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Presionan por ‘Dream Act’ en Washington

Catalina Jaramillo, El Diario La Prensa. Desde New York. [email protected] | 28 de Julio de 2006 a las 00:00
El sueño de Sandra Velázquez, inmigrante mexicana de 21 años, es convertirse en concejal de Nueva York y fundar una organización sin fines de lucro que imparta talleres de música y arte para niños. Sandra, que llegó a Estados Unidos a los 5 años, se graduó en mayo de bachiller en ciencias sociales de Queens College. Gracias a su buen desempeño en la universidad, ha recibido ofertas de trabajo de oficinas de concejales y de Albany, pero no puede aceptarlas porque su estatus de inmigrante ilegal no le permite trabajar legalmente. "Me siento muy frustrada porque he trabajado bastante duro para poder lograr mis sueños y desaforadamente no puedo realizarlos por un delito que yo no cometí", dijo Sandra. Pero Sandra no quiere rendirse. Ayer (jueves), junto a otros cuatro estudiantes indocumentados de Nueva York, viajó a Washington para reunirse con miembros del Congreso y convencerlos de la urgencia de una aprobación del Dream Act, una propuesta de ley bipartidista que permitiría que estudiantes inmigrantes criados en Estados Unidos puedan realizar sus estudios superiores y obtener la ciudadanía estadounidense. Según Julie E. Dinnerstein, directora de la Coalición de Inmigrantes de Nueva York, el Dream Act ya fue aprobada por el Senado (incluido en la ley general de inmigración), pero para empezar a ser discutida en la Cámara de Representantes —donde dice que la mayoría la aprueba—, tiene que ser propuesta por el representante F. James Sensenbrenner, conocido por su rechazo a los indocumentados. Para crear conciencia en los legisladores, la Coalición de Inmigrantes de Nueva York y el Consejo Nacional de la Raza, reunieron a los jóvenes con los senadores Richard J. Durbin, Barack Obama, Edward M. Kennedy, Chuck Hagel y el congresista Lincoln Díaz-Balart, y con otros miembros del Congreso. "Muchas veces ellos están luchando sólo por unas leyes y no tienen caras", dijo Carlos Pérez, que luego de graduarse con un 3.2 de bachiller en negocios y administración, tiene que trabajar en restaurantes en vez de seguir estudiando leyes que es su sueño. "Este jueves nos conocieron y supieron que estamos luchando y que somos jóvenes que tenemos muchas aspiraciones y estamos ansiosamente esperando por esta ley", dijo Carlos, que lleva luchando dos años por obtener sus documentos. Los jóvenes están optimistas de su trabajo y dijeron que no van a rendirse hasta que los entiendan. "Nuestra situación no puede esperar hasta que el gobierno decida pasar una reforma migratoria completa", dijo Carlos. "Que por lo menos pasen esta ley este año porque nosotros estamos esperando y nuestro futuro está en el aire". Para ellos su situación es injusta, porque no están aquí por su culpa, sino que fueron traídos desde pequeños por sus padres. "Yo siento que soy americana porque crecí aquí, tengo todas las costumbres de América, aunque yo amo a mi país también, pero soy americana", dijo Sandra. "Es una injusticia que nos cierren las puertas así tan feo". Al no existir esta ley, muchos jóvenes como Sandra y Carlos que han completado sus estudios universitarios con buenas notas, se encuentran en un callejón sin salida. Los que quieren continuar estudiando no pueden acceder a las mejores universidades —aunque su desempeño lo permita— porque no tienen acceso a becas. Y los que quieren trabajar, no pueden hacerlo donde quisieran porque no tienen estatus legal. Muchos otros, enfrentan incluso la deportación.

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