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Nada que celebrar en el «día» del migrante, pese a las remesas, la riqueza queda en EEUU

Dossier Político. Desde México. | 18 de Diciembre de 2007 a las 00:00
El 17 de diciembre fue instituido como el Día del Migrante; quizás como una manera para festejar, recordar o al menos no olvidar a este personaje que es parte ya destacada de la vida cotidiana del México del tercer milenio. Aunque la duda queda acerca de ¿qué podrán celebrar los migrantes en este día? O más bien, no ellos, sino la comunidad en México que debe, probablemente, hacer presente este tema que se vuelve cada vez más vigente y de mayor peso en la vida social y económica. Las cifra de más de 8 millones de mexicanos en Estados Unidos dan alguna idea de la dimensión del problema; un problema que se agudiza para los trabajadores, sus familias y la estabilidad económica de México, sobre todo cuando las políticas migratorias en Norteamérica se enfilan en contra de la población migrante, que vive y trabaja de manera ilegal en esa nación. Ahora que el gobierno de Estados Unidos busca reorganizarse y ordenar la situación legal de los millones de inmigrantes, cuya propuesta entre otras, es que los trabajadores ilegales salgan de la Unión Americana para volver a regresar haciendo los trámites que no se hicieron antes; la situación se agrava, pues existe desconfianza en la estrategia. Pudiera ser que ya no sea permitido el regreso de éstos al país del norte. Mientras que de este lado de la frontera, en territorio nacional, la señal de alerta se enciende, ante la imposibilidad de recibir a miles, sino es que a millones de emigrantes, hasta en tanto se estabilizara su situación legal en Estados Unidos. Desde las legislaturas locales de los estados mexicanos fronterizos se ha alertado acerca de esta situación, y solicitado a las autoridades correspondientes comenzar a planificar este posible regreso. Y en eso están, aunque aún si definición de cómo enfrentar esta problemática que tiene que ver en definitiva con la falta de oportunidades en general para las viejas y nuevas generaciones; para los sectores tanto del campo como profesionales. El de los migrantes sin duda un problema difícil de resolver; sobre todo cuando se ha registrado paulatinamente el desmantelamiento de la infraestructura económica nacional, que en los años 40, 50 y 60 del siglo pasado se creó y protegió, con la visión de lograr un país sólido, autosuficiente y soberano. Idea que se perdió en los últimos tres gobiernos federales mexicanos, con el pretexto de la globalización. Donde la idea de la nación soberana se sustituyó por la de la economía globalizada y el intercambio comercial entre naciones; no obstante sus asimetrías; ante la creencia de que lo global sustituye lo nacional, en este caso la industria. Y en este aspecto, vemos que la migración forma parte de las consecuencias magnas que ha traído en México el desmantelamiento de la industria nacional y el abandono del campo en tanto motor de la economía. Lo que ha orillado a la gente a abandonar su entorno y dejar tras de sí problemas de tipo social como lo son la proliferación de hogares sin padres de familia. Pueblos enteros desolados que han pasado de ser temas de ficción en la literatura mexicana a realidades. Y no obstante las remesas millonarias, extraordinarias y mayúsculas que se equiparan a las aportaciones que hace PEMEX, la empresa más grande de nuestro país; estas no constituyen, para el motor económico, más que un aditivo, pues la dependencia hacia el otro país sigue siendo el común denominador. Generar la riqueza propia traerá soberanía, autosuficiencia. Bajo esa premisa, los grupos migrantes, no así ninguno de los tres órdenes de gobierno, han encontrado algunas medidas viables para echar a andar nuevamente en nuestro país el motor de la economía, aunque en escala menor. En Zacatecas y Oaxaca, entidades de elevado índice de expulsión de migrantes se han comenzado a echar a andar proyectos productivos con recursos de las remesas, para poder recibir con oportunidades de empleo, en sus propias comunidades a los trabajadores que deseen regresar o que sean deportados. Los congresos locales y federal se han visto activos en este tema; incluso en los pasados días se celebró el parlamento de los migrantes, cuya finalidad es conocer de viva voz la problemática y aportar, con conocimiento de causa, ideas para mejorar la vida de millones de mexicanos que quieran permanecer en Estados Unidos, como la de aquellos que quieran regresar. Sobre este tema, diputados federales de la comisión de asuntos fronterizos han abordado el tema, cuyas líneas se han centrado en: solicitar la suspensión del muro que construye la administración Bush para retener el paso de los trabajadores ilegales; la vigilancia de que de regreso al país en esta temporada navideña, los conciudadanos sean tratados en las aduanas de manera digna y no sean despojados de sus bienes; así como la solicitud de ampliar el fondo para el pago de ex braceros. Mientras tanto, este Día del Migrante recordemos, al menos, que la riqueza que producen las manos mexicanas se queda en Estados Unidos, no obstante las millonarias remesas que envían a México, y que en 2007 se calculan en 25 millones de dólares. Pues los recursos no se invierten. Y de no tomarse las medidas para fortalecer una vez más la industria nacional, nuestro país, además de ser la tercera nación que recibe el más alto nivel de remesas, seguirá dependiendo de la política y economía del país del norte. Sin que se vislumbre el crecimiento económico, a pesar de encontrarnos ya en el tercer milenio en que vemos emerger economías como la de Brasil, India y China, cuyos potenciales hace unas décadas parecían menores a los de México.

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