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En Palomas les cortan el vuelo: la caída de una ciudad que fue nido de indocumentados

Agencia AP. Desde Palomas, México. | 10 de Agosto de 2006 a las 00:00
Junto a la plaza de la ciudad fronteriza de Palomas, cuatro autobuses escolares vacíos aguardan a los pasajeros para llevarlos donde resulte más fácil intentar el cruce a territorio estadounidense. Un grupo de indocumentados es procesado en una celda de la estación fronteriza de Deming, N.M. La llegada de la Guardia Nacional al área ha producido menos capturas de inmigrantes. Las autoridades suponen que cada vez menos personas tratan de llegar a EU por ese sector. Palomas empezó a surgir como plataforma de los contrabandistas de inmigrantes ("coyotes") hace cinco años, cuando el endurecimiento de la vigilancia en Arizona hizo que buena parte del flujo de inmigrantes se dirigiera a un tramo desértico en el sudoeste de Nuevo México. Pero el papel de la ciudad como punto de reunión de coyotes e inmigrantes ha disminuido. El refuerzo de la Patrulla Fronteriza estadounidense, las cámaras de vigilancia, las barreras y la presencia de la Guardia Nacional ha desviado la mayor parte del flujo migratorio de esta ciudad vecina a Columbus, el punto de cruce más activo de Nuevo México. "Todavía siguen cruzando, pero es difícil que se salgan con la suya", dijo Francisco Molina Arreaola, un conductor cuyo autobús polvoriento no tenía ningún pasajero. Dijo que el refuerzo de la seguridad fronteriza había reducido su clientela en más de la mitad, aun mientras otros sitios al oeste de Columbus se han hecho más populares. El cambio es parte de una tendencia notable de los últimos años: el refuerzo en un sector de la frontera envía a los inmigrantes y coyotes a otros sitios, de modo que la dinámica siempre es cambiante. Aunque el tráfico en Columbus se ha reducido, las autoridades dicen que el tráfico de inmigrantes sigue aumentando en sectores fronterizos cercanos. No hay cifras actuales de arrestos de inmigrantes en Nuevo México, pero se han hecho más de 39,000 arrestos desde el 1 de octubre en un tramo de 55 millas (87 km) de frontera que incluye Columbus. Es un aumento del 13 por ciento respecto del periodo del 2005. Es demasiado pronto como para localizar el desplazamiento del flujo migratorio cerca de Columbus o para entender a fondo la reacción de los coyotes, pero se supone que los indocumentados cruzarán por un sector desértico aún más remoto. "No están seguros sobre qué hacer", dijo de los coyotes el agente fronterizo Chris Mangusing. "O se inventan algo nuevo o se retirarán de la zona". Hasta hace pocas semanas, los agentes hacían de 200 a 300 arrestos de inmigrantes por día en la sección de 55 millas (87 km) cerca de Columbus. En las últimas semanas, los arrestos han bajado hasta unas 30 detenciones diarias, aunque se cree que el número volverá a aumentar una vez que los coyotes inventen algo nuevo. Guardia Nacional parece rendir frutos Mientras la Patrulla Fronteriza ha duplicado el número de efectivos en esa zona en los dos últimos años, algunos funcionarios dijeron que la disminución en los cruces se produjo después que los soldados de la Guardia Nacional empezaron a llegar a la frontera en Nuevo México como parte del nuevo plan fronterizo del gobierno estadounidense. Los soldados instalaron varios kilómetros de barreras entre los caminos que unen a Columbus con Palomas. Los militares también operan cámaras remotas conectadas a monitores de video con los que divisan el movimiento a través de vastos tramos del desierto. A un kilómetro y medio de la frontera, la Guardia Nacional tiene torres móviles de observación de seis metros a lo alto de colinas. Los soldados usan binoculares y vigilan los autobuses de Palomas que transportan pasajeros al oeste a otros dos cruces fronterizos: Las Palmas y Las Chepas. Como los soldados han asumido tareas de la Patrulla Fronteriza, más agentes fronterizos han salido a recorrer el desierto. Bill Johnson, un agricultor que vive 20 millas (32 km) al oeste de Columbus, dijo que los refuerzos recientes le han dado algún alivio, pero que sus frustraciones han llegado al extremo de considerar vender la finca de 40,000 hectáreas que tiene su familia desde 1918. En su trayecto de tres días desde la frontera hasta la carretera interestatal 10, los grupos de inmigrantes dejan su rastro de botellas de agua, recipientes de alimentos y mochilas. También rompen cercas, dañan tanques de agua para el ganado y abren senderos en medio de los arbustos. En un caso el año pasado, Johnson dijo que un grupo de inmigrantes que atravesó su propiedad pasó por un campo de cebollas y causó pérdidas por cerca de 10,000 dólares. "Ha llegado al punto que si alguien me dijera que quiere hacerse cargo, hablaría decididamente con él, mientras que hace diez años habría respondido que no tenía interés", dijo Johnson. Del otro lado de la frontera, Eliseo Hernández González dijo que la gente que intentaba cruzar la frontera ilegalmente solía comprar hasta 15 mochilas diarias en el comercio de su familia en Palomas, a fin de llevar sus alimentos, agua y ropa. Hoy, la tienda vende cuatro mochilas en un día. "No hay mucha gente a causa de los soldados que pusieron en la frontera", dijo Hernández. Pero Manuel Hernández, un yesero, dijo que estaba dispuesto a intentar el cruce partiendo desde Palomas. Se propone dirigirse a Tampa, Fla., donde espera ganar 10 dólares la hora, en comparación con 15 dólares diarios en Tuzantla, su pueblo natal en Michoacán. Está aguardando el momento adecuado para cruzar. "Cuando no estén mirando con los binoculares, iremos", afirmó.

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