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En la «Pequeña Tijuana» en Charlotte se come a lo mexicano

LaVoz.com. Desde Charlotte, North Carolina. | 3 de Noviembre de 2007 a las 00:00
Los mercados de pulgas son los sitios a los que uno va en busca de tesoros, gangas, trofeos y chucherías. El Mercado de Pulgas Sweet Union junto a la carretera 74 cerca de Monroe solía ser así. Pero los tiempos –y la demografía– cambian. En estos días, Sweet Union es una muestra de la vida latinoamericana, un mercado al aire libre con una selección nutrida de comidas mexicanas. Una visita dominical equivale a un viaje a otras tierras. Arturo Días vino a Charlotte desde México hace 20 años, dice. Pero Sweet Union los domingos le parece como estar en casa. "Esto es lo que recuerdo de mi país", dice. Se ven cientos de carpas y mesas donde se ofrece de todo, desde pantalones vaqueros bordados hasta corpiños de encaje. Miles de personas, casi todas latinoamericanas, se pasean por los pasillos a cuyos lados se alinean botas, camisetas de fútbol y joyas. Los puestos de alimentos están llenos de verduras y frutas. La comida predomina sobre todo. Por lo menos media docena de camiones operan como restaurantes rodantes con mesas situadas a un costado protegidas por sombrillas. La mayoría tiene nombre, como la Taquería Fiesta Jaracha a la entrada hasta El Taquito de Oro en el centro. Hay tacos con rellenos desde lengua hasta pollo, y platos de carne asada con frijoles flanqueados por tortillas. Hay maíz rociado de mayonesa y espolvoreado con queso y polvo de chile. Los alimentos del mercado son tradicionales en México. Las familias hacen pausas en sus recorridos de compras para deleitarse con tortas y sopas sustanciosas. Los niños revolotean y ruegan a sus mayores que les compren churros y aguas frescas con sabor de sandía o melón. Y de varios estéreos portátiles resuenan por doquier sones mexicanos. "He estado en México un par de veces con mi esposa", dice Robert McCathern, gerente del mercado. "Y es así como van de compras, a mercados abiertos". Sweet Union empezó a cambiar hace unos cuatro años, dice McCathern. Con espacio para 230 vendedores afuera y otros 300 adentro de dos edificios y bajo un pórtico, los vendedores tenían que esperar su turno para conseguir espacio. Los vendedores mexicanos empezaron a presentarse antes que todos los demás, a las 2 ó 3 de la mañana. "Los hispanos lo deseaban más", dice McCathern. "Los no hispanos no estaban dispuestos a hacer eso". Los sábados por la mañana congregan bastante público, pero los domingos son los días de verdadera actividad, con una caravana de vehículos que va ocupando lugares en las playas de estacionamiento para una jornada de compras y comida. Las autoridades del condado de Union se aseguran de que los puestos de alimentos cumplan con las reglas de higiene. "Ellos (los inspectores de seguridad) revisan regularmente", dice McCathern. "Todas nuestras unidades tienen permiso". Si ve que algún puesto de comida no está operando adecuadamente, conversa con el vendedor para corregir el problema. Un puesto popular es una pequeña carreta de madera pintada con franjas rosas, blancas y amarillas con el nombre "Elote". El elote es la mazorca de maíz, que es lo que vende ese puesto. Pero su plato más popular parece ser el esquite, maíz cocinado con epazote. Se sirve en una taza coronado con mayonesa, queso blanco y un gajo de lima. "Todo el mundo conoce el esquite", dice Yelitza Castro, nativa de Venezuela que cocina en ese puesto. Es un plato popular en todo México. La mayoría de los camiones de alimentos funcionan como restaurantes, con sus mesas al frente. Algunos incluso tienen servicio de camareras. Pero por lo general el cliente pide la comida y se la lleva a la mesa. No saber español no es obstáculo para pasarla bien. Pero a veces hay un poquito de confusión incluso dentro de las culturas hispanas. Arturo Días trabaja junto al puesto de los elotes, vendiendo ensaladas de frutas. Dentro del puesto, su esposa y una ayudante preparan otro bocadillo popular, los chicharrones con cueritos, pellejos de cerdo frito con mayonesa, lechuga, aguacate y salsa picante. En otros sitios le dan otro nombre, dice Días. En Veracruz es "a la caya". Cerca de la frontera de Texas es "chilindrina". Pero la comida es la misma. La gente come mientras va de compras. Luego se paran a probar otra cosa y vuelven a caminar. "Mucha gente lo llama 'Pequeña Tijuana'", dice McCathern. "O dicen que quieren irse a México el fin de semana pero sin tomar el avión".

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