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Hasta inmigrantes quieren separarse de España en comarca de Cataluña

Osona. Télam. | 17 de Septiembre de 2017 a las 13:48

Vic es la capital de la comarca de Osona, conocida como la “pequeña República independiente de Cataluña“, donde hasta algunos inmigrantes hablan mejor el catalán que el castellano, como el sacerdote congoleño Paul Badibanga, quien defiende el derecho de la norteña región a separarse de España.

El cura se traslada cada día desde L’Esquirol hasta Vic para acudir a la catedral y comprar los productos que no encuentra en el pequeño pueblo al que llegó hace seis años y en el que los independentistas cosecharon más votos que ningún otro lugar de Cataluña en las últimas elecciones regionales, hace dos años.

Un gran pancarta con el lema “Vengas de donde Vengas, República Catalana“, cuelga en uno de los balcones de la plaza de arena de esta ciudad medieval, alentando a los inmigrantes a sumarse a la ola independentista de cara al 1 de octubre, la fecha marcada por el gobierno catalán para el referéndum unilateral de secesión, prohibido por el Tribunal Constitucional español.

A Paul, sin embargo, no hay que convencerlo de nada, él se siente identificado con la causa independentista, proviene de la República Democrática del Congo, una ex colonia que se independizó de Bélgica.

“Reclamar la independencia es un derecho natural, eso no se puede negociar”, aseguró a Télam en medio de su mañana de compras antes de partir de vacaciones rumbo a su tierra natal.

“Cuando un pueblo reclama la independencia quiere decir que no se siente libre. Tiene que salir de esta situación que no le agrada, y no se le puede impedir a un pueblo ser libre y autónomo”, subrayó el sacerdote, quien viste con frecuencia los colores del “Barça” y se expresa en catalán.

“Me gusta el fútbol, el Barça, el Camp Nou, Cataluña con su paisaje, la comida, el pan con tomate, me siento muy bien aquí”, insistió Paul, dejando claro también que, como líder religioso, tiene el deber de acompañar a sus parroquianos en sus reclamos.

L’Esquirol, su pueblo por adopción, es uno de los más famosos de la zona. Esta situado en el valle de San Collsacabra, a una hora en coche desde Barcelona, y cuenta con 2.168 habitantes, de los cuales apenas 89 son extranjeros. Se trata de una de las poblaciones con menos desocupación de toda Cataluña (un 5%).

En la primera curva de entrada a la zona urbanizada, un cartel avisa al visitante que se encuentra en el “Primer municipio a favor de la independencia” de Cataluña.

De hecho, podría decirse que aquí desde hace un buen tiempo que los habitantes del pueblo actúan con cierta autonomía, fruto de haber forjado un fuerte sentimiento de pertenencia a lo largo de su historia.

Hasta 2014 el municipio oficialmente se llamaba Santa María de Corcó, pero los vecinos votaron cambiar de nombre por uno con el que se sentían más identificados. Antiguamente, los comerciantes de la zona que paraban por allí tomaban como referencia la posada del pueblo, que tenía una ardilla -esquierol en catalán- enjaulada en la entrada, según cuentan los propios vecinos.

Lo curioso es que el nombre luego se tornó peyorativo porque a principios del siglo XX algunos residentes fueron a trabajar en una fábrica textil de la vecina Manlleu que estaba en huelga y por ese motivo, desde entonces, en toda España se llama “esquirol” a los rompehuelgas.

El alcalde Álex Montanyà (del partido Unidos por Decidir), quien está al frente del municipio desde 2013, destaca el aspecto positivo de esta historia al afirmar que los oriundos de esta zona son “pacíficos pero peleones”, y por ese motivo están “a un paso de conseguir la independencia”.

Y es cierto que si fuese por L’ Esquirol, Cataluña ya se habría separado de España. De los 1.562 votos emitidos por los vecinos en las elecciones regionales de septiembre de 2015, el 91,6% fueron a la coalición independentista Junts pel Sí (JxS) y sus socios anticapitalistas de la CUP.

“No hubo que hacer campaña, de verdad, no vamos a buscar el voto personal de ningún vecino, es así, es nuestro sentimiento y no lo vas trasladando con manifestaciones o banderas, estamos en el día a día y así somos, no nos van a cambiar”, explicó a Télam Montanyà, respecto al contundente apoyo a la secesión.

Según destacó el alcalde, los ‘esquirolenses’ no están “en contra de España”, sino que quieren “aprovechar el patrimonio cultural y económico propio, y reivindicar la lengua, que ha estado oprimida desde la época franquista”.

“Hemos recorrido muchas décadas para llegar hasta aquí, es un sentimiento que nos marca, y vamos a utilizar las herramientas democráticas para lograr la independencia”, subrayó.

Para Johnny, el encargado del Bar Rovi, el más frecuentado del pueblo, la independencia es una cuestión sentimental, “algo que llevas dentro como el Barça”.

“Lo que nosotros queremos es decidir, pagar nuestros impuestos, no mantener a ninguno, que cada uno se mantenga a sí mismo en todos los sentidos. Que podamos hacer lo que queremos, no hacer mal a ninguno. Lo que haría una familia en su propia casa”, argumentó.

Encontrar un vecino que esté en contra de la independencia en L’Esquirol puede resultar misión imposible. “Supongo que hay pero no conozco ninguno”, admite el alcalde.

Pero haberse declarado independientes y votar masivamente por la secesión no ha cambiado nada, según la carnicera del pueblo, Montserrat Collomer.

El futuro referéndum, está en el aire y parece generar algo más de incertidumbre: “Todo lo que sea para bien, adelante, no sé si es mejor o peor, de eso no estoy segura, porque no hay seguridad, ¿qué es lo mejor?”, señaló Montse.

Con sus 82 años, Miquel Raurell trabaja su huerto todos los días, sigue muy apegado a su tierra, pero ya está cansado de conflictos políticos.

“Aquí hay muchas banderas, y el Ayuntamiento dice Municipio por la independencia, y todos piensan de la misma manera. Yo pienso que muy bien, todo me va bien”, dijo el anciano catalán, resignado a que sean sus vecinos independentistas los que decidan, si llega el momento, sobre el futuro de Cataluña.


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