Escúchenos en línea

Un dramático juego del gato y el ratón, entre inmigrantes, «migra» y soldados

The Associated Press | 6 de Agosto de 2006 a las 00:00
En la frontera de Nuevo México, como antes ocurrió en la de Arizona con Sonora, las inmigrantes y la Patrulla Fronteriza juegan al gato y el ratón con resultados dramáticos: el refuerzo en un sector de la frontera envía a los inmigrantes y coyotes a otros sitios, cada vez más inhóspitos y peligrosos. Además, soldados de la Guardia Nacional hacen ahora labores de la Patrulla Fronteriza. Los agentes, más liberados por ello, pueden pasar más tiempo rastreando el desierto. Junto a la plaza de la ciudad fronteriza de Palomas, en el lado mexicano, cuatro autobuses escolares vacíos aguardan a los pasajeros para llevarlos donde les resulte más fácil intentar el cruce ilegal a territorio de Estados Unidos. Palomas empezó a surgir como plataforma de los contrabandistas de inmigrantes ("coyotes") hace cinco años cuando el endurecimiento de la vigilancia en Arizona hizo que buena parte del flujo de inmigrantes se dirigiera a un tramo desértico en el sudoeste de Nuevo México. Pero el papel de la ciudad como punto de reunión de coyotes e inmigrantes ha disminuido. El refuerzo de la Patrulla Fronteriza estadounidense, las cámaras de vigilancia, las barreras y la presencia de la Guardia Nacional ha desviado la mayor parte del flujo inmigratorio de esta ciudad vecina a Columbus, el punto de cruce más activo de Nuevo México. Menos tráfico en Columbus "Todavía siguen cruzando, pero es difícil que se salgan con la suya", dijo Francisco Molina Arreaola, un conductor cuyo autobús polvoriento no tenía ningún pasajero todavía. Dijo que el refuerzo de la seguridad fronteriza había reducido su clientela en más de la mitad, aun mientras otros sitios al oeste de Columbus se han hecho más populares. El cambio es parte de una tendencia evidenciada en los últimos años: el refuerzo en un sector de la frontera envía a los inmigrantes y coyotes a otros sitios, de modo que la dinámica siempre es cambiante. Aunque el tráfico en Columbus se ha reducido, las autoridades dicen que el tráfico de inmigrantes sigue aumentando en sectores fronterizos cercanos. No hay cifras actuales de arrestos de inmigrantes en Nuevo México, pero más de 39 mil se han hecho desde el 1 de octubre en un tramo de 87 kilómetros de frontera que incluye Columbus. Eso representa un aumento del 13% respecto del mismo período un año antes. Es demasiado pronto como para localizar el desplazamiento del flujo inmigratorio ilegal cerca de Columbus o la reacción de los coyotes, pero se supone que se dirigirá hacia un sector desértico más remoto. "No están seguros de qué hacer", dijo de los coyotes el agente fronterizo Chris Mangusing. "O se salen con algo nuevo o se retirarán de la zona". Hasta hace pocas semanas, los agentes hacían de 200 a 300 arrestos de inmigrantes por día en la sección de 87 kilómetros cerca de Columbus. En las últimas semanas los arrestos han bajado hasta unos 30 diarios, aunque se cree que el número volverá a aumentar una vez que los coyotes inventen algo nuevo. El papel de la Guardia Nacional Mientras la Patrulla Fronteriza ha duplicado el número de efectivos en esa zona en los dos últimos años, algunos funcionarios dijeron que la disminución en los cruces ilegales se produjo después que los soldados de la Guardia Nacional empezaron a llegar a la frontera en Nuevo México como parte de un nuevo plan fronterizo del gobierno estadounidense. Los soldados instalaron varios kilómetros de barreras entre los caminos que unen Columbus con Palomas. Los soldados también operan cámaras remotas conectadas a monitores de video con los que divisan el movimiento a través de vastos tramos de desierto y arbustos. A un kilómetro y medio de la frontera, la Guardia Nacional tiene torres móviles de observación de 6 metros a lo alto de colinas. Los soldados usan binoculares y vigilan los autobuses de Palomas que transportan pasajeros al oeste a otros dos cruces fronterizos, Las Palmas y Las Chepas. Como los soldados de la Guardia Nacional han asumido algunas tareas de la Patrulla Fronteriza, más agentes fronterizos han salido a recorrer el desierto. Bill Johnson, un agricultor a 32 kilómetros al oeste de Columbus, dijo que los refuerzos recientes le han dado algún alivio, pero que sus frustraciones han llegado al extremo de considerar vender la finca de 40 mil hectáreas que tiene su familia desde 1918. En su trayecto de tres días desde la frontera hasta la carretera interestatal 10, los inmigrantes dejan atrás botellas de agua, recipientes de alimentos y mochilas. También rompen cercas, dañan tanques de agua para el ganado y abren senderos en medio de los arbustos. En un caso el año pasado, Johnson dijo que un grupo de inmigrantes que atravesó su propiedad pasó por un cebollar y le arruinó unos 10 mil dólares de cebollas. "Ha llegado al punto que si alguien me dijera que quiere hacerse cargo, hablaría decididamente con él, mientras que hace diez años habría respondido que no tenía interés", dijo Johnson. Los soldados desvían el tráfico a otras zonas Del otro lado de la frontera, Eliseo Hernández González dijo que la gente que intentaba cruzar la frontera ilegalmente solía comprar hasta 15 mochilas diarias en el comercio de su familia en Palomas, a fin de llevar sus alimentos, agua y ropa. Hoy, la tienda vende cuatro mochilas diarias. "No hay mucha gente a causa de los soldados que pusieron en la frontera", dijo Hernández. Pero Manuel Hernández, un yesero, dijo que estaba dispuesto a intentar el cruce partiendo desde Palomas. Se propone dirigirse a Tampa, Florida, donde dice que puede ganar 10 dólares la hora, en comparación con 15 dólares diarios en su pueblo de Tuzantla, en el estado mexicano de Michoacán. Está aguardando el momento adecuado para cruzar. "Cuando no estén mirando con los binoculares, iremos", confió.

Descarga la aplicación

en google play en google play