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La discriminación acecha a los latinos en EEUU

Elnuevoherald.com. Desde Miami. | 3 de Enero de 2008 a las 00:00
Casi todos los que pertenecemos a una minoría nos hemos sentido discriminados alguna vez. A veces son percepciones genuinas, otras simplemente un poco de complejo, pero en ambas instancias despiertan emociones negativas que pueden afectar nuestra calidad de vida. Los latinos en el sur de la Florida y en el resto de Estados Unidos lo hemos experimentado desde que el debate nacional sobre la frustrada reforma inmigratoria, así como las drásticas medidas tomadas por el gobierno para afrontar la presencia de los indocumentados, nos puso en la mirilla de la intolerancia. Esa percepción la comparte más de la mitad de los 47 millones de latinos, tanto legales como indocumentados, que integramos la minoría más cuantiosa del país, según una investigación divulgada recientemente que realizó el respetado Centro Latino Pew, de Washington, D.C. Las consecuencias inmediatas: más dificultad para encontrar trabajo o vivienda, mayor probabilidad de que se exija presentar documentos para comprobar el estatus inmigratorio, y menos posibilidad de usar un servicio del gobierno. Por supuesto que la discriminación la perciben más los latinos nacidos en el extranjero y aquéllos que se valen predominantemente del español como lengua primaria en vez del inglés. En el estudio, el 64 por ciento de los 2,000 entrevistados afirmó que la discriminación es un problema enorme en las escuelas y el 58 por ciento respondió lo mismo acerca del lugar de trabajo. No son sorprendentes los resultados. Este gobierno ha acentuado las medidas punitivas y restrictivas como la aceleración de deportaciones, 300,000 en el año fiscal 2007, un 84 por ciento de incremento frente al 2002; las temidas redadas en los sitios de trabajo, así como las prohibiciones para acceder a servicios públicos como las licencias de conducir. Dado que la mayoría de los indocumentados en el país es latina, habrá quienes asocien las imágenes de los noticieros --y los mensajes perniciosos de algunos sectores del gobierno-- con el latino en general. Esta percepción podría ser la causante de que, según estadísticas del sondeo, el 41 por ciento de los latinos dice haber sido objeto de discriminación. ''La multitud que está en contra de los inmigrantes indocumentados quisiera que creyéramos que honra y admira a los inmigrantes legales, cuando de hecho está haciendo de Estados Unidos un lugar menos hospitalario para ellos'', afirmó en un editorial reciente el diario The Washington Post. Ese es el precio del proceso inmigratorio a través de la historia, en el que los pueblos movilizados pueden sufrir segregación y rechazo por parte de los autóctonos del lugar. Claro que en Estados Unidos, forjada como una nación de inmigrantes, uno esperaría una reacción más progresista. ''Estamos regresando a la época del Mariel, cuando hubo una reacción enorme que trajo como consecuencia un movimiento de protesta contra el uso del español'', opinó Osvaldo Soto, el presidente de la Liga Latinoamericana contra la Discriminación (SALAD) de Miami. ``No es un problema demócrata o republicano; es un problema político''. Seguidamente, el activista vaticinó: ``Se avecinan divisiones''. Su razonamiento no es descabellado. De hecho, el Congreso estudia invalidar las regulaciones implementadas hace más de tres décadas que prohíben discriminar a un empleado por hablar un idioma que no sea el inglés. Esas llamas de xenofobia, que en un futuro podrían venir acompañadas por persecución y violencia, deben ser apagadas con urgencia.

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