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Electorado de EEUU quiere solución al tema de la inmigración

Los Ángeles Times. Desde Los Ángeles. | 9 de Enero de 2008 a las 00:00
Las elecciones primarias presidenciales apenas comienzan y los resultados en ambos partidos están por verse. Pero aunque algunos expertos digan lo contrario, los efectos del tema de la inmigración en las votaciones no pueden darse por hecho. Esos expertos dicen que el público es antiinmigrante. Argumentan que millones de personas votarán con base en su enojo por la falta de leyes duras para controlar la inmigración. Dicen también que la única reforma inmigratoria que los estadounidenses aceptarán es la que esté alineada con la que propone el representante estatal de Colorado Tom Tancredo y el conductor de la cadena CNN Lou Dobbs: una que esté diseñada para sacar a millones de extranjeros de Estados Unidos. El único problema es que esos expertos están equivocados. La situación no es blanco y negro. Cierto, el número de inmigrantes ha crecido. También es verdad que la inseguridad económica puede agravar el sentimiento antiinmigrante. Y no hay duda que los candidatos a la presidencia, incluidos los demócratas, han pasado meses inflamando la ira electoral. Pero eso no significa, como algunos expertos sugieren, que el público va a terminar votando con base en el tema de la inmigración, y sería un error concluir que los estadounidenses se oponen a la reforma inmigratoria. Las encuestas son muy consistentes. Invariablemente, un 20 a un 25 por ciento de los electores es antiinmigrante con un marcado resentimiento: están decididos a cerrar fronteras y deportar a los indocumentados. Aunque son una minoría, estos xenófobos son ruidosos y apasionados; llaman a los programas radiales, se presentan en las reuniones de los ayuntamientos, escriben a sus representantes y dominan el debate. Por otro lado, de un 15 a un 20 por ciento de los votantes simpatiza con los inmigrantes, pero estos electores no son ni expresivos ni impetuosos. La mayoría de los electores, el 60 por ciento, está ambivalente y ansiosa sobre el tema, aunque también está dispuesta a llegar a un arreglo pragmático con los 12 millones de indocumentados que viven en el país. Cualquiera que sean sus sentimientos, dicha mayoría quiere que los políticos resuelvan el problema. Quiere que las fronteras sean seguras, que los inmigrantes entren al país legalmente y quieren restaurar el orden. Y la primavera pasada, mientras el Congreso debatía una reforma que atendiera estas preocupaciones, la gran mayoría del público la apoyó. Pero ahora, ni los demócratas ni los republicanos están ofreciendo soluciones. Lo que hacen, cada cual en un lenguaje más incendiario y provocativo, es denunciar los beneficios que existen para los indocumentados: licencias de conducir, colegiatura universitaria costeable y servicios públicos. Y ahora, al ambivalente 60 por ciento no le gusta la idea de permitir que los indocumentados tengan acceso a algunos servicios. El mismo elector que hace seis meses estaba a favor de la reforma, ahora está molesto con lo que ve como obsequios a indocumentados. Lo que no sabemos es si los electores premiarán a los candidatos por el tono antiinmigrante de sus campañas. En el pasado, no fue así. En 2006, durante las elecciones legislativas, la retórica antiinmigrante decepcionó a los electores. Este año podría ser diferente: la ansiedad de los electores está creciendo, pero las encuestas muestran a un público aún deseoso de una solución y, si acaso, decepcionado por la demagogia antiinmigrante de los candidatos. Según una encuesta del diario The Washington Post y la cadena de televisión ABC, los electores están perdiendo la confianza en la capacidad de los demócratas y los republicanos para atender el tema. Y una mayoría sigue a favor de llegar a un arreglo que combine vigilancia y control más estrictos con respuestas prácticas para los indocumentados que ya están en este país. Una encuesta de Los Angeles Times y Bloomberg Televisión encontró en noviembre que la opinión ha cambiado poco: 63 por ciento de los demócratas, 64 por ciento de los republicanos y 57 por ciento de los independientes favorecen permitir a los indocumentados iniciar su proceso hacia la ciudadanía una vez que cumplan varios requisitos, paguen una multa y aprendan inglés. ¿Hay algún candidato en estas elecciones que escuche a estos electores? Parece que no. Ningún candidato ofrece algo parecido. Eso requeriría liderazgo y una voluntad para ver más allá de lo que muchos dicen. Tamar Jacoby es asociada del Manhattan Institute, que investiga la cultura política en EE.UU.

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