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Inmigrantes cubanos varados frontera de México están en la incertidumbre

Nuevo León. Agencias | 30 de Enero de 2017 a las 13:10

Tomar la decisión de salir de Cuba dejando todo atrás. Emprender una larga travesía de peligros por once países durante meses, buscando el sueño americano. Llegar a México y encontrarse una frontera cerrada.

Ya no existe “pies mojados/pies secos” para más de 450 cubanos que están varados en la frontera México – Estados Unidos.

Entre la multitud de ciudadanos procedentes de la isla, situados sobre la banqueta, justo a la entrada del puente número uno de Nuevo Laredo, el que cruza hacia Laredo Texas, está Flor Yeily Águilas Martínez de apenas 21 años, observa desorientada hacia el norte, a donde lo que se suponía era su puerta de entrada a una nueva vida.

Ya no existe tal fantasía. Se acabó cuando ingresó a México. Dice que ella y su esposo llegaron a Tapachula el 10 de enero.

Mientras esperaban el salvoconducto que les permitiría ingresar al país, el día 12 se enteró que el ex presidente Barack Obama canceló el beneficio de la Ley de Ajuste Cubano.

Nos queríamos morir, yo estaba llorando, dando gritos. Mi esposo vendió su carro en Cuba para poder venir, cuando llegamos aquí, imagínate esa noticia, otros vendieron sus casas, todo. Imagínate virar para Cuba, no podemos, yo no quiero y no puedo

Al igual que sus connacionales, la pareja pasó por 11 países distintos. En cada uno de ellos enfrentaron distintos peligros: asaltos, extorciones, violaciones, hambre, frío y peligros naturales propios de cada región.

“Pasamos selva y todo, horrible fue aquello. Casi nos matan en Honduras cruzando Nicaragua. Tenían dos pistolas, nos pegaron tiros y la policía en eso llegó.

“Y a uno de los muchachos que andaba con nosotros le pegaron con la pistola en la cabeza, pero no nos asaltaron porque llegó la policía y se agarraron a tiros entre ellos y la policía mató a uno y tuvimos que ir a declarar. A nosotros ahí sí nos ayudó mucho la policía ahí”.

Salir de Cuba el 21 de diciembre, pasar las fiestas de fin de año lejos de su familia, en la selva, bajo la lluvia que cae desde las 11 de la noche hasta las 6 de la mañana, fue una de las cosas más difíciles, asegura Flor.

Llegaron a México sin nada, sólo con lo puesto, porque lo que cargaban en una pequeña mochila lo fueron “botando”. Era demasiado peso para caminar por la selva.

Justo el 12 de enero llegaron a Nuevo Laredo, Tamaulipas, Yovanis de la Rosa e Ifrain Rodríguez.

En la misma acera que sus connacionales, reciben ayuda de diversas organizaciones que acuden diariamente a llevarles comida, desde el día que la frontera se cerró para ellos.

Yovanis dice que se han divulgado rumores de que los cubanos están considerando regularizar su situación en México y quedarse a residir aquí, pero ésa no es opción para él, pero tampoco entrar de ilegal a Estados Unidos.

“Cosa que es mentira, vine por una meta que es cruzar, y si no me dan la opción, el presidente Trump me cierra, no voy a cruzar de ilegal, no voy a ser ilegal, si me tengo que vivir de ilegal allá no, ya inventaré qué hacer, pero no voy a cruzar.

“Yo vendí todo, la casa es lo único que le dejé a mi señora, pero vendí mi tractor, con arado, con carreta, con yunta de buey, caballo, el aire acondicionado de la casa, teléfono, todo para poder llegar a donde llegué”, externa.

Ifraín Rodríguez arribó el día 12 de enero a las 6 de la tarde. A pesar de que a las 4 habían cerrado el paso a los migrantes cubanos, le dieron una cita para el siguiente día, pero ésta ya no se concretó.

“Aquí llevamos ya 15 días. Yo me pasé un mes y medio viajando. Primero viaje a Guayana (Venezuela) con una visa de turista. Pasé por Brasil, Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México”, describe Ifraín.

Al igual que sus compañeros, utilizó todos los medios de transporte posibles, y caminando recorrió 300 kilómetros de selva en Colombia.

Su decisión aún no está tomada, espera información de los Estados Unidos, porque “a Cuba no viro, yo no puedo virar, no porque le deba a la Ley, ni porque le deba dinero a nadie, en eso no tengo ningún problema, pero no regreso”.

Otro grupo de migrantes cubanos que se encontraban sobre la avenida Guerrero de Nuevo Laredo, narraron cómo una mujer que llegó con su esposo a la caseta de migración estadounidense, y mientras él concluía con el proceso de entrada, ella terminaba de hacer el llenado de su documentación.

Dieron las cuatro de la tarde, y se cerró la frontera. Él logró ingresar y ella no. Unos minutos de diferencia los separaron.

Un hombre que viaja con su esposa y que pidió no identificarlos, describió que en cada uno de los once países que recorrieron durante casi un mes y medio, padecieron todo tipo de agresiones.


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