Escúchenos en línea

Río grande: el cruce cuzcatleco

Adriana Valle, diario La Prensa Gráfica, de El Salvador. | 10 de Agosto de 2006 a las 00:00
El Valle del Río Grande es la zona de la frontera méxico-estadounidense en donde la Patrulla Fronteriza detiene a más inmigrantes. En los últimos 10 meses, 25 mil 717 salvadoreños han sido arrestados en este sector de Texas. A principios de julio, los connacionales se entregaban a las autoridades, que la mayoría de veces los dejaba libres con una notificación para ir a corte. • Para 2007, el ICE tendrá 70 equipos dedicados al arresto de los 597 mil extranjeros fugitivos que se encuentran en EUA. Los primeros en la lista son los que han cometido delitos graves en ese país. • 35,746 salvadoreños detenidos desde octubre de 2005 al 30 de junio de 2006 en la frontera de los Estados Unidos. • 39,307 salvadoreños fueron arrestados por la Patrulla Fronteriza durante el año fiscal 2005. • Las personas que den trabajo a indocumentados enfrentarán cargos federales, que pueden culminar en una multa de $250 mil y sentencia de hasta 10 años de prisión, informó el vocero del ICE. Con la ampliación de los centros de detención de inmigración en la zona, la práctica ha sido abolida. Ahora, cuando hay una mayor vigilancia, las autoridades de los Estados Unidos buscan deportar lo más rápido posible a quien ingrese de forma ilegal en su territorio. Desde torres de vigilancia, revisando luces o en labores administrativas, la Guardia Nacional contribuye a sellar la frontera. El Valle del Río Grande es la zona de la frontera méxico-estadounidense en donde la Patrulla Fronteriza detiene a más inmigrantes. En los últimos 10 meses, 25 mil 717 salvadoreños han sido arrestados en este sector de Texas. A principios de julio, los connacionales se entregaban a las autoridades, que la mayoría de veces los dejaba libres con una notificación para ir a corte. Con la ampliación de los centros de detención de inmigración en la zona, la práctica ha sido abolida. Ahora, cuando hay una mayor vigilancia, las autoridades de los Estados Unidos buscan deportar lo más rápido posible a quien ingrese de forma ilegal en su territorio. Desde torres de vigilancia, revisando luces o en labores administrativas, la Guardia Nacional contribuye a sellar la frontera. Sus 2 mil kilómetros en el borde del estado de Texas convierten el río, llamado Bravo al sur y Grande al norte, en la frontera natural más grande entre los Estados Unidos y México. A diario, cientos de personas lo cruzan a nado o en balsas en un intento por ingresar de forma indocumentada "al norte". Por ahora, no hay cercas, ni muros, aunque el Senado ya aprobó la construcción de una barrera con tres cercas que se supone estará terminada en 2007. Por lo pronto, con cámaras, sensores de movimiento y patrullajes por tierra, agua y aire, las autoridades estadounidenses buscan frenar el tráfico de inmigrantes y de drogas. Buena parte de los que cruzan el río son detenidos en Texas y, hasta el mes pasado, un grupo específico, el de los salvadoreños, se entregaba a la patrulla fronteriza de forma voluntaria. "Los coyotes nos dijeron que nos entregáramos a la migra, que nos iban a dar un permiso", afirma Dagoberto de Jesús Chacón, de 18 años, que cruzó el Río Grande en una balsa el 13 de julio. Hasta principios de ese mes, decenas de salvadoreños se entregaban de forma voluntaria a la Patrulla Fronteriza a sabiendas de que quedarían libres y les entregarían una notificación para comparecer ante una corte de inmigración. "Había días que grupos de 30 o 40 salvadoreños se entregaban", asegura José Guzmán, supervisor de la Patrulla Fronteriza en McAllen, en Texas. Tras su arresto, al ser procesados por la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Harlingen, la mayoría de los cuscatlecos recobraba la libertad con una notificación para comparecer ante la corte de inmigración de esa localidad. El motivo: no había suficiente espacio en los centros de detención para retenerlos, explica Michael Watkins, subdirector de la oficina de Detención y Remoción (DRO) para el sector del Valle del Río Grande. El 97% de los inmigrantes no se presentaba a la audiencia y se quedaba de forma ilegal en los Estados Unidos, agrega Marc Raimondi, vocero nacional de ICE. Pero Chacón no tuvo la misma suerte. "Nos dijeron los de inmigración que los permisos se habían acabado", narra el joven oriundo de El Paisnal, que viajaba con otras siete personas y se dirigía a Boston, en donde radica su hermano. Por el viaje desde El Salvador pagó $6 mil. Se decidió a emigrar porque su novia está embarazada y quería darle una mejor vida a su futuro hijo. A pesar del arresto, su motivación prevalece. "Lo intentaría de nuevo", dice desde el centro de detención de Puerto Isabel. Desde mediados de julio, el ICE ya no libera a los salvadoreños. "El arresto y la liberación terminaron. Ahora la práctica será de arresto y retorno", explica Raimondi. Lynne M. Underdown, jefa de la patrulla fronteriza en el Valle del Río