de los que venden leches y jugos allá, en Honduras”.

Prosiguió contando que “lo triste era que uno no podía preguntar por qué le recetaban golpes e insultos; yo quería llorar porque sabía que tenía segura la muerte”.

El joven indicó que el recorrido duró casi todo el día y sin hacer ninguna estación. Cuando el camión se estacionó ya era de noche. Los obligaron a bajarse, les taparon la cabeza y los tiraron al suelo. “Yo solo escuchaba que instaban a la otra gente, le decían que los iban a matar, las mujeres lloraban, pero yo no sabía qué pasaba”.

Explicó que cuando le llegó su turno, un hombre de voz fuerte y con acento de extraño le dijo: “Dame el número de alguien en tu país que tenga el billete”.

 

Siguió recordando que “me dijo: mira maje, somos de Los Zetas, si no querés que te dejen aquí, en el desierto, y con las moscas en la boca; dame el número que tenga los fajos”.

Carlos le manifestó que su familia era pobre y que no tenía parientes con dinero. El secuestrador reaccionó enojado y le dijo: “¿Me querés ver la cara, hijue…?”, y le infirió varios golpes en la cabeza. A la media hora, el sujeto regresó y al hondureño no le quedó más que dar el número telefónico de un tío.

“Fue triste… Yo solo escuchaba que había unos hombres que les gritaban y amenazaban; como yo no miraba, no sabía qué les hacían, yo solo escuché varios tiros y gritos”.

En el lugar quedaban aún 25 personas, de las cuales, Martínez cree que cinco son hondureños.

DENUNCIAS

Las autoridades de la Fuerza Nacional Antiextorsión (FNA) indicaron que existen muchas formas usadas por las redes de extorsión para quitarles el dinero a los ingenuos. La portavoz de la Unidad, Norma Moreno, indicó que los hondureños deben presentar las denuncias correspondientes para evitar ser extorsionados.

Moreno indicó que existen todos los instrumentos necesarios para detectar desde dónde se realizan las llamadas, por lo que recomendó denunciar los hechos e investigar antes de tomar una oferta de trabajo o creer en llamadas en las que les avisan que han ganado premios de algún tipo, sin que ellos hayan participado.

Por su parte, LA TRIBUNA dialogó con el portavoz del Instituto de Migración, René Gómez Pinel, quien explicó que se realizarán las consultas pertinentes para informar si existen denuncias de ese tipo o ya hay casos reportados y resueltos.

Entre tanto, el portavoz de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), Aníbal Baca, indicó que durante el año han realizado varias capturas de personas que se hacen pasar como miembros de la embajada de Canadá o de Estados Unidos y ofrecen trabajo en esos dos países, haciendo que muchos incautos caigan en sus redes.

Explicó que esos casos quedan en estafa, ya que se roban el dinero de los desempleados y falsifican documentación para hacerse pasar por funcionarios migratorios o de empresas que brindan empleos.

En Honduras anualmente y casi siempre para la temporada de septiembre, octubre, noviembre y diciembre, se escucha en algunos medios de comunicación las oportunidades de empleo. En años anteriores, organismos contratistas de origen legal han hecho alianzas con los diferentes gobiernos para contactar al personal calificado para desarrollar diversas obras en Canadá.

Los hondureños no deben dejarse engañar y deben consultar a las autoridades de migración, para conocer si los ofrecimientos son reales o no.

TRISTE DESENLACE

Un mes después de ser secuestrado en Guatemala, Carlos López regresó a Honduras y pudo contar su historia a LA TRIBUNA. Sin embargo, el desenlace de esta historia no es de felicidad, puesto que el humilde soldador debe esconderse en su propia nación, debido a las amenazas a muerte que ha recibido contra él y su familia.

“Mire, pasó como un mes… Ellos –los secuestradores– solo me dijeron: mirá hijo de tantas, te vamos a soltar, pero eso sí, ¡cuidadito con ir de sapo!, porque te quemamos a tu vieja con todo y los hijos, y después te mandamos a pasconear”, recordó entre llanto el joven.

Martínez explicó que su tío, como pudo, se armó de fuerza y junto a parientes y vecinos lograron recaudar el monto de la extorsión y lo pagaron, aunque no quisieron ahondar en cómo hicieron el pago.

Carlos dijo que él dejaría todo en manos de Dios y que seguiría su vida, aunque con temor. “Yo cuento esto con mucho miedo y esta es la única vez que voy hablar de mi caso, pero yo quiero que nadie más viva lo que yo viví allí y agradezco a Dios porque me regresó con vida y ahora estoy con mi gente”.


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