Escúchenos en línea

Latinos buscan el poder en los números

César Muñoz Acebes, Agencia EFE. Desde Washington. | 27 de Julio de 2006 a las 00:00
El poder económico de los hispanos en Estados Unidos es innegable, no obstante, su poder político no ha crecido a la par que su bolsillo, según los expertos. En el Congreso de Estados Unidos se debaten algunas de las medidas más duras contra la inmigración que hayan sido sopesadas en las últimas décadas, incluida la construcción de un muro en la frontera con México. Esta amenaza ha sacado de la apatía a muchos, que han engrosado marchas de cientos de miles de personas para pedir la racionalización del flujo migratorio y papeles para los entre 11 y 12 millones de trabajadores indocumentados que residen en el país. Por los números, uno vería a los latinos de Estados Unidos como un bloque de un peso abrumador. Al fin y al cabo se trata de una minoría que cuenta con 42.7 millones de personas y cuya expansión está transformando la economía, los gustos y el rostro de Estados Unidos. Casi la mitad del crecimiento de la población de julio de 2004 a 2005 se debe a los nacimientos de niños hispanos o la entrada de latinoamericanos en el país, según los últimos datos. Ese aumento explosivo causa ansiedad a algunos. Muchos políticos han optado por explotar ese temor, sin importarles el antagonizar a los latinos, pues son conscientes de que gran parte de ellos no vota al no ser ciudadanos americanos. Así se explica un proyecto de ley aprobado por la Cámara de Representantes en diciembre de 2005 que transforma en criminales a los indocumentados, entre otras disposiciones de mano dura. El ala conservadora del Partido Republicano y muchos estadounidenses no se consideran xenófobos al acusar a los latinos de no integrarse en la cultura dominante de Estados Unidos, de no aprender inglés y de ser leales a su nación de origen, y no a su país de adopción. Pero tal vez su argumento de mayor peso es que los inmigrantes en general, y los clandestinos en particular, son una carga económica para el país. Dicen que hacen caer los salarios y provocan facturas exorbitantes de los servicios de salud y educación públicos. En cambio, los partidarios de los inmigrantes consideran indispensable su aportación a la economía del país y para demostrarlo organizaron el pasado 1 de mayo el "Día sin Inmigrantes". Soñaban con una jornada en la que se paralizarían la construcción y la jardinería, no se limpiarían los edificios y se vaciarían muchos supermercados, restaurantes y aulas. Sin embargo, no fueron muchos los latinos que antepusieron la defensa de un ideal al riesgo de perder su trabajo por faltar ese día. A juicio de Louis DeSipio, profesor de la Universidad de California, el boicot fue una manera algo burda de demostrar su poder económico. Por un lado, su impacto fue difícil de medir en términos de ventas nacionales. Además, perjudicó a algunas empresas que son aliadas naturales de los hispanos, ya que apoyan la entrada de inmigrantes, pues ellos constituyen su mano de obra barata o sus consumidores, según explicó DeSipio. Aunque no lo demostrase el boicot, la influencia de los latinos en la economía es clara: Constituyen un 15 por ciento de la fuerza laboral y su poder de compra ascendió el año pasado a 735,600 millones de dólares, lo que supone un 8.1 por ciento del total en Estados Unidos, según un estudio del Centro Selig. Pero más que su nivel actual, lo impresionante "está realmente en el ritmo de crecimiento", dijo Rakesh Kochhar, un investigador del Centro Hispano Pew. "La trayectoria es asombrosa", añadió. Su poder de compra aumentará un 48 por ciento de 2005 a 2010, mientras que el del resto de la población se incrementará en tan sólo un 28 por ciento, según el Centro Selig. Además de como consumidores, los latinos tienen una gran acogida como trabajadores, especialmente en sectores como la agricultura, la construcción, la limpieza y la hostelería. "La economía de Estados Unidos depende en gran medida de la mano de obra inmigrante", dijo Paul Schlegel, director de política pública de la American Farm Bureau Federation, una asociación agrícola. Esa organización calcula que una reforma migratoria que sólo incluya medidas para restringir la inmigración, como la aprobada por la Cámara Baja, haría perder a su sector 9 mil millones de dólares al año. Pero hasta ahora los latinos han tenido dificultades en usar su peso económico para lograr un Congreso más receptivo a sus necesidades. La forma tradicional de ganar influencia política