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Aseguran que deportar a 60 mil hondureños podría resultar contraproducente

Tegucigalpa. Agencias | 29 de Octubre de 2017 a las 13:18

En momentos en que el gobierno del presidente Donald Trump se prepara para decidir en noviembre si renueva el Estatus de Protección Temporal (TPS) a casi 60,000 hondureños —y los envía a un país que casi no— líderes y ciudadanos de ese país centroamericano han expresado preocupaciones de que la medida podría empeorar los problemas económicos y de inseguridad en Honduras, lo que motivaría a que algunos inmigrantes traten de regresar a Estados Unidos ilegalmente.

Estados Unidos otorgó a los hondureños el TPS en 1999 después del huracán Mitch, lo que les permitió permanecer en el país sin temor a ser deportados mientras el estatus se mantuviera vigente. El TPS otorga a los inmigrantes un estatus legal en Estados Unidos —pueden trabajar y deben pagar impuestos— debido a circunstancias en su país de origen, como una guerra civil o un desastre natural. Desde el huracán Mitch, Washington ha renovado el TPS a los hondureños 13 veces.

El gobierno de Trump ha dicho que podría revocarle el TPS a algunos países, lo que afectaría a cerca de 300,000 personas de las Américas. Además de los hondureños, en este momento el TPS beneficia también a salvadoreños, haitianos y a nicaragüenses, entre otros.

El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, ha exhortado al gobierno de Trump a que mantenga el TPS para los hondureños “honestos y trabajadores” que viven en Estados Unidos. Se espera que Washington tome una decisión a principios de noviembre, 60 días antes de que expire el TPS en vigor, el 5 de enero.

Políticamente, la decisión de si permite a los migrantes mantenerse en Estados Unidos protegidos por el TPS pudiera resultar problemática para Trump. Desde su campaña, prometió acabar con la inmigración ilegal, pero en junio el gobierno prometió respaldar a países centroamericanos en vías de desarrollo durante una conferencia de dos días en Miami. El presidente hondureño aprovechó la ocasión para cabildear a favor del TPS y se reunió con líderes hondureños que residen en varias partes de Estados Unidos.

Honduras no está preparada para recibir a tantas personas, dijeron tanto funcionarios como ciudadanos en general, y la falta de oportunidades en el país incluso pudiera hacer que algunos regresaran a Estados Unidos ilegalmente. La economía de Honduras está dominada por la agricultura, y el ministro de ese sector, Jacobo Paz, dijo que a pesar de programas gubernamentales para mejorar las prácticas agrícolas, ofrecer capacitación a miles de hondureños que regresen abrumaría la capacidad del país.

Sin empleos, algunos de los hondureños recién llegados comenzarían otra vez a pensar en irse de nuevo a Estados Unidos, agregó.

Honduras es un país plagado por la corrupción y su endeble democracia todavía se recupera del golpe de Estado en el 2009 que derrocó al presidente Manuel Zelaya, que provocó una crisis constitucional. El golpe militar fue aprobado por la Corte Suprema, lo que detuvo el lento progreso democrático de Honduras.

Una ola de decenas de miles de personas que llevan muchos años sin vivir en su país pudiera resultar una carga demasiado grande para un sistema que lleva años batallando por alimentar a su población, crear empleos, impulsar el desarrollo económico y controla la violencia de las pandillas y las drogas. Más de 60 por ciento de la población vive por debajo del límite de pobreza.

El gobierno, reconociendo la necesidad de capacitación agrícola para crear más empleos, ha creado programas, entre ellos un centro de instrucción en Comayagua, en la zona central del país, donde especialistas israelíes en irrigación enseñan a los hondureños métodos efectivos.

Pero incluso con esta capacitación, dijo Paz, el gobierno encara un reto difícil porque quizás sea difícil convencer a la gente de que su futuro está en la agricultura. A medida que los precios de las dos exportaciones tradicionales del país —café y bananas— siguen bajando, a la población se la ha dificultado ganarse la vida en el campo. El cambios climático y la sequía en el llamado Corredor Seco, donde vive el 92 por ciento de la población, también ha dañado grandemente las labores agrícolas.

Y muchos de los que regresen de Estados Unidos tal vez no quieran aprender lo necesario para ser un agricultor exitoso.

“Muchos de los emigrantes que regresan no quieren ir a zonas rurales. Quieren quedarse en las ciudades”, apuntó Paz.

En Tegucigalpa, la capital de Honduras, con una población de poco más de un millón de habitantes, también preocupa que los que regresen no puedan ganarse la vida. Los hondureños dicen que no entienden por qué Estados Unidos EUU sacaría del país a ciudadanos que han trabajado y pagado impuestos durante casi dos décadas.

“Lo más lógico que Estados Unidos, puede hacer es dar a estas personas la ciudadanía”, dijo el hondureño Carlos Rubio. “No entienden que van a causar un problema en lugar de solucionarlo”.


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