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Contrastan estadísticas sobre inmigración en frontera entre EEUU y México

Ciudad de México. Agencias | 1 de Marzo de 2018 a las 15:54

Los datos publicados por el Departamento de Seguridad Nacional, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y el Servicio de Inmigracion y Control de Aduanas (ICE), referidos al año 2017, muestran cómo la situación ha cambiado con respecto al año pasado y al Gobierno precedente de Barack Obama. Si, por un lado, disminuyeron las detenciones de inmigrantes, por otro, se incrementó el número de niños arrestados que viajaban solos y el de los detenidos que viajaban con su propia familia.

¿Pero cómo tenemos que evaluar estos datos? ¿Son la imagen de la victoria de la mentalidad cerrada y discriminatoria de Donald Trump o tienen un sentido más profundo?

Gracias a los varios datos publicados por las agencias nombradas anteriormente, podemos constatar que –por un lado– desde la llegada a la Presidencia de EEUU de Donald Trump inició el llamado "fenómeno Trump", por lo cual las cifras de llegadas clandestinas han venido descendiendo significativamente; sin embargo, por otro, se registra un aumento del número de niños y de familias detenidas. Personalmente, me parece justo y objetivo analizar más profundamente estos datos, que muestran cómo la gran mayoría de los arrestados proviene del llamado Triángulo Norte de Centroamérica -o sea, Guatemala, Honduras y El Salvador-, países históricamente pobres y poco desarrollados desde el punto de vista económico. Además, en los utimos años, dentro de este Triángulo ha venido creciendo el número de asesinatos y de muertos a manos de bandas y organizaciones criminales, como muestra el reportaje de International Crisis Group (ICG).

Gracias a estos factores diferentes podemos comprender y reflexionar sobre el porqué ha aumentado el número de niños que viajan solos y el de los individuos que lo hacen junto con su familia, muy probablemente exasperados por la situación extrema y desesperada en la que tenían que vivir en sus países de origen. En mi opinión, para resolver estos graves problemas de inmigración y emigración, que afectan a la globalid del planeta de diferente forma y no solo a la frontera entre EEUU y México, tenemos que sensibilizar a los países más ricos y a las organizaciones mundiales para desenredar la madeja: por un lado, ayudando a los países con dificultades económicas y sociales para que consigan mejorar su calidad de vida y, por otro, combatiendo a las organizaciones criminales, sin limitarse a construir y financiar proyectos para alzar muros inútiles y demasiado caros que, al final, no resuelven la causa raíz del problema.

La inmigración: ¿drama sin remedio?

Washington. Agencias

Cada día estamos bombardeados por noticias sobre migrantes que enfrentan viajes muy peligrosos hacia países de primer mundo, travesías que casi siempre acaban en catástrofe. ¿Cómo puede un fenómeno tan impresionante seguir sin solución? ¿Cómo podemos permanecer indiferentes ante niños y mujeres desesperados, en busca de una vida mejor?

Las autoridades políticas parecen preocuparse del asunto en cuanto ocurre, es decir, proporcionando ayuda y socorro inmediatos. Se aprestan viviendas de emergencia, alimentos, ropa, medicamentos, apoyo psicológico€Todo el mundo les echa una mano como puede. Sin embargo, ¿qué le pasa a esta gente después de la llegada? ¿Cómo se podría evitar que esta corriente humana siga navegando en aguas turbias? Algunos países están a favor de la integración e incorporan a los inmigrantes en su propio entorno dándoles la posibilidad de encontrar trabajo y de tener una vida mejor, con los mismos derechos que los demás ciudadanos nativos. No obstante, es posible registrar, en este caso, una frecuente reacción negativa hacia colectivos extranjeros: la mayoría de los autóctonos se queja de la excesiva presencia de inmigrantes en su pueblo o ciudad y acaba identificándolos como a los responsables de lo que no funciona. A este punto me pregunto: ¿es posible que -al final- los inmigrantes sean la causa de todos los desórdenes sociales - violencia, robos, falta de empleo€- y que sean solo ellos los culpables? Para otros países, en cambio, la solución definitiva es la de bloquear a esta gente antes de que logre alcanzar cualquier frontera e impedirle así la llegada: se trata de una política de mano dura, la misma adoptada por el presidente Trump, quien dispuso construir nuevas murallas para poner en práctica solo medidas restrictivas y detener así la avalancha migratoria. A dicho respecto, ¿quién no ha visto las fotos inquietantes de la enorme barrera construida entre México y Estados Unidos? En todo caso, al fin y al cabo, la historia parece seguir adelante igualmente y si un muro se crea, otro se destruye. Por último, ¿cuál sería, de verdad, la solución más humana y concretamente realizable?

Personalmente, pienso que si bien -por un lado- se les debería dar una posibilidad a los inmigrantes para que no vuelvan a esos lugares de donde han huido, por otro, ellos tendrían que estarles agradecidos a los países de acogida y sobre todo tener respeto al nuevo entorno. En todo el mundo hay reglas y un orden establecidos: una buena conducta es indispensable para una convivencia social serena y pacífica. ¿Todo esto se va a realizar de verdad o seguirá siendo una utopía?

Alessia Ozzano, Gavazzana (Alessandria, Italia).


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