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Miles de niños centroamericanos corren el riesgo de que los secuestren, los violen o los asesinen

Ciudad de México. Mundiario. | 23 de Agosto de 2016 a las 14:21

Los niños son el futuro de la humanidad. Suena grandilocuente pero no hay una certeza más obvia que esa. Muchos de estos niños puede que no lleguen a ser el futuro de nada ni de nadie, otros, refugiados y migrantes, deberán luchar mucho para conseguir que su destino, carente hoy de oportunidades, se torne en esperanza.

Más de la mitad de los refugiados del mundo proceden de tres países: la República Árabe Siria, Afganistán y Somalia; la gran mayoría de ellos, muchos niños, se dirigen especialmente a Turquía, Pakistán y Líbano. Por segundo año consecutivo, Turquía alberga al mayor número de refugiados en el mundo, con 2,5 millones de personas.

Aunque gran parte de la atención internacional ha estado centrada en los refugiados que llegan a Europa, durante el año 2015 se desató otra crisis de protección en América Central que ha afectado a la región inmediata y a Norteamérica. 

Es en este área, en Centroamérica, donde todos los meses miles de niños y niñas corren el riesgo de que los secuestren, los violen o los asesinen, o de ser víctimas de la trata, mientras intentan llegar a los Estados Unidos para buscar refugio contra unas pandillas brutales y una pobreza agobiante, y nada indica que esta tendencia vaya a disminuir, según el último informe publicado el lunes 22 de agosto por UNICEF.

Los datos del estudio muestran que en los primeros seis meses de 2014, más de 44.500 niños no acompañados fueron detenidos en la frontera de los Estados Unidos; el número se redujo a casi 18.500 en el mismo periodo de 2015 pero aumentó de nuevo este año 2016 a casi 26.000 hasta junio.

Este aumento de niños y niñas que escapan de sus países, solos, se debe al aumento de la violencia en países como El Salvador, Guatemala y Honduras. No solo escapan los niños, también familias enteras o mujeres con sus hijos. Todos ellos tienen un objetivo: llegar a México y Estados Unidos. Solo en tres años hasta la actualidad, los solicitantes de asilo de estos tres países de América Central pasó de 20.900 a 109.800, es decir, la cifra se ha quintuplicado.

Aunque otros países de Latinoamérica están en el punto de mira de organizaciones como ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados). Estos son Venezuela y Ecuador por contar con personas en situación similar a la de los refugiados. Y Colombia, país que recuperó su puesto como primer país del mundo en población de desplazados internos a finales de 2015, a razón de la guerra entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Así pues, el número total de desplazados en este país se elevó a 6,9 millones, frente a los 6 millones del año anterior. Además, pocos volvieron a su residencia habitual, según informa UNICEF.

Pero volviendo a los niños migrantes, los riesgos a los que se enfrentan cuando emprenden ese largo viaje son innumerables y UNICEF hace hincapié en ello en su informe:

“En el primer semestre de 2016, casi 26.000 niños no acompañados y cerca de 29.700 personas que viajaban en familia –la mayoría mujeres con sus hijos pequeños– fueron detenidos en la frontera de los Estados Unidos2. Una gran cantidad de estos jóvenes y familias procedía de El Salvador, Guatemala y Honduras, donde se registran algunas de las tasas de homicidio más altas del mundo3. Tratan de alejarse de las brutales pandillas que les atacan o de la pobreza y la exclusión que les impiden recibir una educación y tener esperanzas. Muchos viajan también hacia el norte para reunirse con sus familias. 

Gran parte de los adultos y algunos de los niños detenidos en la frontera de los Estados Unidos son deportados mediante procedimientos acelerados; las mujeres y los niños pasan semanas, o a veces meses, detenidos, mientras que los niños no acompañados tienen que hacer frente a una situación de incertidumbre durante varios años antes de que sus casos se tramiten en los tribunales de inmigración. 
Todos estos niños y niñas necesitan protección en cada etapa del camino: en sus lugares de origen, durante el viaje y en el destino final. 

Si les deportan, las pandillas (conocidas como "maras" en la región) de las que habían tratado de huir cuando partieron podrían asesinar o violar a algunos de ellos.”

