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Separado de sus hijos, matrimonio comienza nueva vida en Colombia

LaVoz.com. Desde Bogotán, Colombia. | 10 de Noviembre de 2007 a las 00:00
"Bienvenidos a su patria. Acá nunca van a ser ilegales", dijo un funcionario de inmigración mientras les tomaba las huellas dactilares a Julio y Liliana Gómez. Esa fue la recepción que tuvo la pareja la semana pasada, según su propio relato, luego que ambos fueron deportados a su natal Colombia. Los Gómez debieron separarse de sus hijos, cuya batalla para evitar el mismo destino se ha convertido en un caso que sentaría precedentes para cientos de miles de jóvenes indocumentados en Estados Unidos. Juan Gómez, de 18 años, y su hermano Alex, de 20, nacieron en Colombia, pero sus padres los llevaron a Estados Unidos en 1990, cuando eran niños. Posteriormente, la familia buscó asilo político, debido a las amenazas que Julio Gómez dice haber recibido de los rebeldes que mataron a su hermano. Pero la petición fue rechazada en el 2003 y la familia recibió la orden de abandonar el país. En vez de acatar esa orden, los Gómez permanecieron ilegalmente en Miami. La historia habría pasado desapercibida entre los miles de casos de deportación que manejan cada día las autoridades, de no ser por la reacción rápida de los amigos de Juan, un promisorio estudiante premiado en secundaria que esperaba estudiar en una universidad destacada. Mientras las autoridades lo sacaban esposado de la casa de la familia en julio, Juan envió un mensaje de texto a los celulares de sus amigos, quienes durante la noche montaron una sofisticada campaña de cabildeo. Establecieron contacto con legisladores en Washington y utilizaron la popular página de Internet Facebook para difundir el caso. Las muestras de simpatía, incluso de personas que han criticado duramente la inmigración ilegal, como Lou Dobbs, conductor de un programa en la cadena CNN, llevaron a que varios legisladores federales presentaran una iniciativa de parte de la familia. Los hermanos pueden quedarse en el país hasta el 2009, a la espera de una decisión. Pero el mismo beneficio no fue otorgado a los padres ni a la abuela, Carmen Gómez, de 84 años. Los tres viven ahora, sin más pertenencias que las que pudieron llevarse en una valija, con la hermana de Liliana, en Bogotá. Tratan de readaptarse a un país al que no temen tanto como antes, pero al que apenas reconocen. Entre las visitas al centro comercial, donde perfectos extraños los abrazan y les muestran su apoyo, los Gómez esperan ansiosos una llamada telefónica para recibir noticias de sus hijos. "Nunca hemos estado separados. Ellos no saben cocinar, no pueden trabajar y no tienen nadie cerca que los cuide", dijo Liliana Gómez, mientras se enjuagaba las lágrimas. Para apoyar a sus dos hijos, los padres vendieron su pequeña agencia que alquilaba sillas y mesas para fiestas, en 30.000 dólares, el ahorro de toda su vida. El Miami Dade College ha renunciado a cobrarle la matrícula a Juan, quien luego de graduarse entre los primeros de su generación esperaba ir a Harvard, pero tuvo problemas para solicitar la inscripción por su condición de indocumentado. Nadie en la familia tiene empleo desde julio _los permisos temporales de trabajo prometidos a los chicos están todavía pendientes, según Julio Gómez_ y el dinero se agota rápidamente. Con sentimientos encontrados de urgencia y recelo, los Gómez contemplan tres ciudades en el interior de Colombia para reabrir su negocio y comenzar de cero. Como la gran mayoría de unos 12 millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos, los Gómez tenían un sueño, el llamado Sueño Americano. "Dios bendiga a Estados Unidos", dijo Julio en un inglés rudimentario, al mostrar su licencia de automovilista de la Florida y su tarjeta de seguridad social. "Es un país muy bello. Dio la oportunidad para que mis hijos puedan tener un mejor futuro". Ese futuro, al menos en territorio estadounidense, está ahora en peligro y se desvanece rápidamente para cientos de miles de indocumentados. La vigilancia más estricta de las autoridades de inmigración ha llevado a 27.900 detenciones, una cifra sin precedentes, tan sólo en el año fiscal 2007, concluido el 30 de septiembre, por encima de las 19.700 observadas el año anterior, de acuerdo con la Oficina Federal de Inmigración y Aduanas. El número de inmigrantes deportados se ha incrementado también a 261.000, respecto de los 177.000 registrados hace dos años. "No importa si uno tiene éxito en la escuela o se crió aquí desde niño", dijo John Bernstein, del Centro Nacional de Leyes de Inmigración, con sede en Washington. "La ley es muy estricta, y si uno no cumple los requisitos, hay muy poco que pueda hacer un buen abogado". Una propuesta de reforma de inmigración otorgaría la residencia permanente a los estudiantes que, como los hermanos Gómez, se gradúen del bachillerato y vayan a la universidad o se unan a las fuerzas militares. La iniciativa beneficiaría a 360.000 egresados de bachillerato que han vivido en el país al menos por cinco años, y a otros 715.000 que todavía estudian, de acuerdo con el Instituto de Políticas de Inmigración, una organización investigadora independiente, de Washington. Pero la iniciativa está estancada desde el 2001, cuando se propuso inicialmente, y fue bloqueada de nuevo el mes pasado en el Senado. "Los hermanos Gómez son un símbolo de la gente joven que llegó a Estados Unidos por decisión de sus padres", dijo Lincoln Díaz Balart, representante republicano por Florida, quien apoya la reforma. "Su única decisión fue trabajar duro, estudiar y enorgullecer a sus comunidades".

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