en Estados Unidos es a través de contribuciones a las campañas electorales, pero los hispanos aportan menos que el resto de la población, por su menor nivel de ingresos y porque no están acostumbrados a hacerlo, según indicó Rodolfo de la Garza, un profesor de la Universidad de Columbia. "Primero, no tienes dinero y, segundo, ¿por qué se lo vas a dar a un político?", resumió. De hecho, los candidatos latinos obtienen la mayoría de sus fondos de donantes no hispanos, indicó De la Garza. "La influencia de los latinos reside en su puro número. No veo que surja de la economía", dijo. Incluso los números se desaprovechan. En las últimas elecciones, en noviembre de 2004, sólo un 47 por ciento de los votantes latinos fue a las urnas, comparado con el 67 por ciento de los blancos no latinos y el 60 por ciento de los negros, según un estudio del Centro Pew. Sin embargo, a medida que aumente el porcentaje de hispanos nacidos en Estados Unidos, educados en este país y con mayores ingresos, su impacto en las elecciones será mayor, a juicio de Kochhar. Aún así, los números no lo son todo, como demuestra la experiencia de los cubanos inmigrantes en Florida. Según De la Garza, ellos sí que han sabido influir a los políticos del país en algo que les interesa en especial: las relaciones de Estados Unidos con Cuba. "La clave es la organización, más que los recursos económicos puros", subrayó DeSipio. Mientras, los que quieren restringir la inmigración y se oponen a la legalización de los trabajadores indocumentados destacan el costo que ellos suponen para el erario público. Según el Centro de Estudios Migratorios, los inmigrantes clandestinos provocan un gasto anual para el Gobierno federal de 10,500 millones de dólares al año, en concepto de servicios de salud, principalmente. Esa cifra es mayor en el caso de los estados y municipios, según John Wahala, uno de los investigadores del Centro, que dijo, sin embargo, que no se conoce su monto total. No hay una estimativa del impacto total de los inmigrantes en la economía, dado que es un fenómeno con muchos efectos contrapuestos. Sin embargo, la opinión general de los economistas independientes es que Estados Unidos se beneficia por la entrada de los inmigrantes, tanto de los que vienen legalmente, como de los que cruzan el Río Bravo o los desiertos de Arizona. Harry Holzer, profesor de la Universidad de Georgetown, destacó que los inmigrantes ofrecen una mano de obra barata que reduce el precio de los alimentos, la ropa y la vivienda, lo que beneficia a los consumidores, especialmente a los más pobres, que dedican un porcentaje mayor de su renta a estos fines. También disminuyen el costo médico, que se ha disparado en los últimos años de Estados Unidos, pues los hospitales del país están llenos de enfermeros y médicos extranjeros. Los inmigrantes también trabajan en el cuidado de los ancianos, otro segmento laboral que necesita empleados. Holzer mantiene que la carga en gastos públicos de salud que ellos suponen es baja en el país, pero reconoce que "no es insignificante en ciertos estados en la frontera", donde la proporción de inmigrantes es mayor. Aún así, cree que a largo plazo su impacto es positivo para las arcas gubernamentales, porque los inmigrantes, cuya edad media es menor que la población en general de Estados Unidos, contribuyen durante más años al sistema de pensiones y a los programas públicos de salud para los ancianos y los pobres. Una alegación frecuente de los conservadores es que los inmigrantes causan una caída de los salarios en Estados Unidos y les quitan puestos de trabajo a los estadounidenses. No obstante, este efecto parece ser pequeño. En el extremo alto del cálculo, George Borjas y Lawrence Katz, dos economistas de la Universidad de Harvard, calculan que desde 1980 a 2000 la inmigración ha reducido los ingresos de los trabajadores nacidos en Estados Unidos en entre un 3 y un 4 por ciento. David Card, de la Universidad de California, mantiene que no hay pruebas ni siquiera para aventurar esos números, de por sí bajos. A juicio de Holzer, una restricción total a la entrada de inmigrantes no llevaría necesariamente a una subida de los salarios en los sectores de hostelería, agricultura y manufacturas como la textil, donde existe un gran porcentaje de mano de obra extranjera. Según este experto, la reacción de los agricultores sería comprar más maquinaria, por ejemplo, y se abrirían menos restaurantes, pues ya no serían tan rentables.

Descarga la aplicación

en google play en google play