Son niños que únicamente buscan seguridad porque en sus países no la encuentran. El miedo a morir les hace escapar, buscar un destino donde crecer y conseguir ser hombres y mujeres con recursos para desarrollar una vida.

“Es desgarrador pensar en esos niños –la mayoría de ellos adolescentes, aunque algunos son incluso más jóvenes– haciendo el viaje agotador y extremadamente peligroso en busca de seguridad y una vida mejor. Este flujo de jóvenes refugiados y migrantes destaca la importancia de abordar la violencia y las condiciones socioeconómicas que imperan en sus países de origen”, dijo el Director Ejecutivo Adjunto de UNICEF, Justin Forsyth.  “Hay que recordar que los niños, sea cual sea su condición, son ante todo niños. Tenemos el deber de mantenerlos a salvo en un ambiente saludable y enriquecedor”, agregó Forsyth en la presentación del informe.

Rutas migratorias de América Central a los Estados Unidos en 2016. / OIM
Rutas migratorias de América Central a los Estados Unidos en 2016. / OIM

Los ejemplos de niños que emprenden el peligroso viaje hacia México y/o Estados Unidos es trágico. Con solo 15 años, Nering de Honduras ha visto como unos desconocidos asesinaron a su hermana o como cinco jóvenes como él fueron acribillados a balazos frente al centro social donde él acude. “Aquí hay que vivir con miedo”, declara Nering quien tiene claro que se va del país.

Con 13 años, Alexei, también hondureño habla muy claro: “ Hay mucha pobreza aquí, y hay un montón de maras”. Su barrio, la Colonia Rivera Hernández, es uno de los más duros de Honduras, un país que tiene una de las tasas de homicidio más altas del mundo. De hecho él junto a su madre y su hermano ya han intentado escapar pero solo llegaron a Guatemala, allí se dieron la vuelta. “Las cosas se pusieron feas”, es lo único que explica Alexei al respecto.

Wilmer es de El Salvador, tiene 17 años y su esperanza es poder estudiar en los Estados Unidos. Ya ha intentado irse, de hecho llegó a pagar 7.000 dólares a un coyote (tratante de seres humanos. Acompaña a los que quieren huir y les guía en el viaje a cambio de dinero); llegó hasta México pero allí él, el grupo de jóvenes con los que iba fueron detenidos, pasaron 10 días en prisión antes de que los enviaran de vuelta al Salvador. En todo momento creyeron que eran mareros (miembros de pandillas o maras).

En gran parte aquí reside el problema, en que los adultos y los niños no acompañados detenidos en la frontera de los Estados Unidos pueden ser deportados por medio de procedimientos de “deportación expedita” sin necesidad de comparecer ante un juez de inmigración. Y es que a pesar de los asombrosos niveles de violencia que hay en sus países de origen, los ciudadanos de El Salvador, Guatemala y Honduras encuentran con frecuencia dificultades para convencer a las autoridades de que su demanda de asilo, o de protección contra la deportación, tendría una probabilidad razonable de ser aceptada en un tribunal, un primer paso para iniciar el proceso judicial. 

Algo cambió en todo esto en el año 2014 en EE UU. Como explica UNICEF, después de un aumento en el flujo de migrantes procedentes de El Salvador, Guatemala y Honduras en 2014, el Gobierno de los Estados Unidos amplió la práctica de retener a las mujeres y los niños –incluyendo los lactantes– en centros de detención familiar, en algunos casos durante muchos meses. Después, a diferencia de lo que ocurre con los adultos, a los niños no acompañados que proceden de países que no comparten una frontera con los Estados Unidos –como El Salvador, Guatemala y Honduras– se les garantiza una audiencia en un tribunal de inmigración para que defiendan su derecho a recibir asilo u otras formas de protección. Niños ante un tribunal para que actúen como abogados.

Tras su detención en la frontera de los Estados Unidos, los niños y niñas no acompañados son transferidos a refugios operados por el gobierno o a hogares de crianza durante un promedio de poco más de un mes, y entonces, cuando resulta posible, se les entrega en manos de sus patrocinadores, generalmente familiares suyos. Pero los incidentes de abuso de los niños que desde UNICEF se han venido denunciando han puesto en duda el proceso de selección de los patrocinadores. 