Grande, enfatiza la afirmación. "Van a ser detenidos y van a ser enviados a su país de origen, no van a ser liberados." Durante las primeras dos semanas en que se aplicó la medida, 427 salvadoreños fueron enviados al centro de detención, dijo Watkins. El sector del Valle del Río Grande, que cubre 514 kilómetros de frontera, es donde la Patrulla Fronteriza ha detenido la mayor cantidad de salvadoreños en los últimos 10 meses: 25 mil 717. A lo largo de toda la frontera de los Estados Unidos, casi 36 mil cuscatlecos han sido arrestados en lo que va del año fiscal 2006. Buena parte recobró la libertad, ya que de enero a mediados de julio, el Gobierno estadounidense ha deportado solo a 5 mil 623 connacionales. Con la nueva política, si el flujo de inmigrantes y el número de aprehensiones se mantienen, las deportaciones podrían aumentar de forma considerable. Intensa vigilancia En el parque estatal Chimney, al que acuden los amantes de las mariposas, el río mide cerca de 90 metros de ancho y unos 15 metros de profundidad. Acompañados de seis agentes de la Patrulla Fronteriza armados y con sofisticados chalecos salvavidas, LA PRENSA GRÁFICA recorrió en lancha la zona cercana a Reynosa, en México, principal punto de cruce. "Esta es la recámara", dice Vicente Rodríguez, vocero de la patrulla, al señalar un grupo de altos arbustos junto a una vereda; ahí, los que logran cruzar a nado el río se ponen la ropa seca que llevan dentro de grandes bolsas negras. Más arriba, dos tubos de llantas señalan otro punto de cruce. Del lado mexicano dos personas en la orilla del río se alejan al ver las estables lanchas, que pueden alcanzar los 60 kilómetros por hora. "Parte del trabajo es prevenir que crucen", dice Rodríguez, y explica que cuando encuentran personas que intentan cruzar los agentes en lancha permanecen en el lugar hasta que estos desisten. Es mediodía y no hay nadie en el agua. Un vehículo todoterreno llega a otro punto de cruce, cerca de Hidalgo, en Texas. Cientos de bolsas negras, una por cada inmigrante, son vestigios del paso ilegal del río. Cartas, tarjetas de teléfono celular y ropa interior también yacen en el lugar. Unos sobres de bismuto compuesto y una tarjeta de propaganda política confirman que por ahí han pasado salvadoreños. En el camino polvoso, que una patrulla limpia dos veces al día arrastrando varias llantas, se registran, además de los pasos de los inmigrantes, las huellas de las serpientes que habitan en la ribera. "Hay cascabeles", dice Roy Cervantes, vocero de la patrulla. Unos kilómetros más al sur está "el rincón del diablo", un pequeño claro en la ribera en donde en los últimos meses se han reportado numerosos asaltos y 13 violaciones. La mayoría de víctimas son mujeres centroamericanas. En otro punto, un grupo de guías acostados debajo de un árbol espera en el lado mexicano a que les lleguen clientes. Uno de ellos nada en el río. Más tarde, en la estación de McAllen, estadounidense toman los datos a cinco mexicanos que en pocas horas serán deportados. Salvadoreños ya no llegan tantos, según Bobby Martínez, encargado de la estación. "Hace unas semanas procesábamos 70 diarios", agrega, pero desde que comenzaron a mandarlos a los centros de detención el flujo ha bajado. En una calle de polvo, a la par de un canal de riego y cultivos de caña de azúcar, hay dos torres hidráulicas de vigilancia. Soldados de la Guardia Nacional, de los 150 desplegados en este sector, se encargan de avistar a los grupos de inmigrantes que se aprestan a cruzar. A pocos metros está el puente que une a Reynosa, en México, con McAllen, en Texas. A las 8 de la noche, potentes reflectores alumbran los campos. "Hay un grupo de ocho personas", escucha una hora más tarde en su radio el supervisor Guzmán, encargado de la vigilancia nocturna en la estación de McAllen. Una mujer con siete meses de embarazo y un hombre fueron arrestados por un agente de la Patrulla Fronteriza en la vereda frente a una de las torres de vigilancia. Los soldados siguen con cámaras de visión nocturna el movimiento del grupo que ya cruzó el río. "Aquí los vamos a esperar", dice Guzmán. Si ingresan a la vereda, los inmigrantes podrían lanzarse al río para intentar regresar a México. A las 10, otra patrulla aparece con otros dos mexicanos. Uno era el guía, asegura el agente que regresa a la estación. Un sensor cerca de los cultivos. Los perros ladran. Tres patrullas rodean la zona y buscan entre la caña a los inmigrantes, manchas blancas en los visores nocturnos. En las estaciones de buses, aeropuertos y carreteras otros agentes buscan a los que lograron llegar un poco más lejos. Al mismo tiempo, en todos los Estados Unidos, equipos del ICE buscan a los 597 mil fugitivos extranjeros, dice Raimondi. También habrá acciones contra los que empleen a indocumentados, que se calcula son unos 12 millones. "Sabemos que no vamos a arreglar el problema (de la inmigración ilegal) en una noche, pero lo vamos a arreglar", concluye Raimondi.

Descarga la aplicación

en google play en google play