A la mayoría de los niños no acompañados se les asigna un proceso de deportación ante un juez de inmigración, pero no tienen acceso a un abogado de oficio, ni siquiera a pesar de que hay un programa modesto, financiado a nivel federal, para proporcionar representación a algunos niños. Aunque varios grupos de abogados ofrecen asesoramiento jurídico pro bono a los inmigrantes, miles de niños se ven obligados a hacer frente por su cuenta a las complejidades de la ley de inmigración. Los datos indican que todos aquellos que no disponen de un abogado –cerca del 40%– tienen más posibilidades de ser deportados que quienes sí disponen de representación. 

Durante ese tiempo en el que los niños pasan defendiéndose ante un tribunal, éstos carecen de cualquier tipo de estatus jurídico en los Estados Unidos, y generalmente no son elegibles para recibir atención de la salud ni la mayor parte de los otros servicios públicos. Aunque se les garantiza el acceso a la escuela, UNICEF apunta que se ha informado de casos en que se les ha impedido que asistieran a clase.

Qué se está haciendo al respecto

El Salvador, Guatemala y Honduras han aprobado un Plan Alianza para la Prosperidad dirigido a abordar los elevados niveles de migración, creando puestos de trabajo y mejorando la seguridad. Los Estados Unidos se han comprometido a aportar 750 millones de dólares a los tres países para el año fiscal de 2016, en parte para apoyar el plan.

En Guatemala, el Congreso Nacional trabajaba en 2016 en la aprobación de un nuevo Código de Migración, en el cual se describen los derechos de los migrantes, con un enfoque especial dirigido hacia los niños y las mujeres. UNICEF y otros organismos de las Naciones Unidas apoyan la nueva medida. En México, UNICEF ha apoyado a la Comisión mexicana para la ayuda a los refugiados (COMAR) en la elaboración de un protocolo para detectar casos de niños que pudieran requerir una protección internacional. Un total de 300 funcionarios recibieron capacitación en técnicas especializadas para realizar entrevistas. Además, el sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de México, con el apoyo de UNICEF, ha preparado una guía para la aplicación de los procedimientos de protección especial. 

El Gobierno de los Estados Unidos, por su parte, dice que su programa Menores de América Central (CAM) proporciona “una alternativa segura, legal y ordenada para el peligroso viaje que algunos niños están llevando a cabo actualmente hacia los Estados Unidos”. El programa permite a los padres que tienen una presencia legal como emigrantes en los Estados Unidos solicitar que sus hijos en El Salvador, Guatemala y Honduras reciban la condición de refugiados. Si el niño cualifica, los procedimientos se realizan en el país. El alcance del programa ha sido limitado, pero el Gobierno de los Estados Unidos anunció en julio de 2016 que se ampliaría. 

Los tres países ofrecen servicios de recepción a los repatriados. A los niños se les entregan paquetes de higiene, alimentos y agua, se les somete a exámenes médicos y, en algunos casos, se les ofrece orientación psicológica; durante un cierto período de tiempo son alojados en refugios, hasta que se les entrega a los progenitores o a otros parientes. Las autoridades también proporcionan ayuda para su matriculación en la escuela. En Honduras, UNICEF ha apoyado la creación de una red comunitaria que ofrece apoyo psicosocial. UNICEF también trabaja con las autoridades consulares salvadoreñas, guatemaltecas y hondureñas en la protección de los niños en México y los Estados Unidos, y con los órganos de migración y protección de la infancia para establecer y aplicar normas sobre cómo tratar a los niños migrantes y refugiados detenidos.

Ante todo ello UNICEF esboza una máxima: “Los niños deben tener un acceso completo a la atención de la salud y otros servicios, y se les debe permitir que vivan con sus familias cuando sea posible. El interés superior del niño siempre debe ser una consideración primordial en cualquier decisión relativa a ese niño”.

Porque como decía al principio, los niños son el futuro de la humanidad.


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